viernes, octubre 28, 2011

ROJO RELATIVO Historia 16




Así aparece Rezo en el Anime X3 Más que un sacerdote o un monje parece un cardenal pero molan mucho sus ropas, son muy distinguidas ^^ A lapiz y coloreado, espero que os guste ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Christine y Erik son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss Whoa Back Off
Ferrissian DiCaillum es personaje original de QP/Diana
Themis Ulcies es personaje original de RagnaBlast
Los demás personajes que pueden surgir en el FanFic son cosa mía y si no lo son, os lo hare saber ^^
La historia se cuenta en primera persona. Según Rezo, según Zelgadiss, según ambos o según otro personaje, de los relevantes
Esta historia surge de algo que AmberPalette comentaba en uno de sus alucinantes dibujos. En uno de los último capitulos del anime Evo-R de Slayers, Xelloss y Rezo tienen un encuentro y pa mí, por el modo en que se dirige el uno al otro y viceversa, esos dos se conocían de antes... Pero a lo mejor no tanto, bueno, yo he querido escribir un posible encuentro anterior. A Sylvestrix también se le ocurrió pero mi historia no tiene nada que ver LoL (No me copio ><)

FanFic Slayers
Rojo Relativo - El monjecillo travieso

-¡Vaya! ¿Se puede saber que hace un erudito vestido de rojo entre tantos bandidos? -Exclamó una voz frente a mí. -¡Parece uno de esos chistes faciles que tanto le gusta contar a los guardias! -Añadió con voz encantadora pero maliciosa.
Como aún seguía algo aturdido por los golpes que me habían arreado antes de ir a parar aquí, a lo que pude figurarme sería una oscura y sucia mazmorra o celda, no le ofrecí palabra alguna.
-Es que hacía tiempo que no veía por aquí a alguien tán interesante. -Continuaría hablandome como si quisiese ser mi amigo pero cargado de malicia hasta que alguien, uno de los sinverguenzas con los que tendría que pasar, sepa Ceipheid, varias noches, le soltó:
-¡Le dijo el monje al otro monje! -
Y todos excepto nosotros dos se echaron a reir a carcajadas. Aquello me dejaría perplejo, no creía encontrar a alguien así en un lugar como ese. Incorporandome con esfuerzo, todavía un poco magullado y la cabeza dandome la lata, con un dolor palpitante, intenté saber de quién se trataba.
-¿Es cierto que sois un erudito? -Le pregunte como si tratase con un igual, claro que debido a mi ceguera nunca lo seriamos completamente. El sonido de sus ropas al arrugarse me señaló que se había encogido de hombros y el suave sonido que produjeron sus cabellos al moverse al son de su cabeza, me indicó que habría ladeado la cabeza sin decir palabra, como lo haría un mimo. Insistí:
-¿Sois o no sois un erudito, un estudioso, un monje? -
-¿Acaso no podeís verlo? -Respondió muy consciente de que era ciego, seguramente, para ofenderme, como habrían hecho tantos otros.
-¡Es ciego idiota! -Le hizo saber otro de los bandidos a gritos -¡O sea, todavía más inútil que tú! -
Todos volvieron a reir sonoramente pero pude percibir o eso pensaría en aquel instante que a aquel monje no le agradó que le consideraran un inútil. Sus musculos se tensaron y destensaron emitiendo una especie de click como si una cerradura hubiese sido abierta o cerrada pero sin perder esa voz encantadora y animada, le dijo, poniendose a su lado de un modo que no logré adivinar:
-Brutus es tán ingenioso ¿verdad, Rezo? Qué pena que su papaito no piense igual que nosotros. -
Mientras lo decía un desagradable sonido acalló las carcajadas, me recordaba al quebrar de huesos, un apretar de dientes le acompañaba. Aunque eran tipos muy duros, que habría aguantado toda clase de abusos por parte de sus padres, sin sentir respeto por nadie o por nada excepto el oro, aquel monje sabía tenerlos a raya. Con voz suave, como la que pondría una madre trás haber castigado a su pequeño, le dijo:
-Brutus, ¿a qué no hará falta recordarte después de esto que no hay que interrumpir a los hombres con más cerebro que tú? -
-¡No! -Gritó a punto de echarse a llorar como llevado por un gran miedo y dolor.
-Me alegro. -Le respondería el monje golpeando su cabeza contra la pared de frias y desiguales ladrillos de piedra antes de regresar a mi lado.
-¿Por dónde ibamos? -Preguntó hacíendose el desorientado. -¡Ah ya! Pues respondiendo a tu pregunta, sí, soy un monje pero no fue algo que yo eligiera. ¿Te gustaría saber algo más? -
-¿Cómo sabes quién soy si jamás nos hemos encontrado antes? -
-Buena pregunta... Es más sencillo de lo que parece, vuestras obras son tán conocidas como el nombre que os ha dado la gente, Monje rojo. -Me respondería pero en voz muy baja, tán baja que apenas parecía un susurro. -Es que Rezo es un nombre como que muy de monje ¿no? -Diría a continuación en voz alta.
Hablar con él era como hablar con un bufón, nunca sabias cuando iba en serio y cuando se estaba riendo en tu propia cara pero lo que me inquietaba era el modo en que se desplazaba, se movía sin que sus pies hiciesen ninguna clase de sonido sobre el suelo. Los demás le temían, no era un monje normal y corriente. Sin embargo, lo que yo sentía al tenerlo cerca no era ese miedo tán silencioso y predominante sino curiosidad, una curiosidad que crecía y crecía pues cada vez que trataba de saber su nombre o algo menos ambiguo sobre él, él con una voz burlona o traviesa exclamaba:
-¡Eso, mi querido Rezo, es un secreto! -
Y me dejaba sin saber que pensar, con una cara de incomprensión y fastidio notable porque o bien se volvía a burlar de mí o no quería compartir nada conmigo. Lo único que me hacía sonreir un poco, mal por mi parte, era que se comportase así no sólo conmigo, el monje ciego, también había mucha malicia o perversión para los bandidos o criminales que esperaban su veredicto en aquella celda. Yo lo consideré como un amigo, un amigo algo excentrico y gamberro hasta que un día ¿me traicionaría? Bueno bien pensado, proveniendo de un ser como él, no era de extrañar pero nadie me lo advirtió y caí en sus juegos como todos los demás.
-¡Cura a mis hombres! -Ordenaría con tono amenazante y malhumorado uno de los bandidos colocandose frente a mí.
-¿A qué os referis? -Pregunté fingiendo no saber que era capaz de curar, a lo que él respondería con tono más autoritario:
-¡El otro monje dice que puedes curar a la gente! ¡Cura a mis hombres de una jodida vez! -
-No, no lo haré a menos que empeceis a tratarme un poco mejor. -Me opusé tratando de ponerme en pie frente a él con el ceño fruncido pero el bandido insistiría por la fuerza y agarrandome me llevaría hasta aquellos que necesitaban de mi magía curativa.
La verdad es que estaban bastante heridos, por un momento, incluso me dieron bastante pena. Algunos de ellos eran realmente jovenes, me figuré que esas contusiones se las habría causado el otro monje, al que yo consideraba como un amigo. Nunca me había infligido tales golpes, por lo que por muy cruel que fuesen a veces sus palabras, era con el único con quien hablaba allí dentro. Me dejó frente a ellos como a un trapo viejo y les dijo:
-¡Veamos si es verdad lo que dice el otro monje! -
Suspire y me arremangandome las mangas de la tunica les pedí que se fuesen colocando de uno en uno frente a mí. Ellos obedecieron, algunos un poco asustados, otros, sencillamente, incredulos. Los incredulos me amenazaban soltando cosas como esta:
-¡Más te vale que sea verdad! O si no... -
Yo les decía sonriendo sin muchas ganas de hacerlo, por cortesía:
-Por favor, dejeme hacer lo que me ha exigido su jefe, cuanto antes lo haga, antes volveré a mí rincón. -
Aunque podría haberme puesto gallito. Bien pensado, con ese fornido jefe que tenían tán cerca de mí, no habría sido buena idea. Ellos se iban quitando las camisas o las botas para luego arremangarse los pantalones según la zona afectada. Ellos ni me pagarían ni me lo agradecerían pero al menos no me pegarían o se dirigirían a mí del mismo modo que lo hacían antes. Colocaba mis manos sobre ellos, recitaba el conjuro que consideraba adecuado y como un curandero cansado o cargado de tedio, les pedía que me confirmaran si su mal se había ido o no. Lo que hacía con sumo gusto para niños, hombres y mujeres o ancianos que aún podían ofrecer mucho a la sociedad con los bandidos o meleantes se convertía en un trabajo forzoso. No vería en ellos pizca de bondad o agradecimiento por ello sólo me requerían cuando el otro monje se las hacía pasar canutas. Y daba gracias a Ceiphied pues ya no era un monje inútil, sólo un monje.
-¿Quieres qué te de un consejo, Rezo? -Me soltó un día el monje cuyo nombre nunca me decía pero que uno de los bandidos solía creer que era Xelloss o algo parecido.
-No, no quiero nada que provenga de tí. -Le contesté sintiendo una profunda amargura.
-Qué dulces palabras. -Comentaría él como si quedase embriagado de algo que sólo el podía percibir. -Te lo daré de todos modos. ¿Nunca has pensado en aprender y ejercitar magía negra además de la blanca? A veces si uno quiere conseguir algo, debe valerse de otros metodos, aunque no sean del todo correctos. -
Y se marchó sin hacer ni un leve ruido, me dejo muy pensativo. Mil pensamientos cruzaron mi mente, algunos buenos, otros malos, pero si algunos otros hechiceros que había conocido usaban sus conocimientos de modo no tán correcto, perdiendo sus puestos en asociaciones de hechiceros, sin importarles, y habían conseguido cuando todo el mundo se lo negaba sus objetivos, ¿tán malo sería que yo hiciese algo parecido? Uno de ellos me dijo si quieres alcanzar el cielo antes tendrás que atravesar el infierno. Cúan acertadas me parecieron esas palabras. ¿Acaso no es verdad eso de que el fin justifica los medios?
-Rezo, Rezo, eres demasiado bueno para vivir en un mundo como este. -Se limitaba a decir el monje, Xelloss, meneando la cabeza más de una vez. -Todo el mundo te detesta, de un modo u otro, porque eres diferente, no encajas en las bases que han ido construyendo al formar esta sociedad. Y es por eso que deseas curar tus ojos. Un deseo egoista pero todos tenemos deseos egoistas. Te deseo suerte si lo consigues -
El sí veía la cara oculta del que sería considerado santo y sólo por eso, llegué a sentir algo de simpatía hacía él pero nunca me pondría de su parte porque él no se pondría de la mia. Tratar con demonios a la larga acaba mal.


Generalmente usare, como distintivo, el rojo cuando la historia sea contada por Rezo y el blanco si es contada por Zelgadiss u otro personaje. Para que no os lieis, Relativo rojo va en primera persona LoL

martes, septiembre 13, 2011

Slayers ROJO RELATIVO




Este es el dibujo más reciente que he hecho ^^ Espero que os guste porque me esforce muchísimo y lo hice todo con rotulador negro ^^ Rezo, el Monje Rojo, tal y como aparece en el manga X3


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Erik y Christine son personajes originales de Waterlillysquiggles y Miss Whoa Back Off.
Ferrissian DiCallium es personaje original de QP/Diana.
Los demás que puedan ir surgiendo son mios ^^
Esta historia es narrada en primera persona. A veces según Zelgadiss, otras según Rezo y otras según otro personaje, de los importantes. A veces hay dos perspectivas que se entrelazan.
Yo me voy basando, principalmente, en el anime y el manga pero algunos hechos son deducciones propias o me han ido viniendo inspirada por otros FanFics, de autores y fans de enorme talento.
A veces, puede que cuele alguna historecilla en plan fabula... Pero no siempre. Lo notareis porque esas si iran en tercera persona.

FanFic Slayers
Rojo Relativo - Los pecados del padre para el hijo

-¡Es hora de despertarse! -
Me informaría una aguda voz cerca, demasiado cerca de mis oidos, tán sorprendido como molesto, lo único que podría hacer sería ponerme boca arriba llevandome las manos a las orejas. De ese modo, mi chillona informadora caería dando un sonoro golpe contra el suelo. ¡Maldición! mascullaría dolorida tratando de ponerse en pie. Incorporandome, consciente de su presencia pero sin ser capaz de encontrarla entre la inmensa oscuridad que me rodeaba, a pesar de que el sol ya brillaba con fuerza a esas alturas de la mañana, preguntaría inseguro:
-¿Isabella? -
¿A quién más conocía que pudiese mostrar el atrevimiento de entrar en mi habitación para despertarme de ese modo? Por el momento y muy a mi pesar, ella era la única persona que se había empeñado en acompañarme. Antes de chocar con ella, iba solo, como bien podía. La voz con la que me contestó me confirmaba que se había enojado.
-¡Si, maestro Rezo, soy yo! ¿Quién demonios esperaba que fuese? -
-¿Y puedo saber a qué has venido? -Le pregunté, sin comprender sus buenos motivos. -Estaba durmiendo. -
-¿¡No es obvio!? -Contestó todavía disgustada. -Cumplía con mi deber como ayudante. -Añadió tratando de adoptar una imagen más apropiada.
Me dejó aún más confuso. Rascandome la cabeza dije:
-Pues esto parece más propio de una sirvienta. -
Mis palabras debieron de ofenderle mucho pues antes de salir de mi habitación, gritó:
-¡Y Yo que me había tomado la molestia de levantarme antes! ¡Pues Ud mismo! -
Sus pasos se alejaron y todo lo último que escuché fue un brusco y furioso portazo. Con las manos reposadas sobre el regazo, me dije a mí mismo que ya que estaba despierto debería salir de la cama, vestirme y marchar a la busqueda de algún medico o sabio que me examinase y me pudiese liberar de la oscuridad en la que llevaba moviendome desde que tenía uso de razón. Encontraría a Isabella sentada en el amplio comedor del hostal, si me vió entrar, sé que fingió no verme pues ninguna vocecilla femenina me indicó que tomase un asiento a su lado. Estaría esperando su desayuno con los morros torcidos. Me quedé sentado en una de las primeras mesas que pude identificar con mis dedos y esperé a que abriese la boca. Habíamos llegado juntos y juntos saldriamos del hostal.
-Veo que has optado por salir de la cama. ¡Me alegro! -Diría poniendo voz de indiferencia hacía mí mientras me sentaba a su lado.
-Oye... Sé que esta mañana he podido ofenderte pero ¿podrías perdonarme y dejar lo sucedido a un lado? -Le pedí tomando sus manos entre las mias. -A lo mejor es cierto que estabas cumpliendo correctamente con tu deber y yo ni lo sabía. -
Ella, que acababa de echarse a la boca un trozo de pan requemado a la boca, no debió de saber como actuar ante mi caballeroso modo de disculparme, apartando las manos, tragandose ese trozo reseco a toda prisa, trataría de exclamar:
-¡¿Pero qué dices?! -
Pero casi se me ahoga. Tuve que ayudarla a expulsarlo lo antes posible. Con su cabeza alzada sobre mi pecho, recobrando un poco de normalidad, trás una tos más serenada, murmuraría:
-En realidad, no debí despertarle tán a lo bruto, la que debería pedir disculpas debería ser yo... -
-Bueno, eso ahora da igual... -Le haría saber pasandole una mano cariñosamente por su frente, retirando algunos largos cabellos de sus ojos. -Hagamos como si no hubiese sucedido. -
Y eso hicimos. Tomamos una espesa leche en toscos tazones de ceramica y abandonamos el hostal. Nuestro equipaje no solía ser problema pues apenas llevabamos cosas más allá de las necesarias. Claro que Isabella cambió con mucho gusto sus sucias y descosidas ropas por otras un poco más limpias y de mejor calidad. Ningún ayudante o aprendiz mio irá a mí lado llevando arrapos le dije a Isabella. Isabella aceptó mi mandato con sumo gusto. No sé de que color pueden ser pero Isabella al verlas e ir poniendoselas me comentaría que eran unas tonalidades de uno de sus colores favoritos. Isabella, dueña y ama del único mapa que poseiamos, por el sencillo motivo de que podía verlo y leer las diversas direcciones, me indicaba euforica lo mucho o poco que nos quedaba para llegar hasta las ciudades de mayor importancia por los diferentes reinos que atravesabamos. Los pueblos o villas según ella no tenían que presentar gran importancia para mí pero yo le reprendia porque ella no era la única alma candida que podía necesitar ayuda.
-Además de vez en cuando conviene descansar un poco. -Le recomendaba pues yo a veces no lograba seguir sus vitales y ligeros pasos juveniles. Había momentos que parecía ser incapaz de detener sus pasos para, por lo menos, contemplar los bellos paísajes que seguro iríamos recorriendo. Por fortuna y porque se suponía que era yo el jefe, la energica Isabella se veía obligada a enlentecer el ritmo.
En uno de esos pueblecitos según Isabella "de paso" tendría un desagradable encuentro. Dando una vuelta por la plaza en la cúal se solían reunir como en todas las demás poblaciones los comerciantes para exponer sus más jugosas mercancias a esos pueblerinos mientras Isabella no sabía donde posar sus embelesados ojos ante tantas maravillas, traidas de todos los lugares, yo me concentraba más en mis cosas o en lo costoso que podía ser viajar con una jovencita hasta que una voz captó toda mi atención.
-¿Qué pasa? -Preguntaría Isabella al intentar dar un nuevo paso sin exito porque la persona a la que iba agarrada, yo, se había parado.
-Ssst. -Fue todo lo que obtuvo como respuesta por mí parte.
Mi misteriosa actitud no le agradaría pero al observar mi rostro y verme tán concentrado, no insistiría en recibir una respuesta más adecuada a su pregunta. Necesita su silencio para conseguir distinguir aquella voz que me había sobrecogido entre todas las demás voces que nos rodeaban, unas más cercanas que otras pero todas en continuo movimiento. Pasado un rato sin haber conseguido nada, decepcionado, estaba a punto de anunciar a Isabella que prosiguieramos con el paseo porque aquella preocupante voz se había desvanecido, la voz volvió a sonar entre todas las demás. Afiné el oido al maximo y caí en la cuenta de por qué me extremecía aquella voz. Aquella voz, a pesar de los años, habiendo ganado bronquera, seguía siendo la voz de aquel que siendo yo un chiquillo se deshiciese de mí, la una vez amada y ahora temida voz de mí padre.
Es verdad eso de que la vida te somete a duras pruebas, claro que eso no sería nada en comparación con las muchas otras que irían viniendo. Respirando hondo, daría el primero de los muchos pasos que daría de nuevo. Era la voz de mi padre pero no por ello iba a quedarme ahí como un chiquillo asustadizo que espera su castigo tembloroso. Si la fortuna no me daba la espalda él ni siquiera repararía en mí. Así fue, saliendo de la plaza, un robusto hombre portador de una gastada armadura chocaría con nosotros, mascullando un vago abran paso. Yo no quise decir nada, no quería confirmar que mi identificación fuese cierta pero Isabella, con esa valentía insconciente propia de su edad, girando la cabeza hacía la dirección por la que iba, exigiría una disculpa.
-¡Qué tipo más desagradable! ¡Disculpese como es debido! -
Los gritos de Isabella le harían pararse y retomar sus pasos para ponerse frente a nosotros.
-¡Por favor, Isabella, ya basta! -Le suplicaría parar imaginando a mi arrogante padre frente a nosotros colocando sus manos cerradas sobre sus caderas.
-¡Pero es que es verdad! -Seguiría ella, erre que erre.
Lo que me diría a continuación, con la chulería propia de un guardia fuerte, sano y seguro de sí mismo, me haría hervir la sangre. No sé cómo pude contener la rabia que me entró.
-Eres un sacerdote o algo así, ¿me equivoco? Lleva a la cria al primer hospicio que veas y dejad de armar escandalo. -
Sin embargo, me hizo sentir gran alivio el hecho de que no me reconociese. Qué cumulo de emociones me abordaron. Manteniendo la rigurosa calma que un buen sacerdote ha de poseer, le prometí que no volvería a pasar, cogiendo la mano de la enfadadísima Isabella, que se había soltado de mi brazo llevada por el enfado. Durante la comida, le explicaría no sólo por qué debía ser más prudente sino que aquel fortote y maduro guardia era mi padre.
-¡¿QUÉ?! -Vociferaría sin poder dar credito a lo que escuchaba. Muchos comensales giraron sus cabezas hacía nuestra mesa. Unos molestos por su chillido y otros, sencillamente, curiosos.
-No hace falta que grites, controlate un poco, Isabella. -Le solicité avergonzado.
-Esque no me entra en la cabeza que ese tipo sea tu padre. -Dijo moderando el tono de su voz. -¿No sabe nada de todo el bien que haces? -
-Lo dudo. Ya has visto como me ha tratado... Pero mejor así. -Contesté apesadumbrado. Como aquella situación me había hecho perder el apetito, le cedí los restos de mi plato a Isabella, que los engulló sin tardanza. Abandonamos aquel pueblo al poco de reposar la comida. Isabella lo señalaría en el mapa para tener en cuenta que si volviamos, podriamos encontrarnos con gente horrible. Para no tener ni idea de lo que un ayudante ha de hacer, se esforzaba muchísimo. Al llegar a la ciudad de Telmoord, nuestra primera preocupación fue encontrar un hostal decente para dormir pues llegamos cansados y anochecido. Isabella me describía cúan hermosa era la ciudad iluminada por las lamparas de aceite que varios locales habían acoplado al lado de los letreros de grandes y cuidadas letras o representativos dibujos. Yo, la escuchaba sin prestar sUficiente atención. Lo que más quería en ese momento era tumbarme y olvidar que había tenido aquel furtuito y doloros encuentro con mi padre, guardia o soldado que hacía tiempo había sido trasladado a Telmoord desde el último lugar en el que sirvió. Isabella, viendo que aún sufría por lo sucedido, me ofrecería un interesante regalo. Entrelazando sus dedos con sus dos manos unidas, como si fuese a orar, cerrando los ojos, recitaría cuidadosemente un hechizo. Uno de los pocos que logró aprender de memoria al escuchar a su hermano mayor, el hechicero, leerlo de uno de sus libros de magía. Acostado sin poder calmar mis sentimientos encontrados, sin darme cuenta caería preso de un dulce sueño. Un sueño artificial pero que me vino bastante bien. Qué gracioso descubrirlo de ese modo... Isabella se tomaba muchas libertades conmigo, a lo mejor porque me valoraba más como padre que como maestro. Algo que debía corregir.


PD Esta historia es contada por Rezo así que la he puesto en color rojo. Las historias o partes de la historia que sean contadas por parte de Zelgadiss u otro personaje van en blanco ^^

martes, agosto 16, 2011

FanFic Slayers Rojo Relativo

Rojo Relativo - FORTALEZA


Ahora que soy fuerte y por lo tanto poderoso, me siento debil pero esta debilidad que siento no tiene nada que ver con un estado fisíco. Vendría a ser una debilidad más bien mental o de espiritu. Pero tengo que lograr recuperar la fortaleza de espiritu que una vez tuve.

Nada más sentir los primeros rayos del sol sobre mi piel de dura roca, abrí los ojos y me incorporé. No podía permitirme el lujo de ser el último en despertar y mucho menos sabiendo que Rezo iba a venir para transmitirnos nuevas indicaciones. Con los ojos entrecerrados debido a la luz que se intensificaba sobre mi rostro al salir de mi estrecha y sencilla cama busque mis ropas, que seguramente estarían colocadas sobre la única silla que podía uno encontrar en la habitación. Una silla pequeña de madera sin tapizar. Colocandomela a toda prisa salí de la habitación. A pesar de ser conocedor de que Rezo no llegaría hasta bien entrada la mañana, mi preocupación era llegar de los primeros. Antes de dirigir mis pasos a la que era la gran sala en la cúal comiamos o pasabamos el rato, busqué mis botas. A menudo a los compañeros que no consideraban como parte de su grupo gastaban bromas muy pesadas, según el bromista, la broma podía ser peligrosa o no. Trás rebuscar por todas partes lograría encontrarlas. Por desgracia, estaban realmente sucias. Las limpie apurado y até los diversos cordones entrelazados que poseían. Lo mejor de ser de los primeros era que podías ponerte bien delante. Dilgear solía ser de los primeros en llegar también, acompañado por dos tipos bastante corpulentos. Los demás llegaban amontonandose.

-Veo que esta mañana tampoco se te han pegado las sabanas. -Masculló Dilgear dandome un buen golpe en la espalda. Dilgear trataba de ser amistoso pero estaba claro que yo no le gustaba.

-Así es. Ya sabes lo exigente que es Rezo. -Replique tosiendo esforzandome por mantenerme en pie. Su golpe había sido bastante brusco.

-¿Qué confianzas son esas? Si el señor Rezo te escuchase te castigaría. -Me advirtió una vocecita chillona acompañada por un desagradable olor a pescado y unas pisadas que parecían más propias de un pato.

Giré mi cabeza y tal como supuse la voz provenía de Noonsa. En cuanto comenzasen a llegar más bandidos Noonsa se vería obligado a ocupar el último y más lejano rincón de toda la sala. Sus grandes ojos apenas pestañeaban. Volví a mirar al frente y pude observar como Rezo entraba agarrando fuertemente del brazo al único bandido que llegaba tarde. En su rostro se apreciaba cúan avergonzado se sentía y lo mucho que le dolía el brazo. Rezo apretaba de el con tanta fuerza que casi temí que se lo fracturase allí mismo. Todos nos levantamos una vez Rezo soltó al hombre en mitad de la sala. El pobre consiguió un lugar entre empujones. En todo el lugar reinaba la misma sensación de debilidad que yo sentía. Nuestros cuerpos eran fuertes pero nuestro espiritu era quebrado por un hombre, un hombre que a primera vista ofrecía un aspecto más fragil y etereo que el nuestro, ese hombre era Rezo, el llamado por las gentes Monje rojo.

-Muchachos, como ya sabreís, cada vez hay más y más blesser Demons por la zona, algunos incluso han llegado a atacar poblaciones cercanas y puesto que vosotros habeís causado tanta o mayor destrucción que ellos, ¿qué os parecería redimiros deshaciendoos de esos seres infernales? -Nos propusó aquella vez. Más de uno se quejaría.

-¡¿Estás loco?! -Gritaría uno.

-¡Ni borracho! -Diría a viva voz otro.

Rezo sonreía pero frunciendo el ceño diría lo siguiente, especialmente para aquellos que protestaban:

-¿Con que no teneis ninguna intención de redimiros? Muy bien, entonces, ¡os ordeno ir y vencer a los demonios! Quien no obedezca esta orden, ya sabe lo que le sucederá. -

Todos callamos y gritamos bien alto:

-¡Así lo haremos! -

Alzamos nuestros puños e incluso aquellos que en principio se negaban salieron corriendo a cumplir con la orden. Yo me quede, Rezo parecía desear hablar conmigo. Comprobando que todos los demás había abandonado la sala, me aproximé a él. Saber que aún permanecía dentro le agradó.

-Zelgadiss, tu vendrás a la ciudad conmigo. -Dijo colocando su mano derecha sobre mi hombro derecho. Su piel siempre me resultaba tán suave y sus dedos eran largos y finos.

Cruzandome de brazos, pregunte_

-¿No quieres que vaya y eche una mano contra los demonios? -

-¿Tienes algo de lo que redimirte? -Me respondió saliendo de sus labios una suave risita.

Me encogí de hombros y negue dandole un simple no. Durante el camino hacía la ciudad me expusó lo que quería que yo hiciese mientras él se ocupaba de atender y curar a los más desfavorecidos como mendigos o prostitutas halladas y llevadas a los hospicios. Yo, a diferencia de sus aprendices y ayudantes, nunca iba con él. Claro que nos reuniamos pasada la hora de comer. La verdad, me gustaba ese modo de proceder aunque más de una vez tuve problemas. Ya no era aquel chiquillo inquieto que le seguía durante toda la jornada, que no comprometería su buena imagen. Mi aspecto, aunque diambulase todo tapado, dejando tán solo a la vista mis ojos y algo de flequillo color platino, distaba mucho de ofrecer una imagen positiva. La gente desconfia de los individuos tán tapados, a menudo creen que son mercenarios o peor, asesinos. Rezo se limitaba a indicar a la gente con la que trataba sus otros asuntos que era su guardaespaldas.

-Si su eminencia lo dice. -Aceptaban algunos sacerdotes su palabra.

Porque para bien o para mal, la mayoria de documentos u objetos magicos se encontraban en bibliotecas llevadas por sacerdotes o hechiceros de grados muy altos. Si tuviese algo de voluntad más de una vez lo hubiese dejado solo pero eso además de cobarde me habría traido un problema mayor. Rezo es muy astuto, nos tiene a todos bien controlados gracias a un hechizo de seguimiento. Somos como esos caballos salvajes que poco a poco, trás varios golpes de fusta se rinden a lo evidente. No hay modo de engañar a su amo. Sin embargo yo, tán terco y tán joven como para rendirme, obedecía hasta encontrar esa manera de encontrar la libertad y seguir vivo.

miércoles, agosto 03, 2011

FanFic Slayers ROJO RELATIVO



Este MARAVILLOSO dibujo no es mio y creo que eso resulta bastante obvio XD Es de una gran artista y fan de Slayers conocida como EugeneCh ^^ De mis FanArtistas favoritas ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Esta historia va a ser un FanFiction de Slayers ^^ Espero que os guste y bueno sabed que algunas cosas las he ido deduciendo o imaginando por mí misma pero muchas otras han ido saliendo gracias a otros FanFics que he ido leyendo, me han gustado y he considerado muy buenos. Hay personajes mios pero secundarios y uno que pertenece a QP/Diana. Si lo menciono directa o inderectamente es porque... Es un ayudante o aprendiz de Rezo en su historia ^^'

Los demás personajes son creación de Hajime Kanzaka al igual que Slayers y tal... Por último, historia narrada en primera persona ^^


Transcurridos ya cinco o seis años desde que trajese conmigo al pequeño Zelgadiss, sentía que ya no podía dejar pasar más tiempo alejado de mis investigaciones pero aún era pronto, pronto para involucrar a Zelgadiss. Tampoco podía desatenderlo en exceso pues Zelgadiss se encontraba en esa edad egoísta e inquisitiva en la cúal los niños comienzas a aprender y a adquirir sus primeros principios de comportamiento. Como caidos del cielo, cada uno de mis aprendices, llegaban a las pocas semanas de que otros se marchasen, por propia voluntad o debido a que la formación que les había brindado ya había finalizado. Parnassus, uno de los más mayores, barajeaba la idea abandonar la mansión. Ya conocía y poseía el dominio necesario dentro de la magía blanca y aunque le ofrecí alargar su estancia para que estudiase magía astral el joven con gran gratitud y meditadas palabras rechazó mi oferta. Perdonadme si mis palabras suenan crueles pero sinceramente tampoco lloré su partida con gran intensidad, Pernassus era un aprendiz y un ayudante excepcional pero nunca fue el único. Para Zelgadiss su partida si fue un duro golpe. Zelgadiss, muy a mí pesar, se encariñaba demasiado con mis aprendices. Especialmente había dos o tres a los que apreciaba con mayor fervor y entre ellos estaba él. Los viajes que retomé no sería por tierras muy lejanas, por lo que no durarían muchos días pero para Zelgadiss eran unas temporadas de ausencia difíciles de llevar. Sinceramente en un principio no formaba parte de mis planes llevarlo conmigo pero cuando una de las ayudantes me lo sugerió preocupada por Zelgadiss, tuve que ceder.

-Nosotros podemos ocuparnos de él, no es problema, pero ¿no cree que pasa demasiado tiempo solo y en la masión? -Me expondría con lograda elocuencia. Era una ayudante demasiado madura para su juventud. Probablemente debido a que de niña se vió obligada a atender a algún familiar enfermo o de algún hermano menor. Su voz era agradable, incluso cuando adoptaba un aire mandón.

-Tienes mucha razón. -Admití. -Será bueno para él conocer mundo. -

-Y hablar con otras personas. Seguro que a nosotros nos tiene ya muy vistos. -Añadiría burlona antes de retomar de nuevo sus tareas. Sus pasos se escuchaban a la lejanía tán seguros y rapidos como los de alguien que hubiese salido airoso de una disputa o trás una victoria. Cuando Zelgadiss fue informado, su pequeño y frágil corazón latería lleno de incontenible alegría. Pasar las largas tardes de invierno dentro de la mansión, pintando o leyendo estaba bien pero llegada la primavera y luego el verano, las actividades adentro se volvían tediosas y repetitivas. Al fin y al cabo, era un niño, un niño más activo e imaginativo de lo que uno pudiese haberse supuesto. Parnassus y Ferrisian le llenaban la cabeza de leyendas y aventuras increibles pues ellos, tán habiles como ingeniosos, eran los encargados de traer comida a la mesa. Uno con sus flechas magicas y el otro con su larga espada. Pandora, hermana de Parnassus, tampoco parecía tán indefensa como las personas videntes creían. Era capaz de utilizar algunos conjuros de magía negra sencillos pero muy efectivos. Claro que ella prefería la cocina. Los otros, por ejemplo, uno de lo,s más jovenes, Cliff, era muy inteligente y gustaba de jugar al ajedrez contra mí. Claro que todos, aún teníendo ocupaciones particulares en la mansión, si eran llamados, dejaban sus esas tareas para escuchar mis instrucciones. De vez en cuando, si consideraba que sus esfuerzos y sus modales eran adecuados, les permitia salir y tener algo de tiempo para ellos pero como bien les advertía antes de marcharme a los que se quedaban guardando la mansión y estudiando, mi ausencia fisíca no debía representar para ellos una libertad, todo lo contrario pues siempre acababa enterandome de sus peripecias. Escarceos y jugarretas que no salían del todo bien, divertidas y atrayentes para Zelgadiss pero con castigos muy severos. Que Parnassus se marchase dejó a Zelgadiss sin esa posibilidad morbosa de inflingir algunas normas como la de salir de la mansión sin decirmelo previamente. Crystal, la ayudante que me recomendó llevarme a Zelgadiss a algún viaje, al pasar más tiempo con él o cerca de él sabía que la marcha de Parnassus lo había entristecido mucho.

-No conozco a ningún otro hombre que ame y respete más. Ir con vosotros será muy bueno para él. -Le comentaba al aprendiz que pensaba llevarme como ayudante y lazarillo mientras preparaban juntos un humilde equipaje en una bolsa oscura de lana.

-Es verdad. Seguro entre el maestro Rezo y yo lograremos que supere lo de Parnassus. -

Hay que supesar los acontecimientos. Suceden cosas devastadoras pero luego pueden suceder cosas grandiosas. Eran viajes sencillos, por lo que ni mis ayudantes ni el propio Zelgadiss sospechaban nada y cuando comenzó a hacerlo, ya se vió muy metido en ello.

lunes, julio 11, 2011

FanFic CCS - xxxHOLIC

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Jo he encontrado unos cuantos FanFics buenísimos relacionados con personajes de CLAMP que me han encantado y que, al igual que pasan con los de Slayers, me han inspirado y animado a escribir los míos propios ^^ Pero nada de copias o plagios eh, que cada persona puede tener una concepción bien distinta de los mismos personajes ^^ De Yuuko y Clow no sé mucho pero con lo que sé y he leido, espero que os gusten sus encuentros y desencuentros ^^

Yue, el guardian creado a partir del poder de la luna, no apartaba sus azules y frios ojos de la mujer que tán tranquilamente paseaba junto a su amo. Kerberus, el otro guardian, creado con ayuda del poder solar, se encontraba sentado a su lado. La mirada que dirigía tanto a su amo como a la extraña mujer de negro en cambio no parecía tán distante y desconfiada como la de su compañero, todo lo contrario, le alegraba comprobar que su amo todavía poseía amistades.-¿A qué demonios habrá venido esa mujer esta vez? -Dijó el guardian cuya apariencia recordaba a la de un hermoso angel plateado. En su voz se aprecía fastidio.


-Sea lo que sea, al amo Clow le ha encantado. -Observó el guardian con aspecto de fiero león alado. Su observación fastidió aún más a Yue, que resoplando, optó por alejarse del rincón en el que se encontraban para vigilar a la mujer desde un punto más cercano.


Clow, creador y amo de ambas magnificas criaturas, no podía dejar de sonreir. La inesperada aparición de Yuuko Ichihara había llenado su aburrida mañana de entretenimiento. Clow era un hombre particular, al contrario que a la mayoria, le encantaban los acontecimientos imprevistos. Yuuko no era de esas damas que acudían a él por el mero hecho de pasar un ratito amistoso con él, si se había tomado la molestia de verle no sería por gusto. Las flores de cerezo, tán pequeñas y rosadas de la mayoria de arboles que disponía su amplio jardín caían suavemente sobre ellos al pasar cerca. Creando una agradable atmósfera.


-Qué hermosa. -Diría el mago interrumpiendo a la preocupada Yuuko, la cúal mientras paseaban le explicaba las dificultades que estaba teniendo en la tienda que Clow había preparado para ella. Ella le miraría entre perpleja y enojada.


-¡¿Se puede saber a qué viene eso de repente?! -Le preguntó, voz en grito, clavandole sus furiosos y hermosos ojos almendrados. -¡¿O esque no te importa lo que pueda pasarle a tu tienda?!


-Sin lugar a dudas, la flor del cerezo es la flor más hermosa que existe. -Fue la respuesta de Clow, el cúal parecía seguir inmerso en sus propios pensamientos. Yuuko se pusó de peor humor.


-¿¡Vengo a comunicarte que puedes perder tu tienda y te pones a hablar de flores!? ¡Dios, no sé ni porque me intereso tanto en la dichosa tienda! -Gritaría exigiendo a Clow tomar parte en el problema. Un problema al que no sólo ella debía hacer frente. Su hogar y principal fuente de trabajo hasta el momento estaba a nombre de Clow Reed sin embargo él la dejó al cargo cuando decidió dejarla con tán sólo una breve y enigmatica nota a modo de despedida. El mago, sin apenas alterarse, aún sonriente, le corrigiría con voz amable:


-Pues por un motivo muy sencillo. En realidad, porque es tu tienda. -

Yuuko lo miraría incredula, llevandose ambas manos al pecho, exclamaría, alzando su voz hasta llegar a un tono de agudeza insospechada en una dama de apariencia tán elegante y silenciosa como la que Yuuko poseía a primera vista:


-¡¿Mía?! ¡Qué dices! ¡Pero si en la escritura está a tu nombre! -


Clow se quedó por un momento sin decir nada, como si ya comprendiese el problema que Yuuko le estaba comentando y la futura petición que ésta iba a realizarle trás acabar de explicarselo. Pasandole una mano por el hombro derecho colocando sus ojos azul oscuro sobre la exaltada Yuuko, colocando la otra sobre su pecho, anunció:


-Yuuko, te aseguro que nadie te arrebatará la tienda. Es tuya y será sólo tuya. -


Las palabras y la firme pero protectora mirada de Clow provocaron una reacción insólita en la hermosa y excentrica bruja de cabellos y ropajes negros. Sus claras mejillas fueron tomando un suave color rosado que se intensificó en pocos minutos.


-Si tu lo dices. -Musitó. Su voz había perdido toda la fuerza y furia que momentos antes había mostrado. Pestañeó y sientiendose todavía observada por el mago hizo acopio por disimular y controlar esa inexplicable reacción que por un instante la había hecho perder el rumbo. Alejaría de un manotazo la mano de Clow de su hombro y añadiría retomando su habitual caracter:

-Pues... Entonces no hay más que hablar. Me voy a recuperar mí tienda. -


Alejandose a paso acelerado, Yuuko observó a Clow, que le dedicaría otra enorme y encantadora sonrisa a modo de despedida. Yuuko volvió la cabeza hacía delante mientras pensaba en lo extraño, irritante y atrayente que le era ese mago. Aquel que le había entregado la tienda en la que durante muchos años atendía consultas de todo tipo y compartía predicciones sin equivocos.

Apoyado, en lo más alto, en una rama de uno de los floridos arboles de su amo, Yue no se sintió tranquilo hasta que la temperamental mujer no desapareció de su vista. Las palabras que hubiese podido haber entre ella y su amo con las consecuentes reacciones de ambos le inquietaban. Sus rapidos ojos regresaron a la persona que le era de mayor interés. Su amo había comenzado a caminar hacía el interior de su formidable mansión. Al pasar ante Kerberus, el hombre sencillamente le sonreiría ladeando la cabeza suavemente, el guardian sin decir palabra le seguiría. Al entrar a la mansión, dejando algunas plumas plateadas a lo largo del breve vuelo, Yue encontraría a su compañero y a su amo en el despacho. Clow se encontraba hojeando unos papeles mientras Kerberus le observaba con gran atención desde su rincón, la zona que se adjudicaba como suya dentro de la gran habitación, cerca del alto sillón de cuero oscuro en el que Clow se sentaba apoyando sus brazos sobre la larga y sencilla mesa hecha de madera noble.


-Amo Clow, la mujer de negro... -Trataría de saber Yue pero Clow consciente de la dependencia de ese guardian en especial, le cortaría diciendo:


-No hay de que preocuparse Yue. -


-Pero, amo Clow, ella y Ud... -Insistiría Yue con voz temerosa.


-No hay de que preocuparse Yue. -Repitió Clow sin dejar de revisar los papeles que iba dejando en la mesa. -Tán sólo nos unen algunos asuntos. Nada más. -


Yue parecía querer saber más al respecto pero temía desagradar al mago, por lo que no volvió a insistir. Se sentaría a un lado en el suelo cerca de Kerberus en silencio.


-¿Lo ves? -Le susurraría Kerberus. -Tán sólo habran realizado algunos trabajos juntos. -


Yue no parecía del todo convencido y el guardian del sol lo sabía. A veces Kerberus no necesitaba preguntar para saber lo que su compañero sentía. Clow de vez en cuando les echaba un ojo. Eran como niños.




miércoles, julio 06, 2011

FanFic Slayers I GUESS YOU´RE RIGHT

Como ya sabreís o podeis adivinar, me gusta contar historias desde puntos de vista diferente pues cada personaje al igual que cada persona tiene distintas percepciones de la realidad debido a sus diferentes personalidades o vivencias pero es más común escribir en tercera persona, es decir contar los hechos de un modo imparcial. Probaré a escribir algunas cosillas, FanFics, en ese plan. Leer el FanFic de QP Diana hace que nazca en mi esa necesidad XD Bueno, a ver que me sale... Ah, tranquis que no me voy a copiar ni me voy a poner a plagiar...


Sabía perfectamente que aquel enfrentamiento no era necesario. Mis hombres acatarían mi orden de obeder a Zelgadiss les gustase o no. Me temían tanto que ni siquiera eran capaces de exponerme sus quejas o dudas. Ese enfrentamiento no iba a ser otra cosa que un mero entretenimiento. Estaba claro que el hombre-bestía, Dilgear, detestaba al joven pues lo concebía como un rival, alguien que le arrebataría las dotes de mando. Dilgear era tán orgulloso, le encantaba ser el cabecilla, obligar a los demás a cumplir mis ordenes. No sabría explicar con exactitud el motivo pero cuanto más arrogantes eran mis hombres, más me gustaba humillarles. Zelgadiss y Dilgear poseían una personalidad similar. Muy orgullosos, introvertidos y con gran astucia a la hora de poner en practica una misión, sin duda, muy talentosos con cualquier arma blanca. Comentar que Zelgadiss ocuparía su lugar, lo volvería contra mí asi que trás una leve charla con uno de los "muchachos" tracé esa malevola pero interesante idea en mi mente.

-Nonsa, podría preguntarte algo. -Le pedí mostrandome bastante jovial. -¿Es cierto eso de que Dilgear y Zelgadiss se odian? -

Nonsa, cuyo olor y apariencia solía molestar a los otros bandidos, debió de sorprenderse al recibir atención por mi parte, la de aquel que mandaba sobre Dilgear, su jefe y los demás. Ya que su voz no sonó muy clara que digamos. Mirandome con sus grandes ojos, llevandose una de sus pequeñas y temblorosas manos hacía lo que habría sido un mentón, respondería duditativo:

-Oh Señor Rezo, no creo que deba Ud preocuparse. Es posible que Dilgear todavía no acepte del todo a Zelgadiss pero no se odian... -

-¿Estás seguro? Algunos de tus compañeros comentan que Dilgear y Zelgadiss han mantenido disputas muy violentas recientemente. -Le insistí.

Nonsa se esforzaba por ofrecer una realidad edulcorada. Temía que lo que pudiese decirme le trajese problemas al encontrarse con esos dos.

-¡Se lo aseguro! Nunca han llegado muy lejos en sus peleas. -Me indicó energicamente seguramente agitando sus puños hacía abajo. Esboce una gran sonrisa y concluí la conversación diciendole:

-Gracias Nonsa, me desagrada mucho que mis hombres no sean capaces de convivir. -

-Siempre a su servio, Señor Rezo. -Se despidió él al verme dar los primeros pasos hacía otro lugar. Nonsa podría presumir ante los pocos compañeros que le consideraban un amigo que el mismisímo Monje Rojo se había dirigido a él y que habiamos mantenido unas palabras aquella noche en el gran salón en el cúal comían y eran reunidos para escuchar nuevas ordenes. Zelgadiss no saldría de su habitación, no mientras Dilgear se encontrase por el amplio salón. En la soledad de su habitación, escuchando todo tumbado sobre su sencilla cama el jaleo que formaban sus camaradas al deborar con ansiedad sus platos y llenarse sin cesar sus vasos de cerbeza, Zelgadiss sintiendo un agujero en el estomago debía de estar recriminandose el ser tán cobarde pues ninguno de sus compañeros tendría el detalle de llevarle ni un misero trozo de pan.

-Al fin y al cabo, yo no quiero ser el jefe de estos tipos... -Murmuraba acariciendose la barriga, como si eso bastase para calmar su hambre. -Yo sólo quería que todo el mundo viese que era tán bueno o incluso mejor como esos jovenes que acudian a los torneos en pos de ser elegidos por un caballero. -


Me encontraba frente a Rezo, el llamado con admiración, respeto y gran temor por parte de los bandidos Monje Rojo. Se había enterado de mi mala relación con Dilgear. Dando un paseo por los alrededores de la hacienda en la que vivía junto con los otros bandidos, Rezo insistía en que escuchase la gran idea que había tenido para solucionar nuestras diferencias.

-Él te ve como una amanaza. Sabe que tarde o temprano tendrá que ponerse a tus ordenes, lo cúal le convertiría en un bandido más. Es una cuestión de poder, ¿comprendes? -Me explicaba demostrandome una vez más lo engañosa que era su apariencia. Él si que realmente poseía talento para ser el jefe de una banda de maleantes. De cualquier banda que se le antojase. Yo asentía diciendo:

-Justo lo que yo pensaba pero yo no quiero arrebatarle ese privilegio. En realidad yo ni siquiera quiero esto. -Añadiría sincerandome, quizás, en exceso.

Rezo arqueó una ceja mientras giraba su rostro hacía mí. Me sentí inseguro, temeroso de que mis palabras pudiesen herirle. El era lo más parecido a un padre y lo más parecido a una madre que había tenido. Me acogió en su hogar, se ocupó de darme ropa, alimento y saber. Muy pocos bandidos sabían leer y escribir. Pocos bandidos dominaban la espada como se debía utilizar, es decir, tál y como se aprendía en Esgrima. Incluso en mi nueva vida y con mi nueva apariencia debía sentirme afortunado y agradecido. Bajando la cabeza, rectifiqué mis palabras:

-Pero si asi es como he de vivir ahora, así viviré. -

-Puesto que Dilgear cuenta con el apoyo de todos los bandidos, se me ocurrió hace poco mostrarles que tú también posees excelentes talentos. Con fortuna, al ver todo lo que eres capaz, comiencen a valorarte. Tanto o más que a Dilgear. -Diría al cabo de un rato, para mi consuelo, ignorando mis sinceras palabras. Como aquello captó mi curiosidad y la esperanza de ser totalmente aceptado había vuelto a mí mente, pregunté:

-¿Cómo? -

-En un duelo contra Dilgear. -Me aclaró sin tardanza.

Me quedé sin aliento. Si desde la última discusión que mantuve con él no me atrevía a estar cerca de las zonas que él frecuentaba, ¿cómo iba a atreverme a enfrentarme a él? Me negué pero Rezo en pocas palabras me convenció.

-¿Acaso no quieres demostrar ante tus compañeros que eres mejor que ellos y el propio Dilgear? -

Acabe lanzandome al precipio sin pensar. Cosa que siempre me trae graves consecuencias. Una sonrisa misteriosa se dibujó en el rostro de Rezo.

sábado, junio 18, 2011

FanFic Slayers HASTA EL FINAL



Espero que os guste, me he esforzado mucho muchísimo ^^ Este personaje es Zolf, el guaperas canalla XD Al principio no me gustaba mucho pero ahora le estoy empezando a coger mucho cariño...


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Mi mente es un sinfín de ideas e imaginaciones XD Ya llevo tres o cuatro FanFics largos de Slayers y no parece que me vaya a cansar XD Perdonadme si os resulto un pelín cansina. Prometo variar la tematica, vamos un día uno de Joker y otro día otro propio y otro día de Slayers ^^ Pero como el dibujo es un Fan Art de Slayers, hoy de Slayers toca :P Este en relación con mi FanFic interminable Eterno Poder XD


Zolf era consciente de que jamás sería un hechicero como los demás sin embargo le molestaba muchísimo que la gente se lo mencionase. Encontrarse con Zelgadiss fue algo que le lleno de gran gozo pero que La Dra Mata o La engreida Serpiente blanca gritasen a los cuatro vientos que eran mil veces mejores que él le producían unas ganas irresistibles de acallarles la boca a base de puñetazos. Por fortuna Zelgadiss no solía anda muy cerca de esas dos. En realidad Zelgadiss no solía estar muy cerca de ninguno de sus nuevos amigos. Zolf suponía que era debido a que tampoco se sentía del todo comodo, demasiado tiempo trabajando si mismo.

-¿Qué hace aquí tán solito? Mi señor Zelgadiss. -Preguntó al encontrarselo al alejarse de la hoguera y el animado grupo de encabezado por Lina Inverse.

-¿Solito? Zolf deja de tratarme como a un crío... Con esa pandilla de agitadores no se puede pegar ojo, por eso estoy aqui. -Le dijó Zelgadiss mostrandose ligeramente molesto al escuchar el tono con el que su compañero y amigo le había formulado la pregunta.

-Jeje veo que no soy el único que no puede aguantar mucho tiempo al lado de esa pandilla. -Dejó caer Zolf acariciandose el bigote izquierdo dejandole entrever una sonrisita de satisfacción. -Creo que voy a quedarme aquí un rato. ¿Puedo? -Añadiría recostandose sobre el rebusto arbol en que Zelgadiss se había sentado. Zelgadiss le indicó que no le importaba negando con la cabeza.

-Adelante. -

Por otro lado, rodeado de risas y estupideces a todo volumen Rodimus disfrutaba del calor del fuego escuchando entretenido las vivencias que Lina y Naga trataban de narrarle. Dilgear en cambio mantenía una charlita con Xelloss, demonio de mucho cuidado. Acabada insatisfactoriamente esa charla debido a la repentina huida del travieso demonio, Dilgear regresó con Zolf y Zelgadiss. Su deber era permanecer cerca de Zelgadiss y para el disciplinado Dilgear eso era lo único que importaba. De todos modos, sus modales y su aspecto se habían endurecido, no sería un buen compañero de fogata. Zolf y Dilgear charlaron un rato.

-¿Crees que nuestro Señor Zelgadiss encontrará la cura para volver a ser humano? -

-Puede que si, puede que no. -Respondió el hombre-bestia mostrando indiferencia.

-Hay hechizos que pueden ser anulados... Quizás... -Intentó exponer Zolf pero Dilgear le interrumpió con crudeza:

-Cierto pero lo que Zelgadiss ha esperimentado no es obra de un hechizo de esos. Tendrá que aprender a convivir con esa apariencia. -

-Es verdad. -Concluyó Zolf posando sus ojos sobre Zelgadiss, el cúal dormía tranquilamente con la capucha todavía sobre su cabeza tapando gran parte de su rostro. Zolf a veces se sentía un poco bastante padre con él ya que Zelgadiss era realmente joven cuando fue convertido en quimera pero dado el radical cambio que sufrió éste, Zolf para no enojarle trataría de tratarle más como a un socio, un socio joven. La noche trascurrió tranquila. Todos dormieron como bien pudieron arropados por sus capas en el terrajoso suelo del bosque. A primera hora de la mañana, antes de que Lina o los otros se levantasen y retomasen la aventura. Zelgadiss, bien despierto, proponía a sus tres hombres, dos de ellos, muy amigos suyos también, que no continuasen la aventura que él se veía obligado a seguir.

-Sé que vuestro deber es acompañarme y guiarme y todo eso pero me gustaría que no me acompañaseis más. Esto no tiene nada que ver con vosotros, yo en cuanto encuentre la ocasión indicada, retomaré mi propia busqueda y me gustaría teneros a mi lado. -

Las palabras de Zelgadiss fueron conmovedoras. Rodimus, emocionado dió una fuerte palmada al joven hombre quimera y exclamó:

-¡Qué hermosas palabras! Pero no podríamos dejarte con esa pandilla de locos, si vas a ir con ellos, nosotros también. -

-Lo mismo digo. -Añadió Zolf con gesto decidido.

-Supongo que tu también vendrás, ¿verdad Dilgear? -Preguntó Zelgadiss al hombre-bestía, obteniendo de él esta respuesta:

-Eso depende de lo que tú realmente quieras. Si estás plenamente seguro que quieres que me quede, así lo hare. -

Zelgadiss sonrió, poseía unos compañeros cuya fidelidad no tenía precio. Llevandose una mano a la frente, acabó por aceptar su acompañamiento. Zolf había mejorado enormemente con la magía y Rodimus, aunque algo más mayor, seguía siendo genial con la espada y su lombarda. Zolf aguantaría las tonterias que fueran necesarias con tál de seguir con Zelgadiss, su amigo y el señor al que consideraba que debía servir.

viernes, junio 17, 2011

FanFic Slayers CONEXIONES

Trás un duro día de completa dedicación a los estudios, sentí que necesitaba relajarme un poco. Probablemente esa no fuese la manera más adecuada pero la primera vez que la experimenté me pareció la más eficaz. Las consecuencias serían a la larga nefastas para mi higado pero como me convencía a mí mismo de que si lo experimentaba muy de cuando en cuando el daño no sería tán dramatico solía valerme del "Hada Verde" más de lo que mi moralidad me permitía. Una bebida muy difícil de encontrar por la ciudad ya que los religiosos y las autoridades prohibían su elaboración y destribución. Claro que algunos hombres de portentoso saber y gran astucia la elaboraban y servían en secreto. Los osados a menudo la mezclaban con unas gotas de veneno, los demás con algo menos nocivo y más agradable al paladar, leche. Yo al principio la tomaba con leche, creyendo así suavizar su amarguísimo sabor hasta que fui tentado por un compañero a tomarla mezclada con veneno. Sintiendome siempre mareado y alejado de la realidad, me recuesto sobre el primer sofá o sillón que encuentro y dejó que esta mortifera y fascinante hada me haga suyo, regalandome intensas e inauditas visiones de una vida que no puede ser más diferente a la que realmente vivo...

Oscuridad, todo lo que me rodea es oscuridad sin embargo puedo sentir los rayos del sol sobre mi rostro, tán calidos como molestos. He de figurarme que un día más a comenzado y las voces que con tanta claridad escucho aún estando tán lejos de mi dormitorio son un buen ejemplo de ello. Me desperezó con rapidez ya que una extraña sensación se apodera de mí, similar a un presentimiento. Hay algo que anhelo con tanta desesperación que no puedo pensar en otra cosa, ese objeto me tiene totalmente absorbido. Recorro las amplias estancias, a lo largo del recorrido diferentes voces me saludan con un respecto escalofriante.

-Buenos días, Maestro Rezo. -

Las voces parecían provenir de varones de muy distinta edad pero también había alguna que otra femenina. Lo cúal era agradable de saber. Llegando a la puerta de entrada, una de las voces. Masculina, energica y muy jovial me hizo detenerme.

-Maestro Rezo, ¿abandona el laboratorio tán temprano? -

-Así es. Tengo cosas muy importantes que realizar fuera de aquí. -Le respondo sin dejar que perciba mi crispación. Deseo llegar lo antes posible al lugar al que me dirijo pero no puedo mostrarme descortés ante uno de mis pupilos. Son tán colaboradores.

-Oh tiene razón. ¿Podría acompañarle? Quizás le venga bien mi compañia. -Se ofrece con una disposición difícil de creer viniendo de un joven. Sus palabras me producen un gran gozo pero no puedo permitirme ese lujo, esa mañana no. Posando una mano sobre su hombro, con una sonrisa, agradecido le respondo:

-Te lo agradezco con toda mi alma pero me serías de mayor utilidad quedandote aquí. -

Y salgo del edificio dejando como eco de mi presencia un tenue y repetitivo sonido. Ese joven cierra la entrada y regresa a sus tareas como sus demás compañeros. Ser interrumpido por unos bandidos no plantea ningún problema. Si las palabras no les calman, unas abrasadoras bolas de fuego lo haran. Oigo sus gritos de terror mientras corren por la estepa dejando sus armas atrás. Despúes de comprobar la calidad de cada arma, decido llevar conmigo la más cuidada.

"No debo de ser excesivamente duro con ellos. Es el hambre lo que a muchos de ellos les impulsa a robar..."

Tras una larga caminata con la poca distracción que una hilera de pensamientos sólo puede ofrecerme acabo por llegar al lugar que me proponía. Consciente del sagrado suelo que estoy pisando antes de avanzar me inclino realizando una reverencia. Los guardianes del templo no dicen palabra, simplemente observan a la muchedumbre y a los sacerdotes orar.

"Jamás pensé que un individuo como él fuese a citarme aquí "

-Ojala pudieses apreciar la belleza con la que son construidos los templos. -Escucho detrás mio.

-Puede que ahora no pueda pero recuerda, algún día seré capaz. -Le replico sin alzar demasiado la voz ya que nos encontramos dentro de un templo. Los lugares más sagrados que existen. Antes de salir vuelvo a arrodillarme repitiendo la reverencia ante los dos atentos guardianes. Varios pasos lejos del templo, podemos hablar con calma del asunto que nos ha reunido.

-¿Has traido lo que nos prometiste? -Pregunta incapaz de controlar las ansias que tiene de ser recompensado.

-Por supuesto pero no oigo ningún bebe llorar en tus brazos. -Le confirmo dejandole entrever el saco que llevo atado a la cintura retirandome un poco la larga capa roja que me cubre por completo. -Si le ha pasado algo malo al bebe el trato será anulado. -Le recuerdo sin perder los nervios. Calmado y firme, como ha de ser todo buen negociador. Él en cambio parece un matojo de nervios, traga saliva y exclama:

-¡Te juro por El Dragon Rojo Ceiphied que no ha sufrido percances! -

-Entonces, ¿por qué no está contigo? -Exijo saber arqueando una ceja.

-Pues... Pues porque al parecer un vecino sobrevivió al ataque y... -Trato de contarme, perdiendo por completo la entereza. Realmente debía de tenerme o un gran respeto o un miedo espantoso. Me vi obligado a interrumpir su historia. Ya había demostrado bastante paciencia:

-Basta. En cuanto sea conocedor del paradero del bebe, recibirás el pago acordado. -

Comence a caminar, a pesar de los continuos intentos de que no me fuese por parte de aquel bandido, bandido que ni siquiera era el lider del grupo al que le encargué a cambio de una gustosa cantidad de monedas de oro atacar la aldea en la que se habían escondido mi nieta y su esposo. Más tarde, trás haber tomado algo medianamente decente en una asequibre taberna, continuó con mi busqueda. Si mi intuición no me falla, me figuro que ese aldeano debió de ser llevado al hospicio más cercano posible donde sería atendido de inmediato.

-Disculpa al idiota de mi socio. Desde un principio no fue buena idea que se encargase del mocoso. -Me comenta una voz ronca, ruda y con tono levemente arrogante. -Yo sé a que hospicio fueron llevados el aldeano y el bebe. Dejame guiarte hasta ellos. -Añade suavizando su voz, como para que así sonase menos desagradable.

Cuando el bebe me es entregado, mi corazón se inflama de satisfacción. Acarició sus revoltosos cabellos y el recuerdo de su padre me viene a la mente. El pequeño se agita suavemente entre mis brazos. Los palabras que surgen de su boquita todavía meros sonidos apenas entendibles hacen que nazca una sincera sonrisa en mis labios.

-Me alegra tanto que este niño poseía un pariente. Habría sido tán triste tenerle aquí. -Me comenta la misma persona que me lo ha entregado acompañandome hasta la salida. Las habitaciones son grandes y en cada una de ellas se trata una necesidad distinta. Las personas sin hogar estan reunidas en una de las habitaciones más cercanas. Al contrario que las personas que padecen enfermedades infecciosas o contagiosas como la temida Lepra. A lo largo de los años todos me parecen tan iguales que ya no me pierdo. A la salida, probablemente cubierto por una larga capa con capucha el lider de los bandidos me espera.

-Aquí tienes lo prometido. -Le indico dejando caer el saco lleno de monedas de oro en sus manos.

-Ya sabe que si desea cualquier cosa, puede contar conmigo y mis muchachos. -Me recuerda con tono cordial.

-Contigo, Dilgear, puede pero con los demás, me temo que no. -Le rectifico. -Lo tendré en cuenta de todos modos. Qué Ceiphied te proteja. -

"Probablemente debería ofrecerle trabajar exclusivamente para mí. Me vendría bien que alguien se encargase de este tipo de cosa mientras yo continuo con mis investigaciones..."

Beso la frente de mi pequeño Zelgadiss antes de retomar mis investigaciones. El aún es tierno para comprender las decisiones que a veces ha de tomar un hombre para ver cumplidos sus deseos.

Regresar a la realidad suele resultar más pesado que sumergirse en un sueño. Mis ojos vuelven a la normalidad poco a poco pero las imagenes que llegan a mi cerebro aún se ven extrañas, irreales. Me quedo un rato más acomodado en el sofá hasta que recobre la estabilidad totalmente. De vuelta al hogar, a una habitación inundada de libros, busco una libreta y como no, una pluma con la que escribir en ella. El Hada verde es tán inspiradora, es comprensible que la mayoria de caballeros y damas que encuentres en ese local prohibido sean artistas o agobiados ricachones que buscan algo más que poseer un higado irritado. Recupero algunos fragmentos del sueño y retomo mis estudios.

miércoles, junio 08, 2011

WeLcOme To HeLL THE PUPPETEER



Este es Drocell ^^ Lo he dibujado todo lo mejor que he podido, espero que os guste ^^ Es un titiritero ^^ Me encantan los titiriteros y los titeres, yo una vez tuve uno y era precioso pero el pobre titere se rompió U_U


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Drocell es un personaje que aparece en el anime Kuroshitsuji, he puesto su dibujo aquí porque es titiritero pero él no tiene nada que ver con lo que voy a escribir, vamos, esta vez la historia no es un FanFic aún así espero que os guste mí titiritero ^^ También he de deciros que su historia y su modo de actuar es mucho más... Fuerte ^^' Avisados.


En las profundidades del Infierno habían dado comienzo una serie de desapariciones pero la policia local o no era lo suficiente valiente para ponerse a investigar esas calles o simplemente no les parecían de gran importancia ya que la mayoria de desaparecidos, sin bien, todos, era chiquillos de la zona, con familias muy pudientes, ladronzuelos o hijos de prostitutas. Gente prescindible. El culpable era un individuo astuto, sabía donde cazar aunque alguna vez se habría decantado por una presa de mejor calidad como las preciosas niñas y los encantadores niños que acabada la misa se dirigían fascinados hasta su humilde rincón para contemplar una breve escena planificada especialmente para ellos con ayuda de sus amiguitos. Gastaban sus pagas semanales con la ilusión de volver a contemplar a esos muñecos interactuar entre ellos pues eran más que muñecos, su piel no parecía de porcelana y sus cabellos tampoco parecían ser postizos.

-¿Son de verdad? ¿Cómo Pinocho, el titere niño? -Le preguntan algunos observando los titeres, tocandolos con expresión entre aterrada y curiosa. El titiritero se limitaba a sonreirles, jamás adivinarían la incomprensible verdad.

A la tenue luz de una lampara de aceite el titiritero cuidaba con sumo cuidado a sus amiguitos pues sus titeres, nada convencionales, siempre necesitan una entera dedicación. Al guardarlos o al ponerlos unos junto a otros en el gran baúl heredado, el titiritero les da un beso de buenas noches y sale en busca de más amiguitos. Aquella de ojos tristes, con bonito vestido rojo sangre y largos cabellos castaños claros, su más antiguo y querido titere, RoseLee, es la única que pudó presumir de haber vivido una corta pero apacible infancia, con su familia en una mansión donde todos la amaban y la educaban debidamente pero lo que decían algunos niños era cierto, se la veía tán apagada, tán triste. El titiritero no paraba de darle vueltas a la cabeza.

-Sé que aún estás disgustada conmigo pero quiero que sepas que si hago esto, es en parte para que nunca te sientas sola. -Le decía sentandola en sus rodillas, acariciando sus cabellos. Tratando de acallar de algún modo los sollozos de los que aún no lograba deshacerse en su cabeza. Ciertamente lo estaba pero lejos muy lejos de él, observando desde otro lugar los crimenes que su hermano cometía y sintiendose muy culpable al haber dado comienzo a ello involuntariamente. Su hermano nunca fue como los otros chicos, eso siempre fue evidente pero a pesar de ello ella le quería al igual que quería a su extraño padre y a su melancolica madre, personas que a pesar de mantener un buen negocio, no fueron del todo bien vistas por la sociedad. A ninguna sociedad civilizada le agrada ejercer la tarea de enterrar y preparar a sus difuntos, hecho que su padre manejaba con dotes tán artisticas como escalofriantes. Todo aquello le maravillaba, a veces incluso demasiado. Compartía sus metodos sin ningún escripulo con su hijo, apenas un hombrecito. Dado que tenía talento y practicaba a menudo ayudando a su padre con mascotas a las que disecar, cuando una agradable tarde de primavera, el joven intentaba mostrar el aprecio que sentía hacía ella, ella al negarse a ello repetidas veces pues no lo consideraba una muestra adecuada de afecto, acabase siendo empuja golpeandose la cabeza contra el suelo, no fue de extrañar que el joven asustado ante la eminente muerte de su hermana, buscase la forma de conservarla y la presentase de elegante forma a su madre.

-Madre, madre, RoseLee tuvo un pequeño accidente pero ahora está mejor. -Sería lo que le diría orgulloso de si mismo a una madre que al ver a su pequeña en semejante estado sería ingresada en un hospital debió al gravísimo shock que sufriría.

Justo lo que hacía con los niños o niñas que más le gustaban, valiendose de esa excusa. Encontrar amigos para que RoseLee no este triste. Amigos con los que jugar y a los que mostrar aprecio. Amigos a los que exihibir y a los que regalar cosas. Amigos que tán sólo estarían vivos en su mente pues ante los demás serían tán sólo muñecos. M y Piro lo percibieron y con gran inteligencia por su parte, jugaron a su juego hasta lograr la liberación.


PD Al final me ha salido suave ^^


sábado, junio 04, 2011

FanFic Slayers PRAYING FOR



Rezo con un Zelgadiss aún niño ^^ Espero que os guste, me he esforzado muchísimo, tanto en darles color como en dibujarlos ^^


Zelgadiss se sentó sobre el duro suelo que poseía la celda en la que se hallaba, para meditar una vez más en mitad de la oscuridad pues resultaba que aquella celda no poseía ninguna ventana. Era una de esas celdas ideadas para los criminales más violentos, llamadas, probablemente, de aislamiento. No quería regresar al pasado pero regresar a él era el único modo de encontrar pistas sin embargo, cosa jamás admitiría, en el fondo lo hacía porque era lo único que le hacía sentirse lleno, arropado, feliz como el niño que se aún se relame recordando el sabor del postre tomado horas despúes. Cerrando los ojos se alejaba del presente, de las gastadas rocas con que había sido construida la celda para aparecer en otro lugar, un lugar en apariencia agradable, todo rodeado de grandes y fuertes arboles todos recubiertos de verdes hojas al rededor de una edificación de piedra cuya forma solía recordarle la de un castillo pero nada tenía que ver con ellos. Las horas pasaban a otro ritmo y mantener una vida ordenada era el pan de cada día...

-¿Qué hace? -A menudo le preguntaba con una expresión entre traviesa y curiosa.

-Oro. -Le respondía con suma paciencia aquel que se hacía cargo de él sin inmutar mucho su expresión pues era un hombre que poseía extraordinaria capacidad de concentración.

-¿Podrías explicarme qué es eso? -Preguntaría sonrojandose al no conocer esa palabra.

-Estoy rezando. -Pronto le aclararía él con voz suave pero firme. -¿Te gustaría acompañarme? -

El joven Zelgadiss le miraría y tras pensarlo un largo rato mientras observaba, no sólo a su mentor, acabaría diciendo:

-Es que eso no parece propio de un caballero. -

Acto seguido, como si de un acto reflejo se tratase, agacharía la cabeza cerrando los ojos fuertemente como preparandose para escuchar un gran sermón a todo volumen, más el buen hombre simplemente emitió un leve suspiro.

-Será mejor que me marche, eso de rezar parece requerir mucho silencio... -Dijo el chico preparandose para salir de la gran sala pero la voz de su mentor le frenó:

-Por favor, quedate un ratito conmigo. No tardaré mucho en finalizar mis oraciones. -

Aquello siempre le ponía los pelos de punta. Siempre fue tán amable y tán generoso con él que más de una vez Zelgadiss se hizo una pregunta bastante significativa, ¿es así realmente como Mi señor Rezo es? No se enfurecía ni le golpeaba, sonreía y siempre andaba ayudando a todo aquel que necesitase ayuda, o consuelo. Lo cúal ya de bien pequeño le resultó extraño pero favorecedor al ir conviviendo con él...

Al oir la brusca voz de uno de los guardias que le habían capturado, Zelgadiss regresó a la realidad, al desesperado presente. Sólo pretendía hacerle saber que alguien de alto cargo acababa de liberarlo gracias a una cuantiosa suma de dinero. Aquello hizo sospechar a Zelgadiss pero hasta no salir del calabozo no se pondría a corroborar su mal presentimiento. En lo que iba a concentrarse era en seguir buscando una cura para recobrar su cuerpo humano y así recomenzar su vida, en otro lugar, con otras personas, a lo borrón y cuenta nueva. No iba a ceder en su empeño pues no sólo alcanzaría una nueva vida, sino que encontraría la prueba que necesitaba para reconciliar su pasado con su futuro.



PD Me gustó el titulo que le dió QP Diana a un doujinshi que hizo pero su historia y este pequeño FanFic no tienen nada que ver.

viernes, mayo 20, 2011

Ensayo Filosófico: En el mundo de una mariposa.

Este texto es un ensayo filosófico que obviamente he hecho para mi clase de historia de la filosofía. Espero que os guste, y acepto críticas y consejos!

¿Qué es la realidad?
Aparte del cuerpo y mas allá de las barreras impuestas por éste y por nuestros sentidos, cada individuo posee una compleja mente, diferente de todas las otras que la rodean y que pueden o no influir en ella. A través de cada mente, se puede observar un mundo distinto, una forma diferente de captar la realidad.
Podemos poner el ejemplo del caso humano, puesto que siempre es y será nuestro principal sujeto de estudio, a la vez el mas fácil y el mas difícil.
Cada ser humano es idéntico a los otros biologicamente hablando, sin embargo, al hablar de la mente y la razón o la forma de razonar, el asunto es muy distinto, puesto que las mentes son tan dispares como lo son los individuos, por lo que no se encontraran dos realidades iguales.
La explicación es muy sencilla: la realidad es todo aquello que capta la mente junto con los sentidos. Por ejemplo, una mariposa capta una gama muy diferente, mas amplia y brillante de colores que un ser humano por lo que el mundo y la realidad no es la misma entre especies.
Algunos afirman también que la realidad puede ser subjetiva, es decir, estar supeditada a los sentimientos, en algunos casos realmente es así.
Es decir, los sentidos se pueden ver embotados por las emociones mas fuertes, haciéndote percibir cambios en la realidad.
Quedándonos dentro del campo de los sentidos, otros modificantes de estos pueden ser las mutaciones genéticas como el daltonismo, o una larga serie de enfermedades que los afecte tanto a ellos como a su correcto funcionamiento.
Ahora nos quedaremos dentro de la cabeza del individuo (aunque suene algo basto). Ya hemos dicho que todos somos iguales en el sentido biológico: todos tenemos un corazón que late y bombea la sangre, unos pulmones que captan oxigeno del medio, una piel sensible a las caricias... Sin embargo la forma de reaccionar ante los diversos estímulos físicos y psicológicos es muy diversa y variada en función de la mente de cada uno. Una mente irrepetible, insustituible y de valor incalculable.
Dentro de cada una de las millones de cabezas humanas existe una mente extraordinaria o grotesca ( esto es según el criterio de cada uno), pero lo que realmente es interesante es la complejidad que cada una posee, y como parecen coexistir sin inmiscuirse dentro de las otras, cada una con su propia organización.
Es decir: la mente de una persona es como su casa; mediante estímulos esta va creciendo y a medida que adquiere conocimientos(cosas) debe aumentar la complejidad de almacenamiento, puesto que debe albergar dentro de una misma capacidad mayor número de información. Por lo que podemos constatar que el grado de desarrollo es muy importante a la hora de percibir la realidad.
El mundo de un niño es un mundo nuevo, enorme y desconocido. El de una persona ya mayor es un mundo aburrido, sin atractivos, conocido mas que de sobra. El mundo de un loco es una realidad deformada que causar verdadero pavor hasta en el mas valiente de los hombres. El mundo de un cuerdo(remarco lo de cuerdo, puesto que opino que nadie está realmente cuerdo) es el que generalmente está regido por los principios e idearios de una sociedad, en concreto la sociedad en la que se ha criado.
Ciertamente hay una realidad común, pero es eso, es una marcada previamente por una sociedad. Es decir no es lo mismo tú realidad que la de un indígena del Amazonas que la de un japonés. Dirás que tú ves la realidad igual que tu vecino/a (evitemos las discriminaciones y posibles malentendidos) pero, ¿no te has planteado nunca el por qué a veces no coincidís en como son las cosas? ¿ No puede ser porque estáis regidos bajo un mismo mandato social pero con una mente propia?
Yo pienso que si, pero cada uno es libre de pensar lo que quiera, sea su mente mas simple o mas compleja, aunque en ocasiones las mentes mas simples pueden ser las mas bellas, pero ese es otro tema.
Tomadme por loca si así lo queréis, pero hay días que me gustaría poder vivir en el mundo de una mariposa.

Cristina Navas Jiménez
2º Bachillerato D
Curso 2010/2011

viernes, mayo 06, 2011

El Exquisito Vértigo de Entregarse

Sabes
Lo nuevo tiene el sabor de la selva
De ojos que arden y fulminan al chocar
De abrir y conocer caminos ciego
Sediento y afiebrado
Como en la fuga ardiente de un incendio interminable

Amo cuando la vida vuelve a ser un poema
El aire cargado de emociones
Parece cantarme solo a mí
Y yo, absolutamente perdido
Camino derecho a través de tu mirada
Esa mirada que parecen olas reventando
Y disparando estrellas en mí ser

Esas palabras que pongo en tu cabeza
A través de caricias o de mordiscos delatores
Y la marca indeleble de tu sonrisa y de tus dedos
Me saben a brisa de alma fresca cantando.

¡Tienes el sabor del exquisito vértigo de entregarse!

Si
Hazme caer feliz en la tentación
Y líbrame así de todo mal
Mujer

martes, mayo 03, 2011

FanFic Crossover







Los dos hechiceros, a mí parecer, más poderosos y que más me gustan dentro del mundo anime (y o manga) Clow Reed y Rezo, el llamado Monje rojo X3 Espero que os gusten, me esforce mucho en cada dibujo ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Cuando varios personajes, de diversas series o mangas, me gustan mucho me da por pensar, ¿qué pasaría si se conocieran o si interactuasen en una historia conjunta? Por lo que muchas de mis historias de fan redomada son Crossovers. Aquí tendriaís una de esas pues mi FanFic Eterno Poder no sólo es un Elseworld, también es un gigantesco Crossover ^^


-¿Te marchas? -Preguntó el hechicero cuyos cabellos eran tán oscuros y lisos como los del hechicero cuya figura tán sólo se dejaba entre ver en la espesa niebla que cubría los bosques del Reino de Abalón.

-Así es. -Respondería el otro hechicero con voz inalterablemente calmada. -Esta tierra ya no puede ofrecerme gran cosa. -Añadiría.

El hechicero de rasgos finos pero ligeramente rasgados de pragmaticos ojos azules emitiría un sonido similar al de una risita pero sin llegar a serlo ya que lo que su compañero acababa de decir le pareció tán pretencioso como predecible en una persona como era su compañero. La amplia y hermosa capa que le cubría brillaba tán roja como la mismisíma sangre, al lograr alcanzarle y posar su mano sobre su hombro, el hechicero se volvió para mirarle por última vez. El que hubiese sido discipulo de Merlín y su compañero ya no era el mismo muchacho que conoció tiempo atrás y con el que tán a menudo se batía armoniosamente. Sus azules ojos comenzaron a llenarse de lagrimas, lagrimas que comenzaron a ensuciar sus lentes sujetas a su jovenil rostro mediante una cadenita plateada pues los ojos que le miraban distaban mucho de ser como los de los demás, un color marrón fuertemente enrojecido. Una sonrisa se dibujó en el rostro del que hubiese sido más que un compañero y rival.

-Eres un... -Se disponía a exclamar pero su compañero le tapó la boca y le dijo a modo de despedida:

-Me marcho porque debo marcharme. -

Retirando su mano, antes de regresar a sus investigaciones, el hechicero cerrando los ojos, como consciente de que no volvería a verle hasta el día en que se viese obligado a detener sus megalomaniacos planes, suspirando, murmuró:

-Esto no tendría por que ser así, Merlín deseaba que trabajasemos unidos... -

-Pero el último consejo que Merlín me dió fue este y yo, como muestra de respeto, lo voy a cumplir. Alguien tán corrupto como yo no puede permanecer más tiempo aquí. Llegará un día que lo comprenderás con mayor claridad. -Fueron las últimas palabras que le dedicó.

Pasados muchos, muchos, muchisímos años más, sentado en el único mueble con aspecto más bien occidental que poseía en su mansión, recordaría con cierta expresión entre agridulce y preocupada la marcha de su compañero, un hechicero de gran intelecto e increible talento, cuyo poder magico era realmente asombroso. Los dos guardianes que creó tiempo atrás pusieron sus ojos sobre él. El creado con ayuda de la Luna, cuya figura recordaba la de un angel, se sentía muy entristecido al ver a su amo así y el creado con ayuda del Sol, simplemente deseaba que fuese algo pasajero, que al día siguiente les sorprendiese con mil trucos y les volviese a sonreir.

-Pronto volveré a verle... ¿Seré capaz de cumplir con mi deber o me derrumbare? -Se preguntó a sí mismo en voz alta. Tanto el guardían alado como el guardían con aspecto de león se miraron sin comprender pero ambos presintieron algo que no les gustó.

domingo, marzo 27, 2011

La visita después del ayer

En una sala blanca desgastada, como del blanco de las sábanas de los fantasmas, un rayo amarillo se dispara desde sol a través de la ventana cuadrada en el centro de una pared desnuda. El leve viento de la mañana agita sutilmente dos cortinas asedadas. Pasadas las horas en las cuales el resto del mundo despierta y se regocija de la vida, una joven paciente continúa fingiendo que duerme entre sábanas gruesas y arrugadas.

La impecable y moza enfermera entra escandalosamente al cuarto, infringiendo ruidosamente el piso con sus tacones gruesos y blancos. Esta visión blanquecina, impecable, penetra entre los párpados y la mirada borrosa de la paciente. "Tienes visita", le dice dulcemente a la mujer perdida entre las telas pesadas. "¿Y qué?", balbucea ella en una voz ronca; son las primeras palabras que ha pronunciado en todo el día.

"Un hombre ha venido a verte... te trajo flores", responde con condescendencia, dibuja una sonrisa sin mostrar su perfecta dentadura y continúa: "Es muy guapo". Estrepitosamente la hermosa paciente despliega sus brazos y toma la sábana cubriéndose hasta la cabeza. Sus manos tapan sus oídos esperando desaparecer debajo de las telas, esperando que el colchón se abra en una tumba calurosa y que la cama sea el más familiar ataúd. Un ataúd para la muerta prematura que ha podido ser, el lecho del olvido y la abrumadora paz.

Afuera, el hombre de gran estatura, cabello corto y ceniciento, expone una barba naciente de largos y extenuantes días que delata su edad madura. El hombre que recientemente ha olvidado cómo ser un tímido niño se mueve inquieto en ese pasillo de hospital. El ambiente es inquietante, y el hombre es impaciente. Su gruesa chaqueta de cuero y la camisa abotonada hasta el cuello disimulan los diminutos temblores de nerviosismo. Él no sabe esperar; se aclara la garganta y traga largo. Se detiene por unos segundos viendo intensamente hacia abajo. Sin aviso y con pasos largos, entra a la habitación.

La escena dentro del cuarto continúa similar: sin progreso. El hombre ve a la enfermera inclinada sobre la cama donde una montaña de sábanas blancas brilla con el reflejo de la luz de la mañana. Tira las flores al piso, cientos de pétalos se esparcen alrededor, toma las sábanas con sus gruesas manos arrastrándolas con un rápido y firme movimiento hacia el suelo.

Similar a abrir un inmenso cofre de tesoros hermoso, lo primero qué ve de ella son sus piernas, expuestas, pálidas, de porcelana. Sus ojos pequeños y cansados viajan lentamente por el cuerpo de ella, sus caderas, su cintura, su pecho, sus hombros, su cuello. Ella estaba cubierta por una camisa ancha, de botones oscuros y mangas largas. Él detiene su vista en sus labios, alargando dolorosamente el encuentro con sus ojos, unos ojos azules intensos y profundos, violetas.

La enfermera se desliza fuera de todo el apresurado giro dentro del escenario, desaparece dejando una estela de luz en el aire. Su uniforme brillante bajo los rayos dorados dejó reflejos fugaces en los rostros de los dos amantes que se quedaron inmóviles; perplejos por el encuentro.

Él logra reunir todo el valor del que profesa y posó su miradas sobre los ojos de ella, que abiertos en una expresión de sorpresa se mantienen intermitentes debajo de dos cejas arqueadas, perfectamente perfiladas.

El tiempo se detiene, él puedo escuchar perfectamente los sonidos de su corazón ahogado; el viento casi visible es intruso dentro de la habitación, hace bailar las cortinas y el cabello de la cándida paciente, el cabello negro que roza suavemente las cejas negras, arqueadas, y resalta fantasmalmente sus ojos violetas; densos y culpables.

"¿Por qué no querías verme?", exhala él con su voz ronca entre una respiración agitada. Su rostro se tiñe de angustia mientras abre la boca y respira estrepitosamente con la intensión de tragarse todas las lágrimas para que no lleguen hasta sus ojos. Ella logra cerrar sus párpados por breves instantes pensando qué hacer. Se pone de pie y camina hábilmente para cerrar la puerta; donde se queda paralizada y silenciosa, dándole la espalda al hombre que con miedo, pero con mucho deseo asiste a visitarla en aquel lejano hospital.

Ella gira y lo mira duramente. Él le respondió con una pose paralela, quedando ambos uno frente al otro. Una nube misteriosa cubre el brillante sol matutino y el cuarto se convierte en un terrible lugar somnoliento. Bajo el manto de la sombras ambos se miran a través de memorias crueles. Él sonríe dulcemente; pero ella no reacciona en lo más mínimo. Esta muerta, sin esperanzas ni ilusiones, y solo le queda una expresión vacía.

Él se entristece al sentir esa respuesta indiferente. "¿Por qué lo hiciste?", pregunta pronunciando sus palabras lentamente. Recorre nuevamente su cuerpo: sus pies descalzos, sus piernas, su cintura ceñida, su cuello, su cabello largo y sus ojos de chuiquilla, de muñeca, grandes, vidriosos, extinguidos y violetas.

"Vete. No puedo ocuparme de ti... no quiero pensar en ti, soñar contigo, ni confiar en ti", dice ella lentamente violando el silencio. Sus palabras vuelan como varias puñaladas cálidas, como besos de lecho de muerte, como un gran sueño agonizante. Él baja la mirada nuevamente y niega varias veces con la cabeza.

Violentamente se abalanza contra ella, la empuja contra la puerta, toma sus muñecas y las estruja con fuerzas contra la pared, la acorrala con su cuerpo. Ella sin resistencia, apoya su espalda contra la puerta de la habitación y mira indiferente hacia el vacío y la oscuridad. Él cierra sus ojos, toma grandes bocanadas de aire y se detiene por momentos para sentir la respiración de ella cosquilleando sobre su mejilla. Él se presiona contra su cuerpo, junta su frente con la de ella.


Sin soltarla ni darle tregua, él se aferra cada vez más fuerte a sus muñecas y con dolor le susurra al oído: "Te amo". Él no se atreve a mirarla, en cambio se ciñe más a su cuerpo delicado, entrelaza sus piernas y continúa presionándola contra la puerta de la habitación. Lentamente las palmas de él se humedecen, gotas gruesas se deslizan por sus brazos, sus manos se entibian. Él no sabe qué ocurre pero aún no se atreve a separarse de ella y enfrentarla.

A ella se le agrieta su fría máscara, sus ojos comienzan a inundarse. Los vendajes en sus muñecas se tiñen completamente de rojo. Con sus brazos en lo alto, destilan gotas cálidas hasta sus codos. Él sólo quiero que ese momento dure por siempre.

Hilos negros se escurren entre los dedos de él mientra aprieta ambas muñecas de ella, la paciente frágil, la muñeca de porcelana. Ella suspira y finalmente le murmulla al oído: "Edgar, me estás lastimando".