sábado, diciembre 18, 2010

Solo letras FANFICTION

-Y bien, ¿vas a atacarme o no? Al fin y al cabo no soy más que un monstruo. -Exclamó lleno de rabia.
Me dió tantísima pena, aquel joven encantador e inquisitivo, ciertamente se había vuelto una criatura extraña. Emanaba un fuerte olor a muerte y su blanca aura ya apenas brillaba. ¿Cómo pudó llegar tán lejos todo esto? Respiré profundamente, escogiendo con cuidado las palabras que le daría, tratando de apaciguarlo.
-No, los monstruos han sido aquellos individuos que te han hecho esto. -Le dije avanzando hacía él. -Por eso, suelta a la muchacha, ella no tiene la culpa de tu desgracia. Haré todo lo que este en mi mano por ayudarte.
Era una situación delicada, tenía a la muchacha agarrada y seguramente, tenía el fino de su espada tán cerca del cuello de ella, que ante el mero movimiento de alguno de los presentes, él la mataría con suma rapidez. La respiración de la muchacha era calmada a pesar del miedo que le recorría por todo su ser. Por muy habilidosa que fuese con la magía negra, estaba con el agua al cuello. Dependía totalmente de mí, que él la soltase o la matasé. Si aquel extraño seguia siendo el encantador chiquillo que yo recuerdo, con las palabras adecuadas, la soltaría. Me aferré a esa ingenua posibilidad, por lo que seguí hablandole, mostrandome lo más piadoso y calmado posible, haciendole comprender que yo no era su enemigo, simplemente un amigo preocupado. Él, a pesar de su enojo, su rabia creciente, me escuchaba. Oh, milagro, logré desviar su odio y sus ansias de matar hacía mí, por lo que, con brusquedad, la liberó. Pudé oir como corría hacía la zona cercana más segura. La sala era grande, posiblemente llena de cacharros y viejas probetas, así es como suelen ser los laboratorios. Hubiese preferido que la muchacha no se quedase, lo que ocurriría no sería agradable para nadie. No iba a matarlo, podría haberlo hecho, mi magía y conocimientos son muy superiores a los que él poseía pero no hubiese sido capaz de hacerlo, moralmente me destrozaría. Más, él, con toda su furia, se lanzó contra mí, empuñando su espada. Ironicamente, la misma que yo una vez le regalé, por lo que concentré la energía suficiente en crear un efectivo hechizo que le detuviese. Tan sólo tuve que dar un leve golpe al suelo con mi baculo y cayó al suelo como un titére sin cuerdas. Daba esa triste sensación, la sensación de que hallacía muerto.
-¿No lo habrá matado? -Me preguntó la muchacha acercandose.
-No, tan sólo duerme. Sólo despertará cuando yo lo decida. -Le informe.
Ella suspiró aunque no estaba del todo satisfecha con mi respuesta. ¡Qué muchacha más desconfiada! ¿Formará parte de sus virtudes? Caminamos hasta encontrarnos con Rodimus, mi hombre más fiel o uno de los mejores hombres que he reclutado. Le pedí que llevase a la muchacha al pueblo más cercano mientras yo me ocupaba del, como acertadamente le había llamado ella, Hombre quimera.

lunes, diciembre 13, 2010

LITTLE CROSSOVER



Aquí teneís mis últimos prodigios y digo lo de prodigios porque me los he currado un montón. Espero que os gusten ^^
La joven pelirroja no pudó dar credito a lo que estaba oyendo. Aquel hechicero estaba de tratando de ayudar al tipo que les atacó, esa especie de hombre roca, con largas orejas similares a las de los elfos y ojos sanguinolentos. La joven parecía perdida pues tanto el hombre que les había ayudado como el hechicero parecían buena gente. El hechicero parecía seguir dispuesto a enfrentarse al gran sabio. Sus ojos brillaban y una sonrisa arrogante, propia de su edad, se dibujó en su cara. A la joven le hubiese gustado gritarle que no era buena idea desafiarle para ayudar a un monstruo pero de su boca no parecía querer salir ninguna palabra ni un minimo sonido. Por lo que su compañero agarrandola del brazo trataba de que saliesen del castillo antes de que la batalla comenzase entre esos dos. Ella no se lo ponía nada fácil, no quería moverse, estaba tán preocupada por ambos.
-Ve con él. Sería muy triste para mí que a una joven tán especial como tú le pasase algo malo. -Le aconsejó el hombre con una leve sonrisa.
-¡Exacto! ¡Si no vas conmigo, mejor largate! -Le gritó el hechicero preparando sus manos para lanzar un hechizo.
La joven mordiendose los labios esforzandose por no llorar, pues lo que pasaría a continuación no le gustaba y el hecho de no volver a ver a alguno de ellos, le ponía tristísima, terminó dejandose llevar por su compañero, su alto, atletico y rubio compañero, que echó a correr con tál velocidad, que la joven casi tropieza y cae al suelo varias veces. Ya lejos de aquella sala, llegando a la salida, comenzaron a oir grandes ruidos, debidos a las explosiones producidas al lanzar los conjuros más dañinos. Eso no ayudó mucho a la joven, cuyo desasosiego crecía, mirando, por última vez hacía atrás.
-No debimos aceptar su invitación... -Se lamentaba él llegando al pueblo que había más cercano.
Su compañera no dijo nada. Simplemente seguía andando a su lado por las estrechas calles de piedra. Estaba muy desanimada, a pesar de gastar gran parte del dinero que había logrado robando a unos ladrones, en la mejor habitación del único hostal que encontraron, seguía sintiendose mal. Jamás volvió a encontrarse con ninguno de ellos. Todo finalizó con la misma rapidez con la que empezó. La joven durmió toda la noche llorando.
Adiós Orphen, adíos Rezo.

martes, noviembre 23, 2010

LINA INVERSE


Hace muchísimo que no comparto por aquí ningun dibujo. Aquí os dejo a Lina, protagonista indiscutible de Slayers, concentrandose en un hechizo que le saque de ese apuro, uno de los muchos que sufre XD Espero que os guste, me he esforzado mucho.

miércoles, noviembre 03, 2010

NO HABRÁ FLORES...

-Ahora, siendo capaz de leer, tras leer aquellos cuentos o novelas infantiles que maravillaban tanto a Blackfield, me he dado cuenta que quizás no era tán monstruoso, simplimente, al vernos como iguales, tendía a demostrarnos su amor, como lo hace generalmente la gente apasionada.
-Sí tu lo dices... Yo sólo le seguía el juego. -Sentenció M, tratando de abandonar la cuestión lo antes posible. -Además nosotros nunca seremos como Alicia o Peter porque Blackfield nunca fue como Carroll o Barrie.
M o hace mucho, Michael, comenzó a caminar, no quería permanecer allí ni un minuto más, no quería adentrar más la mano dentro del baúl de los recuerdos. Lo pasado, pasado está. W corrió tras él, sin decir palabra. Al salir del recinto, una fuerte y fria rafaga de viento le despeinó sus oscuros cabellos, impediendole ver. Hasta que no logró retar sus largos mechones, que se habían quedado esparcidos, unos contra otros, no logró ver a su amigo M, marcharse. Ese cementerio era una gran explanada verde, que le confería un aspecto tranquilo a la par que imponente. A W le gustaba el modo en que fueron construidos los nichos pues daba la sensación de laberinto. W aún seguía teniendo una imaginación propia de un chiquillo. Sacando con maximo cuidado su violín de su elegante fnnda, regalo de Blackfield, se pasó larga parte de la mañana tocandolo. Comprendiendo que comenzaba a llover, lo guardó, con el mismo cuidado que al haberlo sacado pero con más rapidez y abandonó el lugar corriendo. Sin paraguas y pocos lugares a los que acudir, dirigió sus pasos a la plaza, aquella plaza en la cúal había tocado tantas melodias, buscando un poco de cobijo. Como se solía hacer hace millones de años, entró apresuradamente a la gran catedral.
-¿Qué haces en un lugar sagrado como este? Largo de aquí, fulana.
-¿Fulana? -W repitió, más que enfadado, sorprendido y añadió. -No tengo otro sitio donde guarecerme de la lluvia, me acojo a sagrado, hasta que pare de llover.
El cura le miró con cierto gesto de desaprobación pero le permitió quedarse.
-En cuanto, cese la lluvia, te vas. -Le dijó con un dedo alzado de modo amenazador.
Ese estaba siendo un día horrible para W. Sin embargo, no parecía muy hecho polvo. Abrió la funda de su violín y sacando un libro, chupandose los labios, se dispusó a leerlo. Pasado un rato, la lluvia pasó, W apenas se enteró, estaba realmente absorbido por la historia que estaba leyendo, el cura, posando una mano sobre su hombro, tuvó la amabilidad de traerle de vuelta al mundo real:
-Ya ha parado de llover.
W cerró el libro inmediatamente, pues el cura le miraba impaciente, lo guardó y salió de allí con el maximo silencio posible. Si no fuese por aquel cura tán desagradable, W habría ido con más frecuencia a la catedral pues era un lugar perfecto para leer o meditar.
-¿Te llamó fulana y trató de echarte? No me extraña, el Padre John es así. -Le decía S, que para ser cura era mucho más atractivo y agradable que el cura de la catedral.
A W le hacía sentirse bien, normal, incluso aceptado, por lo que siempre que podía, se pasaba a verle aunque eso significase encontrarse con R o con otros tipos de bata con caracter difícil. S era lo más parecido a un santo que W conocía. S solía mirarla con una expresión similar a la que Blackfield solía adoptar, como si fuese la cosa más linda y especial del mundo. Hacía ya varios años que Blackfield había muerto y W aún pensaba en él, era incapaz de olvidarle, para M tampoco era fácil. M, que vivía en casa de Lautremount, en la segunda planta, podía hablar de ello con una soltura espeluznante, sin una lagrima pero cuantas menos vueltas le diese, mejor porque era remover mierda sin solución. Prefería concentrarse en el día a día. Aquella mañana fue al cementerio, simplemente por W, W le suplicó que le acompañase. Entre tontas y locas, comenzaron a hablar sobre ello, a trazar un perfil del escritor, a buscar, si esque la tenía, la cara buena del particular escritor y como tantas otras veces, cada uno tuvo que guardarse sus propias deducciones para no herir al otro. Dimitri, era, en opinión de M, otra pieza importante para componer ese rompecabezas. A M le habría gustado verlo por allí, más Dimitri no fue. M podia comprender perfectamente sus motivos, porque sus motivos tendría.

lunes, noviembre 01, 2010

VIEJAS HERIDAS

Alicia, Oh pequeña Alicia,
Aleja, alejate, de los espejos,
de las fantasias, de todo lo que te hace dudar,
de todo lo que hace sentir grande y luego pequeña,
Aleja, alejate, de los conejos blancos y los gatos atigrados,
Aleja, alejate, de los hombres que cuentan historias de sombrereros y reinas.
Era un buen poema, lo recitaban a alta voz cada vez que Blackfield pasaba cerca. Wolf era otro escritor de indecente modo de vida, que conseguía, dada su larga vida en el mundillo, en pocas palabras, lo que quería. En aquellos momentos, lo que más quería era fastidiar a Jules Blackfield. Wolf sabía de la admiración que sentía Blackfield por Lewis Carroll. Blackfield se sentía, en unas cuantas cosillas, identificado con Carroll. Wolf, se jactaba de saber por qué. Realmente, el poema, no lo escribió Wolf, Wolf le pidió a la única escritora femina del grupo denominado por ellos mismos, Groteskos, que le escribiese algo, algo relacionado con Alicia en El país de las maravillas. Karen aceptó pues si a Wolf le gustaba, le pagaría una buena suma de dinero, dinero que en su estado, embarazada y sin hogar, le vendría de maravilla. Karen, para ser mayor que Blackfield, siempre lucía joven, de la edad de Blackfield o asombrosamente menor. Con sus rasgos finos, sus cabellos dorados revueltos y su actitud caprichosa. Blackfield deducía que de niña habría sido una de esas que suplicaban a sus adinerados padres poder dar clases de ballet. Blackfield no andaba desencaminado. Karen y Blackfield solían tener largas conversaciones cada vez que se encontraban en el Midnight Cabaret o en algún certamen prohibido.
-¿Cómo lo haces? -Le solía preguntar Blackfield totalmente fascinado ante la belleza infantil de Karen.
-¿El qué? -Mascullaba ella, tratando de colocar algunos mechones de su revoltoso cabello.
-Eso. -Le trataba de explicar o al menos, indicar él. -Esa luz propia de las hadas que desprendes...
-Ah... Ya... Supongo que es cuestión de suerte, mi madre era una actriz muy guapa...
Karen se sentía bien junto a Blackfield, sentía que tenía a alguien tán inusual como ella, con el que poder hablar de cualquier cosa e incluso ser una misma. Un día, como capricho del destino, se encontraron en mitad del viejo parque. Karen ya tenía a su hijita nacida, se había casado y aunque apenas escribía, se sentía muy orgullosa de su misma. Blackfield, en cambio no parecía haber cambiado mucho su estilo de vida. Sus miradas se encontraron, los ojos de él brillaron y los de ella, se abrieron y se cerraron varias veces pues parecía incapaz de asumir que estaba frente a él. La pequeña y preciosísima Rachel le miraba con curiosidad, llevandose algunos dedos a la boca. Era tán rubia como su madre y sus ojos eran tán expresivos, tán claros y verdosos como el agua marina. Karen sonrió ampliamente al pronunciar su nombre.
-Jules...
-Karen. Qué alegria volver a verte.
Blackfield también sonreía. Fue un momento tán hermoso, tán hermoso que parecía irreal, un sueño o una imaginación. Karen, posó sus dedos sobre el rostro de Blackfield. Era real, Karen no estaba sufriendo una ensoñación. Últimamente sufría muchas, cosa que preocupaba a su marido, ciego pero para nada tonto. Dieron un largo paseo y charlaron de tantas cosas...
-Veo que tú niñita ya ha salido de tu vientre.
-Sí y me costó lo suyo hacerla salir. -Le confirmaba Karen besando a Rachel en la frente. -¿Y tú? ¿Qué has estado haciendo durante todos estos años?
-Escribir. -Respondió Blackfield encongiendose de hombros.
-¿Sólo? Estoy segura que has hecho muchas cosas más, conque se sincero. -Le acribillaba Karen, ansiosa por confirmar ciertos rumores.
-Bueno, he tenido algunos problemas en el Midnight Cabaret pero ahora todo va bien...
Karen se paró en seco, arqueando una ceja miró fijamente a Blackfield. Deseaba preguntar qué clase de problemas habrían sido pero mirando a su hija, que le devolvió la mirada con una entrañable sonrisita, preferió callar y seguir adelante. Se decían tantas cosas.
-Por cierto, el poema, ese que Wolf y los demás aún me recitan gritando, sé que no lo escribió él. No dejes que se lleve la gloria, es precioso y muy interesante. Wolf jamás sería capaz de escribir así.
Dicho eso, Blackfield, se despidió de ella, alzando una mano agitada varias veces, mientras avanzaba hacía la salida del gran parque, dejando a Karen con Rachel, sola y avengonzada.

martes, octubre 26, 2010

RECUERDOS DE ¿UN TIEMPO MEJOR?

ATENCIÓN:
Es posible que esta historia tenga contenido subidito de tono...

Sophie era clavadita a su madre, María, su abuelita no dejaba de decirselo asombrada. Los mismos cabellos finos que se enredaban ondulantes, la misma clara y fina piel y unos ojazos preciosos, azules, tán azules como los de María. Aunque, al ir pasando los años, el color del cabello de Sophie, iría volviendose rojizo. Normal, teniendo en cuenta que su padre era muy pelirrojo. María, a pesar de verse obligada a desprenderse de su hija, al poco de ingresar en el único psiquiatrico de la ciudad, jamás dejó de querer a su hija. Es posible, que nunca llegase a ser una madre como era debido pero se esforzó todo lo que pudó para tenerla a su lado y quizás al serle negada su maternidad, en vez de mejorar sus males mentales, fuese motivo de empeoramiento. Por fortuna, Von Klauss, el psiquiatra que decidió ocuparse de ella, harto de tanto inepto, pidió que la pequeña Sophie fuese a parar con su abuela hasta que María lograse reponerse. Von Klauss logró lo que tantos jamás lograron, crear una unión con ella, conseguiendo su confianza. Fueron tiempos duros para María, se vió obligada a quitar el velo que su propia mente había creado tapando vivencias que sin ese velo, habrían acabado con ella mucho antes. Para la pequeña Sophie, el momento más feliz de su vida fue cuando su madre, su especial madre, la abrazó. Si Sophie hubiese podidó detener en tiempo, lo habría hecho en ese instante. Tanto María como Sophie prolongaron el momento todo el tiempo que les fue permitido, un largo abrazo. Incluso Von Klauss, que acompañaba a María aquel día, se vió forzado a separlas pues debían volver de inmediato al psiquiatrico. Sophie lloraba viendo como su madre se alejaba siendo arrastrada por ese hombre. Durante mucho tiempo su comportamiento fue a peor.
-Esta actitud no te conviene, no sé si lo sabrás, pero así no volverás a ver a tu hija. -Le decía una y mil veces Von Klauss. María no era ni idiota ni peligrosa pero a menudo era todo un desafio tratarla. Los psiquiatras más irritables, acababan ordenando que la sedaran pero Von Klauss, que a veces acababa la terapía a gritos, no le apetecía usar esa tactica, era demasiado arrogante. No sólo María le daba problemas, había otro paciente realmente difícil al que tratar. Mandandolo todo a la mierda, una vez decidió tratar a ambos juntos. Al parecer habían compartido una serie de vivencias juntos.
-Por la expresión de sorpresa en tu cara, deduzco que ya os conociais.
-Más o menos. -Le confirmó en esa ocasión, única e irrepetible, el otro paciente. Esa pequeña dosis de información le dió animos para intentar descubrir sus diferentes trastornos o males venían de la misma fuente. Von Klauss exclamó arqueando una de sus puntiagudas y oscuras cejas:
-¿Así? Hablemos de ello.
Ambos pacientes se alteraron, como bien supusó que harían Von Klauss. Von Klauss era ferreo seguidor del psicoanalisis, las indirectas y el sarcásmo. Tanto él como María, se negaron a hablar de ello. Von Klauss, muy astuto por su parte, logró su objetivo, ofreciendoles dos opciones:
-Bien, como veo que no vais a decir ni mu y estoy segurísimo que es debido a la presencia del otro, primero me lo contará uno y luego el otro o bien tendré que hipnotizaros y sacaroslo de un modo más traumatico, reviviendolo mediante la hipnosis...
-Qué cabrón eres. -Le soltó el paciente sonriendole con malicia. Le habría encantado probar eso de la hipnosis pero por María, eligió la primera opción. -No me gusta hablar de ello, pasó hace mucho pero en fin. Te lo contaré pero con una condición, que María no se veía obligada a contartelo después.
-Como quieras. -Dijó y dirigiendose a María, dijó con voz más aterciopelada. -María, puedes volver a tu habitación.
Maria salió y acompañada por una fortota enfermera marchó hacía su habitación. El paciente se acomodó en la silla, a pesar de la ropa usada y asimetrica del psiquiatrico, su manera de colocarse en la silla, gesticular y hablar, le conferían un aire muy distinguido, vamos que ese de demente nada, en todo caso, un psicopata o un narcisista.
-Verá, como ya sabrá, desde bien joven me he visto obligado a vender mi inocencia al mejor postor en El Infierno. Uno de esos tipos resultó ser Jules Blackfield, un gran escritor, muy talentoso, inteligente y con una oscura pasión, que como Ud podrá decir no es otra que la denominada Pedofilía erotica. Sí, estaba loco por mí, ardía de un creciente e infrenable deseo, muy sexual, por mí. Ella, al ser la hija de una amiga de su encantadora pero ingenua esposa, pasaba mucho tiempo en su gran mansión, al igual que yo o otros chicos. Recuerdo que era muy habilidoso a la hora de dar placer...
-Vaya, vaya... Pobre señorita Juliette. ¿De verdad eras tú aquel chiquillo? -Preguntó Von Klauss sorprendido pues Jules Blackfield fue tratado, a petición expresa de su esposa, por su padre, el eminente primer Doctor Von Klauss.
-Efectivamente, era yo. -Aseguró el paciente con una sonrisa entre orgullosa y desgarrada. Fue ahí, que la conversación desembocó en otro tema, más, inapropiado.
-No me malinterprete, al igual que cualquier chiquillo expuesto a tales situaciones, me sentía incomodo, avergonzado y culpable. Fue a partir de los doce o los trece años que empecé a disfrutar de todo aquello. Con seis o siete años, se me ocurrían cosas muy estupidas por la cabeza. Qué debía de estar enfermo porque cuando el me tocaba sentía un calor anormal o cuando me penetraba, deseaba que eso que trataba de meter, lo metiese de una puta vez. Yo simplemente me dajaba hacer.
-Ahí tengo que darte la razón. Entre tú y yo, yo, la primera vez que realice el acto sexual, creí que mi compañera se estaba muriendo, que le estaba dando un ataque. Tenía diez años y a pesar de haber leido todos los libros de medicina que tenía mi padre, me acojoné porque no tenía ni idea en los terrenos sexuales. -Le confesó Von Klauss entre carcajadas. Ese era un paciente, desde luego, con el que Von Klauss siempre acababa hablando de cualquier burrada. Lo sorprendente era que lo contaba, cosas horribles, como si fuese algo normal. María, dada su peculiaridad, si algún día se lo contaba, no sería con esa trivialidad.

sábado, octubre 09, 2010

Review: Resident Evil Afterlife






Por El Scorcho


Ver Resident Evil Afterlife es como presenciar a la mamá de uno mientras le caen a patadas en la boca. Si eres de los que fue al cine esperando ver algo de acción y un poquito de miedo, algo que te haga pasar un buen rato y te entretenga con una historia interesante, bastará diez minutos de película para que caigas en una profunda desesperación y horror, querrás gritar a los cielos, tratarás de quitarte la vida y quizá, sólo quizá, mantengas aún un poquito de cordura para darte cuenta de que la pesadilla que marcará tu vida de ahora en adelante no ha hecho sino empezar. ¡Pero no llores aún! Aquí está El Scorcho, ayudándote a sacar lógica de ese teatro de la miseria, colaborando con el terapeuta que indudablemente estás viendo ahora. Porque te quiero.

Paul W. S. Anderson no parecía un director inepto, como es obvio en Uwe Boll. Nos ha brindado a la primera Mortal Kombat y a Event Horizon, haciéndonos creer que, hey, quizá este tipo sí tiene talento.

pero todo era pa' que creyeramos.

Para un director o un guionista amateur, esto no está mal. Pero cuando consideras que alguien ha invertido millones de dólares en esto, que alguien dedicó tiempo a terminar un guión creyendo que hacía algo que valiera tu plata, sólo te queda concluir que este es un caso de piratería disfrazada. Todos esos carajos que están frente, y detrás de las cámaras, son unos malditos piratas sinvergüenzas que esperan que les entregues tu dinero, ese que podrías estar invirtiendo en comida para tus hijos, en medicina para tus padres, en caña clara para ti. Uno tiene que preguntarse “Pero si las anteriores fueron asquerosas, ¿por qué las siguen haciendo?” Es porque Hollywood funciona en torno al dinero. Cada vez que vas al cine a pagar por esta bazofia, le estás diciendo a un poco e’ gordos millonarios que está bien que no se esfuercen, que sigan haciendo basuritas con menos mérito que Bailando con las Estrellas, porque a ti no te molesta botar tu plata. Así que tú eres el que tiene la culpa.

Pajúo.


La película arranca donde la anterior terminó. La semidiosa Alice está decidida a terminar con la malvada empresa Umbrella, que ha destruido al mundo con sus experimentos en armas biológicas (caracterizadas por el Virus T, que convierte a la gente en zombi). Alice no está sola en este episodio; un ejército de clones va a ayudarla en un ataque al cuartel general de Umbrella en Tokio, partiendo desde Las Vegas. Esto nos lleva al…


PROBLEMA #1: LA PELÍCULA NO TIENE SENTIDO Y EN NINGÚN MOMENTO SE APROXIMA A UNA TRAMA QUE ASPIRE A LA COHERENCIA.

Yo tengo varias preguntas. ¿Qué pasó con los poderes mentales que Alice tenía? ¿Alguien se acuerda de eso, que era un elemento importante en la segunda y la tercera película? Me dirías que es Wesker (el malo) el que se los quita, pero conforme avanza el film, la tipa es Bruce Lee combinada con Max Payne, Rorscharch, Batman y Lady Gaga; que le quiten sus poderes no hace ninguna diferencia en lo absoluto. Lo que es más, hay una escena en la que la arrojan contra una pared y las baldosas de la pared se rompen. ¿Qué-mierda? Si la tipa es humana otra vez, ¿qué significa esto? Porque te digo, así lancé a mi suegra una vez en el baño y fue ella la que se rompió, no las baldosas. También, cuando empieza este episodio, nos dice que cuatro años han transcurrido. ¿Cuatro años de qué? ¿Desde la primera película? ¿Desde la tres? ¿Desde el fin del mundo? De nuevo, sin respuestas. Alice mató a un malo nulo al final de la anterior y dice “Hey, ¿por qué no nos vamos a Japón? Podemos usar ese helicóptero que está ahí.”

Es en estos casos en los que un personaje como Hudson, de Aliens, le hace bien a la historia.

"¿Japón? ¿JAPÓN? ¿PERO TÚ TE VOLVISTE LOCA, MALDITA MUJER? ¿TÚ SABES QUE ESO QUEDA EN OTRO CONTINENTE Y QUE APENAS HAY COMIDA PARA UNOS DÍAS?"


De alguna manera, Alice, compa----

"¡No, no, ya va! ¿Dónde vas a meter a todos esos clones? Claro, como hay gasolina que jode, podemos hacer varios viajes. Digamos sesenta viajes, más cinco pa' las armas y la munición. YO ME VOY PAL' COÑO. ¡NO, MEJOR VETE TÚ PAL' COÑO!"

De alguna manera, Alice, compañía y La Guerra de los Clones llegan a Japón, sobrevolando un mundo que se parece al de Terminator, como si una guerra nuclear lo arrasó. ¿Qué fue eso, fue el Virus T? ¿Fue una bomba atómica? Y ya que hablamos de escenarios, ¿por qué Las Vegas estaba enterrada en la arena? Yo nunca he ido a Las Vegas, pero hasta donde sé, no tienen empleados con escobas que tratan de mantener la arena a raya, así que esa explicación que nos dieron (“no hay nadie para mantener la arena a raya”) SE LA PUEDEN METER POR EL RABO.

Otra cosa que no entiendo, porque no tiene lógica al igual que el resto de esta “película,” es el objetivo general de Umbrella. ¿Siguen vendiendo armas biológicas? ¿A quién? No sé, pregunto porque el mundo está destruido, pues, me imagino que debe haber una crisis en el mercado. El presidente de la compañía, Albert Wesker, sigue con una agenda malvada que no tiene propósito.

El carajo va a cagar con los lentes puestos y se ríe solo, "¡ES PORQUÉ SOY MALO, BWAJAJAJA!"

Cuando llegan, se ponen a pelear con los zombis, que ya no son exactamente zombis, sino unas criaturas a las que se les abre la mandíbula y que tú puedes reconocer si jugaste Resident Evil 5. Ya va, pana. ¿Qué pasó con los zombis? ¿Por qué se convirtieron en esto? ¿O sea, es una evolución, es normal o qué? Son misterios de tu vida que permanecerán sin respuesta, como “¿Quién mató a Kennedy?” y “¿Quién es mi papá?”

Y qué bueno que hablamos de los monstruos, porque ellos son el…

PROBLEMA #2: TODO TIENE LA ORIGINALIDAD DE UNOS ZAPATOS NAIK HECHOS EN VIETNAM.

Cada uno de los monstruos que ves aquí son un rotundo fusil de los que ya viste en el juego. Yo sé lo que estás pensando, maldito carajito estúpido.


En la primera Mortal Kombat, vimos la apariencia original de Reptile, que es algo que no sale del juego y es de este mismo director. Si quieres llevarlo al campo de las adaptaciones de otro material, mucho de lo que ves en la película de Fight Club, no sale en el libro. Es una adaptación. Aquí te tiran a todos los monstruos que viste en el juego, incluyendo al verdugo encapuchado del quinto y, para no romper la costumbre, no te explican en lo absoluto de dónde salieron ni por qué son como son. Como el violador que te espera en el callejón, Anderson quiere que aceptes esto callado.

Hagamos un paréntesis ahora para hablar de lo que es un tributo. Un tributo es algo que haces para elogiar otra pieza de arte, demostrando que ha ejercido influencia en ti, algo que amerita un reconocimiento. Buenos ejemplos son Shaun of the Dead, Predators y Scream, películas que uno ve y reconoce los detalles con gusto. Malos ejemplos son las películas de Resident Evil, donde, en la segunda, vemos una repetición toma-por-toma de la escena introductoria en el juego Resident Evil Code: Veronica. Me habría encantado estar al lado del japonés que dirigió la introducción animada de ese juego mientras veía Resident Evil: Apocalypse.

"Bueno, no la cagaron tan duro, ha podido ser peor, como la película de Súper Mario Bro--- ya va, ¿qué es esta verga? Pero... pero... aaaaaAAAAAAAHHHHHH ¡A ESOS HIJOS DE PUTA HAY QUE AHORCARLOS DE LAS BOLAS! ¡ME PLAGIARON TODA LA ESCENA, CHAMO! ¡TODA LA ESCENA QUE DISEÑÉ CON EL SCORCHO FUMÁNDONOS UNAS ÑOCAS! ¡DAME MÁS COCAÍNA!"

Eso está de vuelta en Afterlife. Vas a ver repeticiones súper fusiladas de cinemáticas del juego, mucho menos divertidas porque aquí no estás jugando, sino te están sodomizando. Esta es la misma razón de por qué se odió al remake innecesario de Psycho, que recreaba al clásico de Alfred Hitchcock toma por toma: no tiene gracia y demuestra que eres un bastardo sin originalidad. Una forma de ver esta película es meterte en la boca un puñado de papeletas de ácido, pasarlas con ron pampero y tratar de reconocer cuáles cinemáticas consigues entre escena y escena. Por lo menos así fue como la vi yo.

Lo más ofensivo de todo esto es que detrás de la mente de Anderson está la firme idea de que el espectador es un imbécil. Quiere que veas esas escenas y digas “wow, qué original, este tipo es un visionario,” de la misma forma que quiere que veas una parte de la película en la que los personajes están viviendo en una cárcel y digas “viven en una cárcel, eso es novedoso,” ignorando que eso ya apareció en The Walking Dead y los paralelismos son tantos que es asombroso y analmente penetrante. O sea, siendo el cine un negocio que versa sobre la capacidad de narrar historias, uno asume que la creatividad es el combustible que guía las mentes detrás de muchas películas.

Pero no todas.


¿Es Paul W. S. Anderson un cabrón miserable? Saque usted sus propias conclusiones (pero la respuesta es “sí”).

PROBLEMA #3: LA TERCERA DIMENSIÓN ES LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA.

Quizá sepas que uno de los principales puntos promocionales de esta vaina es que fue grabada con esas cámaras 3D que uso James Cameron para Avatar. Tú esperarías, entonces, que los efectos especiales fuesen del carajo. O sea, Avatar no fue una cosa del otro mundo…

¿Entiendes el chiste? "Una cosa del otro mundo" porque es Avatar y... es... en otro planeta... con aliens y... ¡BUENO, LÁVATE ESE CULO, NO JODA!

…pero hay que reconocer que por lo menos se veía bien. Aquí las cosas se ven un poco fuera de foco. Usan el mismo truco de “mira cómo te tiramos cosas a la cara, jo-jo-jo,” pero cosas que debían estar en foco, nítidas (como PERSONAJES HABLANDO) se ven un poco difuminados. ¿Qué carajo? No me digas que están apenas aprendiendo a manejar las fulanas cámaras esas, porque en Avatar no se veían así.

Así que es hora de contratar a profesionales y no abaratar los costos con niños esclavos hindúes. Maldito explotador.

Pero como Ali Larter medio se disculpó por esto, estoy dispuesto a dar mi brazo a torcer con este punto. Porque está buena.

PROBLEMA #4: ¿QUIÉN CONCHA ES ESTE SAPO Y DÓNDE ESTÁ DEREK ZOOLANDER?

Como esta serie de películas no son más que un vehículo para que el zopenco ese nos eche en cara que Milla Jovovuvivjcjahch es su esposa, el personaje que ella hace, Alice, sale en un poco de escenas en cámara lenta, con agua cayendo y tal, y la mirada penetrante, y los personajes que realmente atraen a los fans (o sea, los del juego) son secundarios. Vemos a Ali Larter corriendo de acá para allá, haciendo esos movimientos de artes marciales y uno se ve forzado a asumir que la caraja no es el personaje del juego (una muchacha universitaria), sino una tipa que ha pasado toda su vida en entrenamiento de fuerzas especiales. Ahora, yo nunca fui a la universidad porque me quedé fumando piedra a lo largo de mi sexy juventud, pero no creo que exista una muchachita que estudia, digamos, arquitectura, y pueda vencer en combate cuerpo a cuerpo a un negro con por lo menos 50 veces su masa corporal, armado con un martillo más grande que él. Pero ahí la ves, haciendo tirabuzones y volteretas mortales hacia atrás, cayendo en una pose toda felina y con una cara que haría a Derek Zoolander eyacular de envidia.

Y entonces llega Chris Redfield, que si sólo has visto las películas, es un carajo que no te interesa en lo absoluto y sería mejor si lo mataran, porque así todo se acaba más rápido.

¿Te acuerdas de la carajita que estaba buena en la película anterior, K-Mart? Espero que sí, porque si no, me la imaginé y no sería la primera vez. Qué ladilla cuando eso pasa. El hecho es que aunque en Resident Evil: Extinction fue un personaje secundario con más o menos importancia, aquí es fondo, es más insignificante que los zombis, sale un ratico, no tiene diálogo, no entiendo el propósito de su aparición, no hace nada importante; esencialmente le pagaron pa’ que modelara un ratico. Es más o menos lo mismo que hicieron con Jill Valentine, que sale después de los créditos y que, de nuevo, estás obligado a asumir que es Jill, porque no se parece en lo absoluto a la última vez que la vimos (esa violación visual que fue Resident Evil: Apocalypse) sino a su encarnación en el quinto juego. Trata de ponerte en los zapatos de alguien que va al cine a tripearse una y no le ha parado a los juegos. La pregunta lógica: ¿quién es esta maldita zorra y por qué nadie me advirtió de esto?

"Pero chiamo, nadie va a vr esas pelis sin aver juegado los juegos, maricno, la peli es para ese pblico me enkanta q todo c-a como l game"

Si eso es verdad, maldito emo pretencioso, explícame ¿por qué las películas no son adaptaciones de los malditos putos juegos? Esto es como que te fumes una vara de monte, pretendiendo que es piedra. ¡No es piedra, es monte! Así mismo, aquí agarraron a unos personajes equis, les pusieron el nombre de los personajes del juego y ya: salgan a hacer artes marciales con caras intensas y maquillaje por todos lados (en una tierra donde el maquillaje es probablemente la última de tus preocupaciones, un paso por encima de lo que tenga que decir Perez Hilton. En cualquier situación).

En conclusión, esta película es un bodrio absoluto, no tiene literalmente nada que se pueda recomendar, es una prueba más de que a Dios ya no le importa lo que está pasando en la tierra y si a ti te gustó, te ofrezco que te bebas una jarra de detergente o te lo inyectes en los ojos. Escoge con cuidado.

-65/10.

viernes, agosto 06, 2010

Miedo y Asco en Plaza Venezuela



Mirándome las manos, lo único que puedo pensar es en lo ridículo de esta situación.

Él vuelve a presionarme el cañón de la pistola contra el costado. Se siente como cuando tu novia te da toquecitos en las costillas para que te rías, te dé cosquilleo y eso. Esto no da risa.

Tratemos de poner de lado el hecho de que en el avión me estuve diciendo que una vez en casa me tomaría mi medicación. Por supuesto, eso no ha sucedido, gracias a la aparición de Juanito Alimaña y ahora, durante un clásico atraco caraqueño, estoy teniendo un ataque de ansiedad grandeliga. O sea, veámoslo con realismo: ¿cuáles son las probabilidades de que esto suceda? Vivo cinco años en Madrid, la capital de un país que de vez en cuando se ve asediada por estúpidos psicópatas terroristas sin que me pase nada y aquí me puedes ver ahora, en el mismo día que llego a Caracas para la boda de mi primo, asaltado en Plaza Venezuela. Son las once de la mañana. A mi alrededor parece que hay quienes saben lo que está pasando, pero nadie hace nada. El pacto tácito del silencio.

“¿Esto es todo lo que tienes tú?” me dice él y, en medio de los carros, motos y autobuses dando vueltas a nuestro alrededor, suena como “Pablito clavó un clavito.” Trato de explicarle que doce mil bolos (o doce bolívares, como sea) es lo único que tengo porque literalmente es la única cantidad en moneda nacional que guardé desde que me fui, pero me rindo a mitad de la oración. No creo que a él le importe mucho eso. Y hablando claro, me da como miedito la clase de ideas que le pueden cruzar la mente cuando le diga que vengo de Europa. Levanto la cara al cielo y el sol matutino me aturde. Aunque no puedo garantizar que no son vainas mías, puedo sentirlo achicharrándome el cerebro. Estoy sudando de más y estoy muy consciente de mi respiración, subiendo y bajándome por la garganta como un torrente de goma, pesada, molesta, asfixiante. Esta mañana me bajé del avión, entré en el aeropuerto y me dije que “viví en Caracas la mayor parte de mi vida. Puedo sobrevivir una semana más.” Estúpido, estúpido. Estúpido.

“Entonces, bichitos” vuelve a presionarme él. Tiene la cara regordeta, los dientes un poco separados y está muy bien vestido. Parece que fuese a ver a una chica que trata de impresionar; yo no soy una chica (o no lo era la última vez que revisé), pero estoy poderosamente impresionado, aunque creo que la pistola influye mucho más en mí que su apariencia.

“Pana…” le digo. “Te juro que eso es todo lo que tengo. Estoy llegando a Caracas…” y mientras hablo, estoy pensando “¿Me veo culpable? ¿Irá a creerme? ¿Todas las personas que son atracadas tienen estos pensamientos?” Siento como si tuviese una corbata de plomo. Quiero vomitar y me sorprendo imaginándome su reacción si vomito sobre él. Aprecio demasiado la vida. Opto por contenerme. Por no vomitar.

“Ta’ bien, ta’ bien, tranquilo, vieja” dice él, yo suspiro de alivio… y me suena el celular. Blackberry último modelo, se conecta a Internet, te prepara el desayuno y te da besitos cuando te sientes solo. Él me mira el bolsillo de la chaqueta. Yo me miro el bolsillo de la chaqueta. A mi lado, un autobús da un grito y exhala una nube de humo negro, como un calamar mecánico gigante.

“Cayó esa rata, vale” dice él, sonriendo.

Puedo imaginar mi rostro de miseria absoluta, llevándome la mano a la chaqueta y sacando al que se ha vuelto el organizador de mi vida. “Las cosas que posees, te poseen” leí una vez. Ya no recuerdo quién lo escribió ni dónde lo vi.

“Ta’ bien el peluche…” me dice él, mira a un lado, guardándose el Blackberry y se pierde entre la multitud en una de las aceras cercanas. Ahí estoy, en medio de la gigantesca redoma de Plaza Venezuela, con una taza gigante de Nescafé montada en uno de los edificios a mi derecha. Solía gustarme andar por aquí, aquí crecí, en Plaza Venezuela rondé con mis panas, mi familia, mis novias. Ahora los motorizados les gritan a los taxistas, los peatones se chocan entre ellos, dos perros se pelean por el último pedazo de hamburguesa que se le cae a uno de los perrocalenteros. La torre de La Previsora (tan familiar que casi es una tía… muy gorda) me dice que son diez para las doce y toda mi ansiedad e inseguridad se concentra en una sola pregunta: ¿Fue Caracas siempre así o alguna vez esta gloria colonial en ruina fue realmente sucursal del cielo?

No paso por la casa. Voy a la boda de mi primo directamente, en un taxi que cojo ahí mismo, y que después paga mi mamá, más derrotado que paranoide. Dos cosas captan mi atención en el momento en que llego a la iglesia: la primera es que mi primo se está casando con una de mis ex-novias (luego me entero de que está embarazada). La segunda, Juanito Alimaña está entre los invitados. Ahora entiendo la buena pinta, entiendo su aroma a colonia de bebé. “Usted está entrando en otra dimensión” puedo oír en mi cabeza. “Una dimensión donde lo real y lo irreal se mezcla. La Dimensión Desconocida.”

Acabo de pagarle al taxista y ahora tomo otro taxi, que me lleve de retorno a la casa. No he saludado a nadie, no he hecho acto de presencia per sé, pero ahora soy el niño que se esconde con su mamá… siendo “mamá” una Plaza Venezuela alguna vez magnánima. Al entrar en el apartamento, sigo, autómata, a mi cuarto, lo único preservado en las condiciones en las que lo dejé. Colapso sobre la cama y a mi lado, sobre una almohada, un libro. Miedo y Asco en las Vegas. Eso era lo que estaba leyendo cuando abandoné mi entorno natural. Nunca lo terminé y ahora, poseído por fuerzas superiores a mí, lo abro. Leo el primer capítulo. Con el libro sobre la cara, me quedo dormido.

viernes, julio 16, 2010

El Hombre de la Ciudad sin Cielo

Y mientras caía
El hombre
De la ciudad sin cielo
Pudo comprender al fin
Que su vida
Era una mosca
Atrapada
Encerrada
En su propio bolsillo
Rodeada
De negras
Arañas operantes
Cuyas redes oscuras
Atrapan
Todos sus sueños
Y cayo





martes, junio 29, 2010

La leyenda del dragón occidental

(Entrevista ficticia)

Brandon Lee, el hijo prodigio de Bruce Lee, la estrella de las artes marciales en la industria hollywoodense desde las películas de acción en blanco y negro hasta las producciones a color, vivió para destacarse fuera de la sombra de los logros de su padre y escribir su propio capítulo en la historia de los Lee

A finales de la década de los ochenta las películas de artes marciales conformaron la sensación prohibida proyectada en las telas de los cines alrededor del mundo. Actores como Steven Segal, Chuck Norris y Jean Claude Van Damme representaban a las estrellas de las películas de acción que coreografiaban el kung fú que tanto hipnotizaba a la aletargada audiencia occidental.

Un importante número de filmes que entraron en el pasillo de los clásicos fueron protagonizados por Bruce Lee, quien participó en más de cuarenta producciones como actor, escritor, o director. De su estirpe nació Brandon Lee, heredero de los logros de su padre y relevo de la tradición china en el cine, mantuvo vivo el nombre Lee en las cintas de artes marciales a pesar de su corta carrera profesional.

Brandon Lee fue nativo de Estados Unidos, se mudó a Hong Kong con su familia hasta el deceso de su padre. Comenzó su carrera frente a los lentes de cámaras como modelo, rápidamente logró a su objetivo de ser actor en películas en las cuales desarrollaba su don, la habilidad especial de la familia Lee: las artes marciales. Comenzó en 1986 con Legacy of rage y Kung fu: the movie; en el 87 con el clásico Kung fu, the next generation, en 1988 con Ohara, dos años después con Mission laser; en 1991 le siguió otro indicutible clásico: Showdown in Little Tokyo, continuó en la fama un año después con Rapid Fire; y finalizó prematuramente su vida con The Crow en 1992.


El altar

Brandon Lee camina a través de un largo trecho de césped, a lo lejos se vislumbran árboles y mucha vegetación. Surgen lápidas frías a cada paso que da entre el suelo vívido. Su delgada figura se esconde entre gruesas capas de ropa multicolores: una chaqueta de cuero negro sobre una camisa de cuadros roja sobre una franela blanca. Camina mirando al frente mientras arrastra las trenzas de unas botas militares tobilleras.

Ante una multitud vestida de sombra se detiene, mira fijamente entre los rostros anónimos.

- ¿Dónde estamos?
- En el funeral de mi padre, Bruce Lee. Había muchísima gente, recuerdo que todos me rodeaban como grandes torres negras, sólo tenía 8 años. La gente murmuraba, a pesar de que era un funeral no se callaban; yo era muy pequeño para recordar lo que decían. Nunca olvidaré la cantidad de gente que había.

- ¿Por qué se mudó a Estados Unidos?
- Luego de la muerte de mi padre en Hong Kong recuerdo que teníamos que apartar a la gente, que se reunía fuera de casa todos los días, para poder sacar el auto y poder ir a la escuela. Mi madre, Linda, decidió que regresáramos a los Estados Unidos para que lleváramos una vida más tranquila… no sé si fue tan así.

-¿Era diferente EE.UU de China?
- Muy diferente, muy diferente… sí, recuerdo que todo era distinto, la escuela era muy extraña, la televisión era extraña, ¡uy!, la gente era muy diferente. Creo que a mi hermana Shannon le costó un poco más adaptarse a la cultura americana… más que a mí. Yo siempre me concentré en las artes marciales, seguir practicándolas fue la manera de estar en contacto con mis raíces chinas.

- ¿Por qué no regresó a Hong Kong?
- Pensaba hacerlo algún día; para ese entonces aún estaba muy joven para regresar.

-¿Se metía en problemas cuando era niño?
-No… bueno, no mucho, creo que lo normal (risas); los niños me molestaban tanto como a cualquier otro niño. Creo que tuve una infancia normal a pesar mi entrenamiento en las artes marciales, a pesar de que los periodistas nunca desaparecieron, a pesar de que el fantasma de mi padre, afortunadamente, jamás desapareció de nuestras vidas.

- ¿Era muy apegado a su padre?
-Sí, como cualquier niño. Mi padre comenzó a enseñarme kung fu apenas aprendí a sostenerme en pie. Los recuerdos que tengo con mi padre son de entrenamientos; en vez de jugar con carritos o figuras de acción, en mis memorias con mi padre estamos practicando patadas laterales. Mi padre fue mi maestro, aún es mi maestro.

-¿Esa es su madre?
- Sí, y mi hermana; fui el hombre de la casa muy pronto así que tenía que cuidarlas. Mi madre fue una mujer muy fuerte; y mi hermana, muy inteligente, aprendía rápido.

- Pero ella no practicó artes marciales.
- En casa no se consideraba que fuera una actividad para niñas. Era la única hija mujer de mi madre y ella nunca hubiese permitido que Shannon practicara artes marciales. Además, mi pequeña hermana tampoco estaba muy entusiasmada por hacerlo.


Operación Dragón

Lee se peina con una mano su cabellera negra que cae en grandes ondas hasta sus hombros; mira hacia el piso y no puede evitar dibujar una enorme sonrisa en su rostro. Muestra sus garrafales dientes blancos y suelta una carcajada escandalosa sin vergüenza.

Se mueve una grúa sobre su cabeza con una cámara cinematográfica de lente brillante. Un set colorido de China Town se levanta hacia el infinito, vuelan dragones grises y linternas rojas en el cielo. Salen al espectáculos centenares de extras y actores representando el caos habitual de en las calles del barrio chino de Nueva York.

-¿Quién es él?
- Dolph Lundgren, actué con él en Showdown little Tokyo; estaba tan emocionado por trabajar con él.

-¿Por qué se ríe?
- Porque era extremadamente alto, tenía que estirar mi cuello y mirar hacia arriba para poder verle a la cara (risas). Además estaba muy nervioso, yo no lo conocía, pero había escuchado tanto de él: trabajó con Sylvester Stallone y Jean Claude Van Damme. También era un experto en artes marciales, es decir, este tipo era un grande, ¿sabes?

- ¿Por qué comenzó a actuar?
- Mi abuelo era actor, mi padre era actor, creo que actuar estaba en mi destino; no fue algo que me cuestioné, siempre supe que era lo que haría. Afortunadamente yo no le tenía miedo a las cámaras.

- Su madre no quería que actuara.
- Es cierto, luego de que mi padre muriera creo que ella quería que nos alejáramos de esa vida. Pero ella debía respetar mi decisión, no había nada que pudiera detenerme.

- ¿Fue fácil comenzar?
- No, no siempre las cosas fueron fáciles. Tuve que comenzar bajo la sombra de mi padre, todos me comparaban con él, tenían unas expectativas diferentes a lo que yo tenía que ofrecer. Debía demostrar que mi padre y yo éramos dos personas diferentes; nunca pude liberarme completamente de la etiqueta del “hijo de Bruce Lee”.

- ¿Cree que tuvo éxito?
- No lo sé. Los primeros años fueron duros. Hacía muchísimas audiciones pero yo nunca era lo que buscaban, me decían que era muy joven, inexperto, que no había cabida para las artes marciales. Aún así siempre trabajé duro para obtener algún papel, siempre tuve en cuenta mis metas y sueños.

- Pero al final del día hay que llevar la comida a la mesa.
- Esa no era mi prioridad. A mis veintitantos tenía una fama en bancarrota heredada de mi padre. El peso de ser el hijo de Bruce Lee no era más que una carga muerta más que una virtud; la gente me conocía por eso… pero no me hacía famoso, no me daba dinero; era sólo una reputación equivocada.

Llegaba a casa con miles de cuentas por pagar y muchas deudas, yo vivía la historia repetida de los actores que van a Hollywood con esperanzas de grandezas. Nunca me he quejado de eso; aprendí mucho de esas experiencias.

- ¿Le costó desenvolverse profesionalmente?
- No, no realmente. Hacía lo que me gustaba la mayor parte de las veces: practicaba artes marciales lo cual era mi especialidad, me divertía mucho en las coreografía de las peleas, siempre quise participar en esa parte creativa de planificar luchas. Creo que mientras actué siempre demostré una parte de mi mismo; afortunadamente soy muy escandaloso e irreverente. No tengo vergüenza de hacer el ridículo.

- Nunca hizo papel de villano.
- No creo que luciera como un hombre malo (risas)… soy demasiado lindo para eso (risas). Bueno, no sé por qué siempre hice de héroe o del good cop, creo que realmente yo no daba esa impresión de villano; aunque hubiese sido divertido.


La maldición de los Lee

Lee enciende un cigarrillo, aspira rápidamente y expira profundo una blanca bocanada de humo como una nube expedida por un dragón mágico antes de escupir fuego. Vuelve a peinar su cabello con sus dedos y se toca el arete en su oreja.

El cielo se torna negro y la ciudad se transforma en ruinas cubiertas por grafittis desteñidos. Surge un vapor fantasmal de las alcantarillas mientras una brise helada se hace presente. Las criaturas de la noche salen para completar el escenario punk de una ciudad que ha sido abandonada por la fé.


- Esa sonrisa suya debe ser un imán para las mujeres.
- Lo es. Pero yo no tengo ni el más mínimo interés en las mujeres a quienes sólo le atrae mi físico.

- ¿Se ha enamorado?
- Sí, una vez, antes de irme. Fue amor a primera vista, me enamoré de Lisa (Eliza Hutton) en cuanto la vi. Ella trabajaba en una empresa de casting, no le impresionaban los actores ni los niños lindos; me costó mucho conquistarla.

- ¿Estaba nervioso?
- No, de hecho estaba muy emocionado, ¿sabes? Sentía una ola de adrenalina, estaba ansioso; no nervioso. Quería impresionarla, por eso creo que pequé de egocéntrico y ególatra frente a ella. No pude controlarme, hablé mucho…. y muchas estupideces.

- ¿La conquistó?
- Sí (risas), nos íbamos a casar después de terminar de filmar El Cuervo (The crow). Ella fue la única que decidió encargarse de “este desastre”… soy un desastre. Todas las chicas anteriores querían cambiarme, ella me aceptaba como era.

- ¿Cree en la maldición de su familia?
- No, mi padre murió muy joven por accidente; un día cerró los ojos y nunca más los abrió. Así nada más. Es lo que siempre he creído desde niño; no tiene nada que ver la mafia china ni conspiraciones. Lo mío fue otro accidente, una casualidad… más joven que mi padre, a los 28 años. Qué poético, ¿no crees?

- ¿Por qué tomó ese papel en El Cuervo tan diferente de los anteriores?
- Es el mejor guion que he leído. Era sobre un hombre profundamente enamorado que vuelve de la muerte para vengarse de lo que le hicieron a él y a su prometida. Me sentía muy identificado con el personaje de Eric Draven. Ambos estábamos enamorados, ambos pelaríamos hasta el final por lo que amábamos, y estoy seguro de que yo también volvería de la muerte por amor (risas). Es una historia hermosa, la verdad.

- Pero él es un asesino.
- No creo que fuera una persona mala sólo por buscar venganza, por aplicar justicia en un mundo donde lo justo se había desvirtuado. Es un concepto hermoso el cual este vengador aplica justicia y de alguna manera reivindica lo que verdaderamente es importante: el amor. Es un héroe.

- No es el Hombre Araña ni Superman.
- No, es otra clase de héroe: es el representante de quienes de alguna manera somos diferentes, que vivimos en las sombras, que nos rehusamos a seguir a la multitud… sólo seguimos nuestros sueños. De alguna manera me sentí como un súper héroe al interpretarlo.

- ¿Se siente cómodo aquí?
- Muy cómodo, puedo hablar con mi padre cuando quiera y conocerlo mucho mejor. Aquí te das cuenta de que no existe nada trivial, ni siquiera los detalles. Puedes ver veinte puestas de sol y te das cuenta que ninguna es igual, todas son únicamente hermosas… es algo ilimitado, infinito, más allá de uno mismo.

- ¿Extraña a su familia y amigos?
- Sí y no; los extraño pero no siento melancolía. Los volveré a ver a todos.

- ¿Recuerda su último día de rodaje en El cuervo?
- Era la 1 de la madrugada; estaba agotado. Michael Massee en el personaje de Funboy debía dispararme; recuerdo el sonido del arma: un gran ¡bum! que aturdió mis oídos. Caí al piso y no pude levantarme, creía que era porque no tenía fuerzas por el cansancio. Me quedé un rato con los ojos cerrados hasta que ya no estuve cansado.


Lee es representante bastardo de la “Generación X”, la misma prole que vio crecer a Kurt Kobain, quien tuvo un fin igual de trágico; auspiciante del escritor Bret Easton Ellis y su American phsyco: el asesino cool que se convirtió en ídolo pop y le dio otra dimensión a los best sellers; la familia que acobija a todos los desterrados con piercings en el ombligo y tatuajes en el antebrazo. Es un héroe atemporal de la secta de los valores reinventados. Actualmente es un santo de las subculturas de culto a las tendencias góticas.

Hoy Brandon Lee tendría 45 años.