miércoles, octubre 22, 2008

Bitácora

En una galaxia lejana con una atmósfera casi habitable, dos especimenes, aparentemente de la misma especie, practican un ritual de comunicación extrasensorial mientras consumen un brebaje humeante. La criatura de menor tamaño y más frágil divisa gotas de líquido transparente adheridas a una superficie traslúcida que los cobija del incierto clima. El ecosistema peculiar que frecuentan rompe la armonía del ambiente desolado que los rodea ya que posee una advertencia luminosa en su planta superior que deletrea “Cafetería”. Una traducción preliminar del extraño lenguaje ha concluido en la siguiente transcripción.

- ¿De dónde viene las estrellas, Mariano?
- Las de Hollywood, de la cirugía plástica; y las del cielo, no sé… no me gusta especular hasta donde no llega mi pensamiento.
- ¿Es muy complicado?
- No, es muy lejos.
- ¿Y si se llegara a caer una? Estaría lo suficientemente cerca para especular.
- Tómate el café que se te va a enfriar. Y no hay nada peor que un café helado.
- ¿Por qué no?
- Porque son como las oportunidades que no aprovechaste. Te lo tienes que tomar caliente… recalentado, ya no es lo mismo.
- Mariano, yo soy una estrella caída. Como soy del espacio y no de esta tierra a mí me gusta el café frío.
- Está lloviendo a cántaros, “Estrellita”, tómatelo rápido o te puedes enfermar.
- Como me gusta cuando me cuidas. Te quiero.
- Cállate ya.

El espécimen más pequeño estira horizontalmente los labios de su cavidad para la alimentación dejando mostrar sus dientes. El espécimen de mayor tamaño toma un sorbo del infusión parda y luego se enreda, entre una de sus extremidades superiores, extensiones de células anímicas nacientes del cuero cabelludo del otro miembro de su especie. El pequeño, se aproxima a su par y lo rodea con ambas extremidades superiores; el otro responde apoyando su encéfalo sobre el cráneo del pequeño.

Extraño comportamiento.

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