jueves, marzo 08, 2012

Ayer

Cuando pasó un día no me preocupé; tampoco me acordé de ti. Tal vez solo un poco, y entonces sonreí. Entre  sonrisas incógnitas y leves movimientos de mi cabeza, cerré mis ojos y pensé que todo fue comparable a un juego de niños. "No te extrañaré, todo se olvidará, nada pasó"; pensé.

Otro día murió y la noche cubrió el vestigio de mi ser, como siempre, anocheció y me desdibujé en un fantasma. Comencé a extrañar tu mano sobre mi pecho, tu pierna sobre las mías, tu respiración agitada, tu sutil tacto. Estabas tan asustado y yo tan deleitada.  Entonces sonreí... aún no lloré.

Al tercer día amanecí extrañándote; dándome excusas sobre lo que hiciste crecer en mi. No es amor obviamente, entonces qué es; me pregunté. Me escondí entre las sábanas y te imaginé. Te reviví. No, no es amor, tristemente. Ojalá estuvieras aquí.

Entonces, al cuarto día me hablaste de tonterías. Yo sabía que me querías decir algo más; pero esas palabras no llegaron. Y tu te fuiste, miedoso. Yo no quise ponerte en evidencia, ni molestarte, ni alejarte, ni incomodarte porque te quiero. Tu te debes respuestas, y aunque mi conciencia está descaradamente limpia, te extrañé.

El quinto día me hice una taza de café, muy fuerte y dulce. De repente te recordé... Lloré. Me puse nerviosa, ansiosa. Apagué las luces, subí el volumen de la música y bailé hasta desfallecer. No pude ver mis lágrimas, ni siquiera sentirlas. "Por qué estoy tan triste", grité. No dormí... te imaginé. A ti y a otros verdaderos y falsos. entonces comprendí.

Al sexto día me di cuenta que escribí estas líneas como si viviera en el futuro solo para no colocarme en el presente y darme cuenta que vivo en el pasado. Por qué te extrañé si no te amé. Nunca te amé. No te amo. Pero quisiera saber si llegaría a amarte. Ahora entiendo.

Temblé de temor.

jueves, febrero 23, 2012

FanFic CLAMP ¿Sueño o realidad?

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Ni Yue ni Clow son personajes surgidos de mi mente, ellos junto con todos los demás de CardCaptor Sakura pertenecen a CLAMP ^^

Contada en primera persona, mi manera narrativa favorita LOL

Esta historia transcurre en Austria porque Symond trás La guerra de los siete años decide quedarse ahí, pasando algo de tiempo con sus hijos (tenidos con la hija de un socio austriaco de su padre mucho tiempo atrás) y sus respectivas familias además de formar parte de un grupo muy particular llamado Los Iluminati con su antiguo amigo y protegido, Ian Hagen :3 pero centrandonos en Clow, éste, no sólo ha viajado de Inglaterra a Austria para ver a su amigo sino porque siente grandes deseos de encontrarse con el mago Joseph Pinetti. Esto lo digo sólo para situaros un poco ^^


FanFic CLAMP

El mago más poderoso del mundo - ¿Sueño o realidad?


-¿En qué piensas, Clow? -Me preguntaría Symond arrugando la frente ligeramente preocupado.


Apartando mis ojos de las cartas, cuyo único dueño en ese momento era yo, dispuestas entre mis manos cúan abanico de naipes, suspirante, respondí:


-Nada que pudieses comprender. -


Y cerrando el dorado y rojizo abanico compuesto por las cartas magicas, las colocaría apiladas sobre el libro que les servía de principal hogar lejos de mis manos o los bolsillos de mis ropas. Acentúando las arrugas de su frente, Symond replicaría con los ojos entrecerrados:


-Pero si me lo cuentas, podría intentarlo. -


-Me gustaría hacer algo especial para Marion pero temo usar las nuevas cartas, todavía no me obedecen de igual modo que las otras. -Le conté pues sabía que aún sin entender la naturaleza de las nuevas cartas, se esmeraría en brindarme una solución al problema como siempre había hecho. Pasandose los dedos por su anaranjada y fina barba diría sonriente:


-¿Eso es todo lo que te anda preocupando últimamente? Pues pídele que te eche una mano a Canción o a Flor. Ellas son muy majas. -


-No porque sé que están de parte de Yue y no me apetece tener que obligarlas a hacer algo que no querrán hacer. -Le hice saber rememorando que las cartas poseían su propio caracter además de poder o atributos magicos. -Bueno, quizás podría hacer algo interesante con Flote. -Reconsideré pensando en voz alta, olvidando por completo a Symond, que encogiendose de hombros con los ojos cerrados abandonaría el que se me había asignado como dormitorio.


Aceptando la repentina idea, quisé comprobar si la criatura sería capaz de soportar nuestro peso. Hasta ese momento Flote tán sólo había elevado objetos, de muy diverso tamaño y material pero objetos inanimados durante el tiempo que fuese necesario mantenerlos suspendidos pero nunca había antes lo había hecho con un peso extra y claro, temía que la pobre no tuviese la misma fortaleza pero al parecer al ir transcurriendo el tiempo, las cartas al igual que mi propia magia, se fortalecía y sí era capaz.


-Pero procura no ser muy traviesa, algo tranquilo, ¿entendido? -Le advertí conociendome su caracter bromista y en ocasiones, abusón. Haciendo que retomase su apariencia anuladora de carta dandole un toque con mi resplandeciente bacúlo, el gran globo que cuyas finas cuerdas sostenían la silla en la que me había sentado perdería su material cuerpo provocando que la silla cayese al suelo ruidosamente. Al instante siguiente, las ágiles y rapidas patas de Kerberus resonarían apróximandose a la habitación acompañadas de un grito que se asemejaba a un fiero rugido:


-¡¿AMO CLOW?! -


Parado en el marco de la puerta, agitando su cabeza de izquierda a derecha, con los ojos desorbitados examinaría el interior del dormitorio. Reprimiendo las ganas de reir, adoptando una pose más elegante, le pediría saber a qué se debía esa actitud con mirada burlona. El felino naranja meramente vestido por el dorado y grueso collar que cubría su peludo y blanco pecho una redondeada gema de tonos carmesí a juego con la otra gema que poseía el casco de similar material dorado en torno a su rostro replicaría contestaría inquieto:


-¡Oí un fuerte ruido desde abajo y vine a asegurarme que nadie le había atacado! -


-¿Y quién crees que querría atacarme? -Le pregunté divertido. Mi gallardo guardían no sabría que responder, para tranquilizarle, añadí. -Como ves estoy perfectamente. Continua jugando con Yue abajo. -


Kerberus, suspiraría pasandose por la frente el dorso de una de sus manos de fiera pero antes de girarse para alejarse, bajando la cabeza musitaría:


-Está bien pero lamento decirle que Yue no está abajo. -


La expresión de mi rostro cambió súbitamente. Levantandome, no tardé ni un instante en lanzar la pregunta que delataba mi inminente desasosiego. Kerberus ni alzaría la vista al contestarme.


-Entonces, ¿dónde ha estado durante toda esta tarde? -Las palabras saldrían abruptamente.


-No lo sé. -Dijo Kerberus. -Últimamente apenas comparte conmigo lo que le pasa. -


Clavando mis ojos en la baraja, cúal padre disgustado, exclamé:


-¡Si alguna de vosotras tiene algo que ver con la desaparición de Yue, ya puede ir dando la cara o me veré obligado a castigarlas a todas! -


Desaparecer, dandose por aludida, sería la única en adquirir su verdadera apariencia para indicarme que ni ella y ni sus compañeras habían tenido nada que ver pero me fué difícil creerla ya que sentía mi magía emanar desde algún punto de la mansión o no muy lejos de ella. La menuda muchacha que se tapaba parte de su bello y blanquecido rostro con un largo pañuelo blanco negaba con la cabeza a cada acusación que yo exponía en su contra. ¡Pobre criatura! Hasta que Espejo no apareció en defensa de las cartas, Desaparecer no se atrevía a decir palabra, sólo se concentraba en ocultar su congoja tras su pañuelo blanco.


-Amo Clow, Desaparecer no ha hecho nada malo esta vez, ella sabe que Yue es su maestro tál y cómo nos explicó pero tiene razón en asegurar que se trata de una carta. -Me explicaría con las manos colocadas sobre la cadera. Era una copia perfecta mia pero su caracter no había logrado ser captado por ella con la misma maestría. Suavizando mis modales, habiendo disculpado previamente con Desaparecer, charlaría un poco más con su defensora.


-Perdonadme si me he dejado llevar un poco por la inquietud pero si Desaparecer no ha hecho nada como la valiente Espejo me ha informado, ¿cúal de vosotras podría hacer algo así? -


-No lo sabemos, todavía estamos conociendonos entre nosotras. -Me confesaría Espejo, desviando la mirada timidamente. -Pero estamos seguras de que tú que nos has dado vida y parte de tu poder a cada una la conseguirás encontrar. -


-Bueno, eso espero y con ella a Yue. -Admití ruborizandome ante tanta seguridad en mí. Supongo que para ellas era una especie de dios ya que les había dotado de vida y magia, a partir de mi propia magia muy parecidamente a lo que se decía en el Genesis que había hecho Dios con todo lo existente. Dando un hondo suspiro, agregué. -En ese caso, me convendría usar la brujúla magica que creé basandome en la que poseía Fei Wang Li. -Anunciaría y a continuación me pondría a rebuscar entre todos los cajones de la comoda, la mesita e incluso del armario hasta que la evidente ausencia del objeto magico me haría rememorar que debía de haber olvidado traerla a Austria. Extrañados Espejo y yo nos devolveríamos una mirada de aturdimiento antes de que ésta retomase su apariencia de carta. No me quedó más remedio que buscarla guiandome en percibir su presencia, Kerberus no dudó ni un instante en ayudarme en esa labor. Al salir del dormitorio todo cobraría un aspecto ligeramente distinto, como si la información que llegaba desde mis ojos a mi cerebro no estuviese bien o faltasen detalles que facilitarían el reconocimiento del lugar por él cúal nos desplazabamos. Los pasillos se me antojaban más largos e interminables de lo que en realidad debían ser, los colores de las paredes parecían ennegrecerse produciendo que los limites entre pared y techo hubiesen sido absorbidos.


-Amo Clow, ¿qué demonios está pasando? -Querría saber el atónito guardían con figura animal. -No comprendo el motivo por el que las paredes y el techo se han unido. -


-Yo tampoco, Kerberus pero tenemos que lograr llegar hasta el piso de abajo. -Le respondí procurando convencerme a mí mismo que eso no podía ser real, palpando las parades pero mis dedos no chocarían contra nada solido. Kerberus no pararía de mirarme como un chiquillo que ha depositado toda su confianza en un adulto creyendolo más apto para encontrar la solución al problema. Yo le miraba con la frente arrugada, intentando mantener la calma pero me sentía igual o más desorientado que él.


-¿Qué se supone que haceis ahí parados? -Me sobresaltaría la voz de Symond.


-Pues... ¿Es qué no ves lo que pasa? ¡No hay paredes! -Le respondí aferrandome a él cerrando los ojos angustiado, sin poder mantener las apariencias más tiempo. Soltando una sonora carcajada mientras me separaba, soltaría:


-¡Claro que las hay! Oye, ¿no habrás vuelto a beber de más? -


-¡¿QUÉ?! -Gritaría elevando mi voz a causa de la sorpresa y el desagrado al oir como el borracho más borracho de toda Gran Bretaña insinúaba que yo había bebido más allá de lo inimaginable. -¡Cómo te atreves! Yo tengo mejor beber que tú y bueno, lo de esa vez fue... ¡Sólo fue esa vez y perdí el conocimiento! -Agregarían sintiendo mi ira crecer y crecer aprimiendome el pecho y elevando mi voz hasta tonos muy agudos.


-¡Es verdad! -Replicaría él echandose a reir con mayor contundencia. -En ese caso, te dejo disfrutar de este sueño. -Añadiría con una mirada más pícara que de costumbre, moviendo sus orejas cúal duende travieso pero sujetandole por la manga, logré retenerlo unos pocos momentos más para pedirle una explicación.


-¡Espera! Symond, ¿qué es de que estoy en un sueño? -


Pero golpeandome para liberar su brazo con brusquedad yendo a dar su codo contra mi cara, se iría sin darme una respuesta satisfactoria. Trás un largo resoplo, me ví obligado a continuar la extrambotica busqueda sólo y para aumentar la desgracia, más confundido. Kerberus trató de animarme pasando su larga y humeda lengua sobre una de mis mejillas.


-Gracias, Kerberus, al parecer sólo puedo contar contigo. -Le dije con voz nasal mientras esperaba a que la sangre dejase de fluir bajo el pañuelo que había tenido que posicionar sobre mi nariz.


Avanzando otro poco más, con una continua sensación de desequilibrio en nuestra percepción de la realidad, nos topamos con las escaleras. Rodar como un rombo no tuvó gracia alguna pero levantandome me forcé a reir al ver descender a mí lado a mi guardían de doradas y amplías alas. Los oscuros tonos que nos habían rodeado como pinceladas sobre cada parte del pasillo parecían haber ganado saturación, lo que imposibilitaba la visión.


-¡Resplandor! ¡Por favor! ¡Líberate! -Pediría a la carta que consideré más adecuada para alumbrarnos. Mi tono de voz ciertamente sonó más suplicante que autoritario pero dadas las circunstancias y que esa era una de las creadas en una época tán turbulenta, no conseguía sacar la misma confianza que sacaba con las otras. Como si de una pequeña luciernaga se tratase, la pequeña criatura planeaba veloz a nuestro alrededor iluminando nuestra pequeña porción de la entrada. Sólo al alzar la vista podría ver en el techo lo que se asemejaba a una gran bola plateada cuya luz hubiese sido apagada hacía años y años. Para nuestro asombro, se iluminaría justo con el leve roce del cuerpecito de Resplandor al pasar por su lado.


-¿Y bien? -Me cuestionaría alguien, cuya voz me resultaría vagamente familiar. -Si te encuentras aquí, es porque ya te has aclarado ¿no? -


-¿Aclararme? ¿¡En qué!? -Exigiría saber frunciendo el ceño, sintiendome observado desde un punto lejano a la esfera luminosa de gran tamaño. Kerberus se prepararía para atacar encogiendo su cabeza mientras separaba sus patas al mismo tiempo que erguía sus magnificas alas.


-En ese asunto que atormenta tu ser tanto. -Anunciaría la voz y una figura se dejaría ver al dar un paso al frente. Esa figura correspondería a un hombre joven ataviado por bellas ropas de terciopelo blanco y algunos bordados plateados pero nada acordes con las diseñadas en este momento, es decir, largar chaquetas con algún que otro exagerado detalle, camisas de lino bajo un chaleco y ajustados pantalones hasta la pantorrilla. Sin olvidar que su sombrero no era picudo y realizado con cuero sino aterciopelado y acompañado por una fina pluma. Si se trataba de quién comence a sospechar, no podía ser. ¡No podía ser mi padre! Con una ansiedad que se desbordaba, llenandome de valor, grité:


-¡Por un casual, ¿no serás John Reed Jones?! -


-Sólo si la persona que tengo ante mis ojos se tratase de Clow Reed Li. -Bromearía alzando su rostro mientras saludaba con cortesía apartando el sombrero plateado de su cabeza revelandome así su apuesto rostro, rostro de un fantasma, sin lugar a dudas.


-E...Esto no puede ser real... -Susurraría, Kerberus voltearía su cabeza pues sólo él pudó oirme.


-Deseas saber dónde está tu ángel guardían ¿no? -Hablaría pasado un instante de tenso silencio. Tán tranquilo y alegre como yo me esmeraba en imitar. -Siempre quisiste tener una relación más profunda con él ¿lo recuerdas? Y sin embargo, ahora que podrías tenerla, te asusta ¿verdad? Pero si te has lanzando en su busca, nada más oir que no estaba dónde tú pensabas, lo has dejado todo para encontrarlo. -Continuaría hablando, estaba tán en lo correcto con respecto a mi relación con Yue que no me atreví a protestar. -Le prefieres a él y siempre le preferirás y él os siempre os corresponderá. -


-Pero eso es gracias a la magia que nos une. -Lograría replicar bajando la cabeza, sonrojado.


-¿Y tán sólo por ese motivo te apartas de la única criatura que te amará pase lo que pase? Amar sin amar realmente es aún peor, más corazones serán rotos al cabo del tiempo. -Me advertiría sin dejar de sonreir y encogiendose de hombros agregaría. -O dandose el caso de que en verdad las ames, tarde o temprano, moriran y serás tú quién acabé desgarrado. -


-Aún siendo así, estaría mal. -Diría yo apretando un puño sobre mi pecho, observando como el suelo se llenaba de formas brillantes que me recordaban a la luna en sus variadas fases.


-¿Por qué? Antiguamente ya existía el amor entre varones y ¿sabes lo que se creía acerca del movimiento de los astros? Los antiguos adjudicaban ese acercamiento al deseo que tenía cada astro de estar junto a otros astros. -Me expondría, dejando bien claro sus conocimientos en contraposición a la imagen de chiflado que siempre ofreció. -Yo sé dónde encontrar a tu ángel guardían pero si de verdad lo quieres recuperar, tendrás que abandonar a Marion y amarlo a él. -Me propondría finalmente mi padre o el ser que había adoptado su imagen.


-¡Pero eso destrozaría a Marion! -Bramaría yo que probablemente si no la amaba tán profundamente, la amaba de otra manera y no deseaba hacerla sufrir y recordando las palabras de Espejo añadiría, poniendome en mi lugar como creador y consecuente amo suyo. -¡Además, si eres una carta que goza del uso de mi poder porque tendría que ser yo quién te obedeciese! -


Encogiendose de hombros, respondería:

-Porque en el fondo sabes que tengo razón pero como tú digas, Amo Clow. -


En su voz pudé apreciar un deje de malicia pero no me importó, no iba a permitir que esa criatura continuase jugando conmigo o con mis sentimientos. Yo a mis cartas les dejaba hacer muchas cosas e incluso para afianzar nuestra unión compartía recelos con ellas pero eso ya había pasado de castaño oscuro, había traspasado la linea. Concentrandome y sosteniendo el bacúlo que brillaría intensamente entre mis dedos, procedería a obligar a esa carta a tomar su forma menos peligrosa.


"Criatura nacida de la magia,

como tú único amo, te ordeno

que regreses a tu forma habitual"


No fue fácil imponerle mi voluntad pero al volver a abrir los ojos, en mi mano se encontraría una de mis cartas recien creadas. Sueño. Me quedé sin habla. Kerberus, que no se había apartado de mí en todo el tiempo que la carta había estado activa, frotaba su cabeza contra mi. Sin decir palabra, guardaría la carta que cayó sobre la carta Resplandor y me desplazaría hacía el salón. Llevandome una mano al pecho, suspiraría aliviado al ver a Yue sentado en el suelo con las manos apoyadas sobre su hermoso rostro de finos rasgos y claros ojos que no parecía mirar hacía ningún punto en especial. En el largo y cómodo sófa, Symond reposaba con una enigmatica sonrisa en su rostro. El sueño había sido anulado pero mordiendome el labio inferior con el superior, la sensación de inseguridad se quedaría unos momentos más conmigo.





viernes, octubre 28, 2011

ROJO RELATIVO Historia 16




Así aparece Rezo en el Anime X3 Más que un sacerdote o un monje parece un cardenal pero molan mucho sus ropas, son muy distinguidas ^^ A lapiz y coloreado, espero que os guste ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Christine y Erik son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss Whoa Back Off
Ferrissian DiCaillum es personaje original de QP/Diana
Themis Ulcies es personaje original de RagnaBlast
Los demás personajes que pueden surgir en el FanFic son cosa mía y si no lo son, os lo hare saber ^^
La historia se cuenta en primera persona. Según Rezo, según Zelgadiss, según ambos o según otro personaje, de los relevantes
Esta historia surge de algo que AmberPalette comentaba en uno de sus alucinantes dibujos. En uno de los último capitulos del anime Evo-R de Slayers, Xelloss y Rezo tienen un encuentro y pa mí, por el modo en que se dirige el uno al otro y viceversa, esos dos se conocían de antes... Pero a lo mejor no tanto, bueno, yo he querido escribir un posible encuentro anterior. A Sylvestrix también se le ocurrió pero mi historia no tiene nada que ver LoL (No me copio ><)

FanFic Slayers
Rojo Relativo - El monjecillo travieso

-¡Vaya! ¿Se puede saber que hace un erudito vestido de rojo entre tantos bandidos? -Exclamó una voz frente a mí. -¡Parece uno de esos chistes faciles que tanto le gusta contar a los guardias! -Añadió con voz encantadora pero maliciosa.
Como aún seguía algo aturdido por los golpes que me habían arreado antes de ir a parar aquí, a lo que pude figurarme sería una oscura y sucia mazmorra o celda, no le ofrecí palabra alguna.
-Es que hacía tiempo que no veía por aquí a alguien tán interesante. -Continuaría hablandome como si quisiese ser mi amigo pero cargado de malicia hasta que alguien, uno de los sinverguenzas con los que tendría que pasar, sepa Ceipheid, varias noches, le soltó:
-¡Le dijo el monje al otro monje! -
Y todos excepto nosotros dos se echaron a reir a carcajadas. Aquello me dejaría perplejo, no creía encontrar a alguien así en un lugar como ese. Incorporandome con esfuerzo, todavía un poco magullado y la cabeza dandome la lata, con un dolor palpitante, intenté saber de quién se trataba.
-¿Es cierto que sois un erudito? -Le pregunte como si tratase con un igual, claro que debido a mi ceguera nunca lo seriamos completamente. El sonido de sus ropas al arrugarse me señaló que se había encogido de hombros y el suave sonido que produjeron sus cabellos al moverse al son de su cabeza, me indicó que habría ladeado la cabeza sin decir palabra, como lo haría un mimo. Insistí:
-¿Sois o no sois un erudito, un estudioso, un monje? -
-¿Acaso no podeís verlo? -Respondió muy consciente de que era ciego, seguramente, para ofenderme, como habrían hecho tantos otros.
-¡Es ciego idiota! -Le hizo saber otro de los bandidos a gritos -¡O sea, todavía más inútil que tú! -
Todos volvieron a reir sonoramente pero pude percibir o eso pensaría en aquel instante que a aquel monje no le agradó que le consideraran un inútil. Sus musculos se tensaron y destensaron emitiendo una especie de click como si una cerradura hubiese sido abierta o cerrada pero sin perder esa voz encantadora y animada, le dijo, poniendose a su lado de un modo que no logré adivinar:
-Brutus es tán ingenioso ¿verdad, Rezo? Qué pena que su papaito no piense igual que nosotros. -
Mientras lo decía un desagradable sonido acalló las carcajadas, me recordaba al quebrar de huesos, un apretar de dientes le acompañaba. Aunque eran tipos muy duros, que habría aguantado toda clase de abusos por parte de sus padres, sin sentir respeto por nadie o por nada excepto el oro, aquel monje sabía tenerlos a raya. Con voz suave, como la que pondría una madre trás haber castigado a su pequeño, le dijo:
-Brutus, ¿a qué no hará falta recordarte después de esto que no hay que interrumpir a los hombres con más cerebro que tú? -
-¡No! -Gritó a punto de echarse a llorar como llevado por un gran miedo y dolor.
-Me alegro. -Le respondería el monje golpeando su cabeza contra la pared de frias y desiguales ladrillos de piedra antes de regresar a mi lado.
-¿Por dónde ibamos? -Preguntó hacíendose el desorientado. -¡Ah ya! Pues respondiendo a tu pregunta, sí, soy un monje pero no fue algo que yo eligiera. ¿Te gustaría saber algo más? -
-¿Cómo sabes quién soy si jamás nos hemos encontrado antes? -
-Buena pregunta... Es más sencillo de lo que parece, vuestras obras son tán conocidas como el nombre que os ha dado la gente, Monje rojo. -Me respondería pero en voz muy baja, tán baja que apenas parecía un susurro. -Es que Rezo es un nombre como que muy de monje ¿no? -Diría a continuación en voz alta.
Hablar con él era como hablar con un bufón, nunca sabias cuando iba en serio y cuando se estaba riendo en tu propia cara pero lo que me inquietaba era el modo en que se desplazaba, se movía sin que sus pies hiciesen ninguna clase de sonido sobre el suelo. Los demás le temían, no era un monje normal y corriente. Sin embargo, lo que yo sentía al tenerlo cerca no era ese miedo tán silencioso y predominante sino curiosidad, una curiosidad que crecía y crecía pues cada vez que trataba de saber su nombre o algo menos ambiguo sobre él, él con una voz burlona o traviesa exclamaba:
-¡Eso, mi querido Rezo, es un secreto! -
Y me dejaba sin saber que pensar, con una cara de incomprensión y fastidio notable porque o bien se volvía a burlar de mí o no quería compartir nada conmigo. Lo único que me hacía sonreir un poco, mal por mi parte, era que se comportase así no sólo conmigo, el monje ciego, también había mucha malicia o perversión para los bandidos o criminales que esperaban su veredicto en aquella celda. Yo lo consideré como un amigo, un amigo algo excentrico y gamberro hasta que un día ¿me traicionaría? Bueno bien pensado, proveniendo de un ser como él, no era de extrañar pero nadie me lo advirtió y caí en sus juegos como todos los demás.
-¡Cura a mis hombres! -Ordenaría con tono amenazante y malhumorado uno de los bandidos colocandose frente a mí.
-¿A qué os referis? -Pregunté fingiendo no saber que era capaz de curar, a lo que él respondería con tono más autoritario:
-¡El otro monje dice que puedes curar a la gente! ¡Cura a mis hombres de una jodida vez! -
-No, no lo haré a menos que empeceis a tratarme un poco mejor. -Me opusé tratando de ponerme en pie frente a él con el ceño fruncido pero el bandido insistiría por la fuerza y agarrandome me llevaría hasta aquellos que necesitaban de mi magía curativa.
La verdad es que estaban bastante heridos, por un momento, incluso me dieron bastante pena. Algunos de ellos eran realmente jovenes, me figuré que esas contusiones se las habría causado el otro monje, al que yo consideraba como un amigo. Nunca me había infligido tales golpes, por lo que por muy cruel que fuesen a veces sus palabras, era con el único con quien hablaba allí dentro. Me dejó frente a ellos como a un trapo viejo y les dijo:
-¡Veamos si es verdad lo que dice el otro monje! -
Suspire y me arremangandome las mangas de la tunica les pedí que se fuesen colocando de uno en uno frente a mí. Ellos obedecieron, algunos un poco asustados, otros, sencillamente, incredulos. Los incredulos me amenazaban soltando cosas como esta:
-¡Más te vale que sea verdad! O si no... -
Yo les decía sonriendo sin muchas ganas de hacerlo, por cortesía:
-Por favor, dejeme hacer lo que me ha exigido su jefe, cuanto antes lo haga, antes volveré a mí rincón. -
Aunque podría haberme puesto gallito. Bien pensado, con ese fornido jefe que tenían tán cerca de mí, no habría sido buena idea. Ellos se iban quitando las camisas o las botas para luego arremangarse los pantalones según la zona afectada. Ellos ni me pagarían ni me lo agradecerían pero al menos no me pegarían o se dirigirían a mí del mismo modo que lo hacían antes. Colocaba mis manos sobre ellos, recitaba el conjuro que consideraba adecuado y como un curandero cansado o cargado de tedio, les pedía que me confirmaran si su mal se había ido o no. Lo que hacía con sumo gusto para niños, hombres y mujeres o ancianos que aún podían ofrecer mucho a la sociedad con los bandidos o meleantes se convertía en un trabajo forzoso. No vería en ellos pizca de bondad o agradecimiento por ello sólo me requerían cuando el otro monje se las hacía pasar canutas. Y daba gracias a Ceiphied pues ya no era un monje inútil, sólo un monje.
-¿Quieres qué te de un consejo, Rezo? -Me soltó un día el monje cuyo nombre nunca me decía pero que uno de los bandidos solía creer que era Xelloss o algo parecido.
-No, no quiero nada que provenga de tí. -Le contesté sintiendo una profunda amargura.
-Qué dulces palabras. -Comentaría él como si quedase embriagado de algo que sólo el podía percibir. -Te lo daré de todos modos. ¿Nunca has pensado en aprender y ejercitar magía negra además de la blanca? A veces si uno quiere conseguir algo, debe valerse de otros metodos, aunque no sean del todo correctos. -
Y se marchó sin hacer ni un leve ruido, me dejo muy pensativo. Mil pensamientos cruzaron mi mente, algunos buenos, otros malos, pero si algunos otros hechiceros que había conocido usaban sus conocimientos de modo no tán correcto, perdiendo sus puestos en asociaciones de hechiceros, sin importarles, y habían conseguido cuando todo el mundo se lo negaba sus objetivos, ¿tán malo sería que yo hiciese algo parecido? Uno de ellos me dijo si quieres alcanzar el cielo antes tendrás que atravesar el infierno. Cúan acertadas me parecieron esas palabras. ¿Acaso no es verdad eso de que el fin justifica los medios?
-Rezo, Rezo, eres demasiado bueno para vivir en un mundo como este. -Se limitaba a decir el monje, Xelloss, meneando la cabeza más de una vez. -Todo el mundo te detesta, de un modo u otro, porque eres diferente, no encajas en las bases que han ido construyendo al formar esta sociedad. Y es por eso que deseas curar tus ojos. Un deseo egoista pero todos tenemos deseos egoistas. Te deseo suerte si lo consigues -
El sí veía la cara oculta del que sería considerado santo y sólo por eso, llegué a sentir algo de simpatía hacía él pero nunca me pondría de su parte porque él no se pondría de la mia. Tratar con demonios a la larga acaba mal.


Generalmente usare, como distintivo, el rojo cuando la historia sea contada por Rezo y el blanco si es contada por Zelgadiss u otro personaje. Para que no os lieis, Relativo rojo va en primera persona LoL

martes, septiembre 13, 2011

Slayers ROJO RELATIVO




Este es el dibujo más reciente que he hecho ^^ Espero que os guste porque me esforce muchísimo y lo hice todo con rotulador negro ^^ Rezo, el Monje Rojo, tal y como aparece en el manga X3


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Erik y Christine son personajes originales de Waterlillysquiggles y Miss Whoa Back Off.
Ferrissian DiCallium es personaje original de QP/Diana.
Los demás que puedan ir surgiendo son mios ^^
Esta historia es narrada en primera persona. A veces según Zelgadiss, otras según Rezo y otras según otro personaje, de los importantes. A veces hay dos perspectivas que se entrelazan.
Yo me voy basando, principalmente, en el anime y el manga pero algunos hechos son deducciones propias o me han ido viniendo inspirada por otros FanFics, de autores y fans de enorme talento.
A veces, puede que cuele alguna historecilla en plan fabula... Pero no siempre. Lo notareis porque esas si iran en tercera persona.

FanFic Slayers
Rojo Relativo - Los pecados del padre para el hijo

-¡Es hora de despertarse! -
Me informaría una aguda voz cerca, demasiado cerca de mis oidos, tán sorprendido como molesto, lo único que podría hacer sería ponerme boca arriba llevandome las manos a las orejas. De ese modo, mi chillona informadora caería dando un sonoro golpe contra el suelo. ¡Maldición! mascullaría dolorida tratando de ponerse en pie. Incorporandome, consciente de su presencia pero sin ser capaz de encontrarla entre la inmensa oscuridad que me rodeaba, a pesar de que el sol ya brillaba con fuerza a esas alturas de la mañana, preguntaría inseguro:
-¿Isabella? -
¿A quién más conocía que pudiese mostrar el atrevimiento de entrar en mi habitación para despertarme de ese modo? Por el momento y muy a mi pesar, ella era la única persona que se había empeñado en acompañarme. Antes de chocar con ella, iba solo, como bien podía. La voz con la que me contestó me confirmaba que se había enojado.
-¡Si, maestro Rezo, soy yo! ¿Quién demonios esperaba que fuese? -
-¿Y puedo saber a qué has venido? -Le pregunté, sin comprender sus buenos motivos. -Estaba durmiendo. -
-¿¡No es obvio!? -Contestó todavía disgustada. -Cumplía con mi deber como ayudante. -Añadió tratando de adoptar una imagen más apropiada.
Me dejó aún más confuso. Rascandome la cabeza dije:
-Pues esto parece más propio de una sirvienta. -
Mis palabras debieron de ofenderle mucho pues antes de salir de mi habitación, gritó:
-¡Y Yo que me había tomado la molestia de levantarme antes! ¡Pues Ud mismo! -
Sus pasos se alejaron y todo lo último que escuché fue un brusco y furioso portazo. Con las manos reposadas sobre el regazo, me dije a mí mismo que ya que estaba despierto debería salir de la cama, vestirme y marchar a la busqueda de algún medico o sabio que me examinase y me pudiese liberar de la oscuridad en la que llevaba moviendome desde que tenía uso de razón. Encontraría a Isabella sentada en el amplio comedor del hostal, si me vió entrar, sé que fingió no verme pues ninguna vocecilla femenina me indicó que tomase un asiento a su lado. Estaría esperando su desayuno con los morros torcidos. Me quedé sentado en una de las primeras mesas que pude identificar con mis dedos y esperé a que abriese la boca. Habíamos llegado juntos y juntos saldriamos del hostal.
-Veo que has optado por salir de la cama. ¡Me alegro! -Diría poniendo voz de indiferencia hacía mí mientras me sentaba a su lado.
-Oye... Sé que esta mañana he podido ofenderte pero ¿podrías perdonarme y dejar lo sucedido a un lado? -Le pedí tomando sus manos entre las mias. -A lo mejor es cierto que estabas cumpliendo correctamente con tu deber y yo ni lo sabía. -
Ella, que acababa de echarse a la boca un trozo de pan requemado a la boca, no debió de saber como actuar ante mi caballeroso modo de disculparme, apartando las manos, tragandose ese trozo reseco a toda prisa, trataría de exclamar:
-¡¿Pero qué dices?! -
Pero casi se me ahoga. Tuve que ayudarla a expulsarlo lo antes posible. Con su cabeza alzada sobre mi pecho, recobrando un poco de normalidad, trás una tos más serenada, murmuraría:
-En realidad, no debí despertarle tán a lo bruto, la que debería pedir disculpas debería ser yo... -
-Bueno, eso ahora da igual... -Le haría saber pasandole una mano cariñosamente por su frente, retirando algunos largos cabellos de sus ojos. -Hagamos como si no hubiese sucedido. -
Y eso hicimos. Tomamos una espesa leche en toscos tazones de ceramica y abandonamos el hostal. Nuestro equipaje no solía ser problema pues apenas llevabamos cosas más allá de las necesarias. Claro que Isabella cambió con mucho gusto sus sucias y descosidas ropas por otras un poco más limpias y de mejor calidad. Ningún ayudante o aprendiz mio irá a mí lado llevando arrapos le dije a Isabella. Isabella aceptó mi mandato con sumo gusto. No sé de que color pueden ser pero Isabella al verlas e ir poniendoselas me comentaría que eran unas tonalidades de uno de sus colores favoritos. Isabella, dueña y ama del único mapa que poseiamos, por el sencillo motivo de que podía verlo y leer las diversas direcciones, me indicaba euforica lo mucho o poco que nos quedaba para llegar hasta las ciudades de mayor importancia por los diferentes reinos que atravesabamos. Los pueblos o villas según ella no tenían que presentar gran importancia para mí pero yo le reprendia porque ella no era la única alma candida que podía necesitar ayuda.
-Además de vez en cuando conviene descansar un poco. -Le recomendaba pues yo a veces no lograba seguir sus vitales y ligeros pasos juveniles. Había momentos que parecía ser incapaz de detener sus pasos para, por lo menos, contemplar los bellos paísajes que seguro iríamos recorriendo. Por fortuna y porque se suponía que era yo el jefe, la energica Isabella se veía obligada a enlentecer el ritmo.
En uno de esos pueblecitos según Isabella "de paso" tendría un desagradable encuentro. Dando una vuelta por la plaza en la cúal se solían reunir como en todas las demás poblaciones los comerciantes para exponer sus más jugosas mercancias a esos pueblerinos mientras Isabella no sabía donde posar sus embelesados ojos ante tantas maravillas, traidas de todos los lugares, yo me concentraba más en mis cosas o en lo costoso que podía ser viajar con una jovencita hasta que una voz captó toda mi atención.
-¿Qué pasa? -Preguntaría Isabella al intentar dar un nuevo paso sin exito porque la persona a la que iba agarrada, yo, se había parado.
-Ssst. -Fue todo lo que obtuvo como respuesta por mí parte.
Mi misteriosa actitud no le agradaría pero al observar mi rostro y verme tán concentrado, no insistiría en recibir una respuesta más adecuada a su pregunta. Necesita su silencio para conseguir distinguir aquella voz que me había sobrecogido entre todas las demás voces que nos rodeaban, unas más cercanas que otras pero todas en continuo movimiento. Pasado un rato sin haber conseguido nada, decepcionado, estaba a punto de anunciar a Isabella que prosiguieramos con el paseo porque aquella preocupante voz se había desvanecido, la voz volvió a sonar entre todas las demás. Afiné el oido al maximo y caí en la cuenta de por qué me extremecía aquella voz. Aquella voz, a pesar de los años, habiendo ganado bronquera, seguía siendo la voz de aquel que siendo yo un chiquillo se deshiciese de mí, la una vez amada y ahora temida voz de mí padre.
Es verdad eso de que la vida te somete a duras pruebas, claro que eso no sería nada en comparación con las muchas otras que irían viniendo. Respirando hondo, daría el primero de los muchos pasos que daría de nuevo. Era la voz de mi padre pero no por ello iba a quedarme ahí como un chiquillo asustadizo que espera su castigo tembloroso. Si la fortuna no me daba la espalda él ni siquiera repararía en mí. Así fue, saliendo de la plaza, un robusto hombre portador de una gastada armadura chocaría con nosotros, mascullando un vago abran paso. Yo no quise decir nada, no quería confirmar que mi identificación fuese cierta pero Isabella, con esa valentía insconciente propia de su edad, girando la cabeza hacía la dirección por la que iba, exigiría una disculpa.
-¡Qué tipo más desagradable! ¡Disculpese como es debido! -
Los gritos de Isabella le harían pararse y retomar sus pasos para ponerse frente a nosotros.
-¡Por favor, Isabella, ya basta! -Le suplicaría parar imaginando a mi arrogante padre frente a nosotros colocando sus manos cerradas sobre sus caderas.
-¡Pero es que es verdad! -Seguiría ella, erre que erre.
Lo que me diría a continuación, con la chulería propia de un guardia fuerte, sano y seguro de sí mismo, me haría hervir la sangre. No sé cómo pude contener la rabia que me entró.
-Eres un sacerdote o algo así, ¿me equivoco? Lleva a la cria al primer hospicio que veas y dejad de armar escandalo. -
Sin embargo, me hizo sentir gran alivio el hecho de que no me reconociese. Qué cumulo de emociones me abordaron. Manteniendo la rigurosa calma que un buen sacerdote ha de poseer, le prometí que no volvería a pasar, cogiendo la mano de la enfadadísima Isabella, que se había soltado de mi brazo llevada por el enfado. Durante la comida, le explicaría no sólo por qué debía ser más prudente sino que aquel fortote y maduro guardia era mi padre.
-¡¿QUÉ?! -Vociferaría sin poder dar credito a lo que escuchaba. Muchos comensales giraron sus cabezas hacía nuestra mesa. Unos molestos por su chillido y otros, sencillamente, curiosos.
-No hace falta que grites, controlate un poco, Isabella. -Le solicité avergonzado.
-Esque no me entra en la cabeza que ese tipo sea tu padre. -Dijo moderando el tono de su voz. -¿No sabe nada de todo el bien que haces? -
-Lo dudo. Ya has visto como me ha tratado... Pero mejor así. -Contesté apesadumbrado. Como aquella situación me había hecho perder el apetito, le cedí los restos de mi plato a Isabella, que los engulló sin tardanza. Abandonamos aquel pueblo al poco de reposar la comida. Isabella lo señalaría en el mapa para tener en cuenta que si volviamos, podriamos encontrarnos con gente horrible. Para no tener ni idea de lo que un ayudante ha de hacer, se esforzaba muchísimo. Al llegar a la ciudad de Telmoord, nuestra primera preocupación fue encontrar un hostal decente para dormir pues llegamos cansados y anochecido. Isabella me describía cúan hermosa era la ciudad iluminada por las lamparas de aceite que varios locales habían acoplado al lado de los letreros de grandes y cuidadas letras o representativos dibujos. Yo, la escuchaba sin prestar sUficiente atención. Lo que más quería en ese momento era tumbarme y olvidar que había tenido aquel furtuito y doloros encuentro con mi padre, guardia o soldado que hacía tiempo había sido trasladado a Telmoord desde el último lugar en el que sirvió. Isabella, viendo que aún sufría por lo sucedido, me ofrecería un interesante regalo. Entrelazando sus dedos con sus dos manos unidas, como si fuese a orar, cerrando los ojos, recitaría cuidadosemente un hechizo. Uno de los pocos que logró aprender de memoria al escuchar a su hermano mayor, el hechicero, leerlo de uno de sus libros de magía. Acostado sin poder calmar mis sentimientos encontrados, sin darme cuenta caería preso de un dulce sueño. Un sueño artificial pero que me vino bastante bien. Qué gracioso descubrirlo de ese modo... Isabella se tomaba muchas libertades conmigo, a lo mejor porque me valoraba más como padre que como maestro. Algo que debía corregir.


PD Esta historia es contada por Rezo así que la he puesto en color rojo. Las historias o partes de la historia que sean contadas por parte de Zelgadiss u otro personaje van en blanco ^^

martes, agosto 16, 2011

FanFic Slayers Rojo Relativo

Rojo Relativo - FORTALEZA


Ahora que soy fuerte y por lo tanto poderoso, me siento debil pero esta debilidad que siento no tiene nada que ver con un estado fisíco. Vendría a ser una debilidad más bien mental o de espiritu. Pero tengo que lograr recuperar la fortaleza de espiritu que una vez tuve.

Nada más sentir los primeros rayos del sol sobre mi piel de dura roca, abrí los ojos y me incorporé. No podía permitirme el lujo de ser el último en despertar y mucho menos sabiendo que Rezo iba a venir para transmitirnos nuevas indicaciones. Con los ojos entrecerrados debido a la luz que se intensificaba sobre mi rostro al salir de mi estrecha y sencilla cama busque mis ropas, que seguramente estarían colocadas sobre la única silla que podía uno encontrar en la habitación. Una silla pequeña de madera sin tapizar. Colocandomela a toda prisa salí de la habitación. A pesar de ser conocedor de que Rezo no llegaría hasta bien entrada la mañana, mi preocupación era llegar de los primeros. Antes de dirigir mis pasos a la que era la gran sala en la cúal comiamos o pasabamos el rato, busqué mis botas. A menudo a los compañeros que no consideraban como parte de su grupo gastaban bromas muy pesadas, según el bromista, la broma podía ser peligrosa o no. Trás rebuscar por todas partes lograría encontrarlas. Por desgracia, estaban realmente sucias. Las limpie apurado y até los diversos cordones entrelazados que poseían. Lo mejor de ser de los primeros era que podías ponerte bien delante. Dilgear solía ser de los primeros en llegar también, acompañado por dos tipos bastante corpulentos. Los demás llegaban amontonandose.

-Veo que esta mañana tampoco se te han pegado las sabanas. -Masculló Dilgear dandome un buen golpe en la espalda. Dilgear trataba de ser amistoso pero estaba claro que yo no le gustaba.

-Así es. Ya sabes lo exigente que es Rezo. -Replique tosiendo esforzandome por mantenerme en pie. Su golpe había sido bastante brusco.

-¿Qué confianzas son esas? Si el señor Rezo te escuchase te castigaría. -Me advirtió una vocecita chillona acompañada por un desagradable olor a pescado y unas pisadas que parecían más propias de un pato.

Giré mi cabeza y tal como supuse la voz provenía de Noonsa. En cuanto comenzasen a llegar más bandidos Noonsa se vería obligado a ocupar el último y más lejano rincón de toda la sala. Sus grandes ojos apenas pestañeaban. Volví a mirar al frente y pude observar como Rezo entraba agarrando fuertemente del brazo al único bandido que llegaba tarde. En su rostro se apreciaba cúan avergonzado se sentía y lo mucho que le dolía el brazo. Rezo apretaba de el con tanta fuerza que casi temí que se lo fracturase allí mismo. Todos nos levantamos una vez Rezo soltó al hombre en mitad de la sala. El pobre consiguió un lugar entre empujones. En todo el lugar reinaba la misma sensación de debilidad que yo sentía. Nuestros cuerpos eran fuertes pero nuestro espiritu era quebrado por un hombre, un hombre que a primera vista ofrecía un aspecto más fragil y etereo que el nuestro, ese hombre era Rezo, el llamado por las gentes Monje rojo.

-Muchachos, como ya sabreís, cada vez hay más y más blesser Demons por la zona, algunos incluso han llegado a atacar poblaciones cercanas y puesto que vosotros habeís causado tanta o mayor destrucción que ellos, ¿qué os parecería redimiros deshaciendoos de esos seres infernales? -Nos propusó aquella vez. Más de uno se quejaría.

-¡¿Estás loco?! -Gritaría uno.

-¡Ni borracho! -Diría a viva voz otro.

Rezo sonreía pero frunciendo el ceño diría lo siguiente, especialmente para aquellos que protestaban:

-¿Con que no teneis ninguna intención de redimiros? Muy bien, entonces, ¡os ordeno ir y vencer a los demonios! Quien no obedezca esta orden, ya sabe lo que le sucederá. -

Todos callamos y gritamos bien alto:

-¡Así lo haremos! -

Alzamos nuestros puños e incluso aquellos que en principio se negaban salieron corriendo a cumplir con la orden. Yo me quede, Rezo parecía desear hablar conmigo. Comprobando que todos los demás había abandonado la sala, me aproximé a él. Saber que aún permanecía dentro le agradó.

-Zelgadiss, tu vendrás a la ciudad conmigo. -Dijo colocando su mano derecha sobre mi hombro derecho. Su piel siempre me resultaba tán suave y sus dedos eran largos y finos.

Cruzandome de brazos, pregunte_

-¿No quieres que vaya y eche una mano contra los demonios? -

-¿Tienes algo de lo que redimirte? -Me respondió saliendo de sus labios una suave risita.

Me encogí de hombros y negue dandole un simple no. Durante el camino hacía la ciudad me expusó lo que quería que yo hiciese mientras él se ocupaba de atender y curar a los más desfavorecidos como mendigos o prostitutas halladas y llevadas a los hospicios. Yo, a diferencia de sus aprendices y ayudantes, nunca iba con él. Claro que nos reuniamos pasada la hora de comer. La verdad, me gustaba ese modo de proceder aunque más de una vez tuve problemas. Ya no era aquel chiquillo inquieto que le seguía durante toda la jornada, que no comprometería su buena imagen. Mi aspecto, aunque diambulase todo tapado, dejando tán solo a la vista mis ojos y algo de flequillo color platino, distaba mucho de ofrecer una imagen positiva. La gente desconfia de los individuos tán tapados, a menudo creen que son mercenarios o peor, asesinos. Rezo se limitaba a indicar a la gente con la que trataba sus otros asuntos que era su guardaespaldas.

-Si su eminencia lo dice. -Aceptaban algunos sacerdotes su palabra.

Porque para bien o para mal, la mayoria de documentos u objetos magicos se encontraban en bibliotecas llevadas por sacerdotes o hechiceros de grados muy altos. Si tuviese algo de voluntad más de una vez lo hubiese dejado solo pero eso además de cobarde me habría traido un problema mayor. Rezo es muy astuto, nos tiene a todos bien controlados gracias a un hechizo de seguimiento. Somos como esos caballos salvajes que poco a poco, trás varios golpes de fusta se rinden a lo evidente. No hay modo de engañar a su amo. Sin embargo yo, tán terco y tán joven como para rendirme, obedecía hasta encontrar esa manera de encontrar la libertad y seguir vivo.

miércoles, agosto 03, 2011

FanFic Slayers ROJO RELATIVO



Este MARAVILLOSO dibujo no es mio y creo que eso resulta bastante obvio XD Es de una gran artista y fan de Slayers conocida como EugeneCh ^^ De mis FanArtistas favoritas ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Esta historia va a ser un FanFiction de Slayers ^^ Espero que os guste y bueno sabed que algunas cosas las he ido deduciendo o imaginando por mí misma pero muchas otras han ido saliendo gracias a otros FanFics que he ido leyendo, me han gustado y he considerado muy buenos. Hay personajes mios pero secundarios y uno que pertenece a QP/Diana. Si lo menciono directa o inderectamente es porque... Es un ayudante o aprendiz de Rezo en su historia ^^'

Los demás personajes son creación de Hajime Kanzaka al igual que Slayers y tal... Por último, historia narrada en primera persona ^^


Transcurridos ya cinco o seis años desde que trajese conmigo al pequeño Zelgadiss, sentía que ya no podía dejar pasar más tiempo alejado de mis investigaciones pero aún era pronto, pronto para involucrar a Zelgadiss. Tampoco podía desatenderlo en exceso pues Zelgadiss se encontraba en esa edad egoísta e inquisitiva en la cúal los niños comienzas a aprender y a adquirir sus primeros principios de comportamiento. Como caidos del cielo, cada uno de mis aprendices, llegaban a las pocas semanas de que otros se marchasen, por propia voluntad o debido a que la formación que les había brindado ya había finalizado. Parnassus, uno de los más mayores, barajeaba la idea abandonar la mansión. Ya conocía y poseía el dominio necesario dentro de la magía blanca y aunque le ofrecí alargar su estancia para que estudiase magía astral el joven con gran gratitud y meditadas palabras rechazó mi oferta. Perdonadme si mis palabras suenan crueles pero sinceramente tampoco lloré su partida con gran intensidad, Pernassus era un aprendiz y un ayudante excepcional pero nunca fue el único. Para Zelgadiss su partida si fue un duro golpe. Zelgadiss, muy a mí pesar, se encariñaba demasiado con mis aprendices. Especialmente había dos o tres a los que apreciaba con mayor fervor y entre ellos estaba él. Los viajes que retomé no sería por tierras muy lejanas, por lo que no durarían muchos días pero para Zelgadiss eran unas temporadas de ausencia difíciles de llevar. Sinceramente en un principio no formaba parte de mis planes llevarlo conmigo pero cuando una de las ayudantes me lo sugerió preocupada por Zelgadiss, tuve que ceder.

-Nosotros podemos ocuparnos de él, no es problema, pero ¿no cree que pasa demasiado tiempo solo y en la masión? -Me expondría con lograda elocuencia. Era una ayudante demasiado madura para su juventud. Probablemente debido a que de niña se vió obligada a atender a algún familiar enfermo o de algún hermano menor. Su voz era agradable, incluso cuando adoptaba un aire mandón.

-Tienes mucha razón. -Admití. -Será bueno para él conocer mundo. -

-Y hablar con otras personas. Seguro que a nosotros nos tiene ya muy vistos. -Añadiría burlona antes de retomar de nuevo sus tareas. Sus pasos se escuchaban a la lejanía tán seguros y rapidos como los de alguien que hubiese salido airoso de una disputa o trás una victoria. Cuando Zelgadiss fue informado, su pequeño y frágil corazón latería lleno de incontenible alegría. Pasar las largas tardes de invierno dentro de la mansión, pintando o leyendo estaba bien pero llegada la primavera y luego el verano, las actividades adentro se volvían tediosas y repetitivas. Al fin y al cabo, era un niño, un niño más activo e imaginativo de lo que uno pudiese haberse supuesto. Parnassus y Ferrisian le llenaban la cabeza de leyendas y aventuras increibles pues ellos, tán habiles como ingeniosos, eran los encargados de traer comida a la mesa. Uno con sus flechas magicas y el otro con su larga espada. Pandora, hermana de Parnassus, tampoco parecía tán indefensa como las personas videntes creían. Era capaz de utilizar algunos conjuros de magía negra sencillos pero muy efectivos. Claro que ella prefería la cocina. Los otros, por ejemplo, uno de lo,s más jovenes, Cliff, era muy inteligente y gustaba de jugar al ajedrez contra mí. Claro que todos, aún teníendo ocupaciones particulares en la mansión, si eran llamados, dejaban sus esas tareas para escuchar mis instrucciones. De vez en cuando, si consideraba que sus esfuerzos y sus modales eran adecuados, les permitia salir y tener algo de tiempo para ellos pero como bien les advertía antes de marcharme a los que se quedaban guardando la mansión y estudiando, mi ausencia fisíca no debía representar para ellos una libertad, todo lo contrario pues siempre acababa enterandome de sus peripecias. Escarceos y jugarretas que no salían del todo bien, divertidas y atrayentes para Zelgadiss pero con castigos muy severos. Que Parnassus se marchase dejó a Zelgadiss sin esa posibilidad morbosa de inflingir algunas normas como la de salir de la mansión sin decirmelo previamente. Crystal, la ayudante que me recomendó llevarme a Zelgadiss a algún viaje, al pasar más tiempo con él o cerca de él sabía que la marcha de Parnassus lo había entristecido mucho.

-No conozco a ningún otro hombre que ame y respete más. Ir con vosotros será muy bueno para él. -Le comentaba al aprendiz que pensaba llevarme como ayudante y lazarillo mientras preparaban juntos un humilde equipaje en una bolsa oscura de lana.

-Es verdad. Seguro entre el maestro Rezo y yo lograremos que supere lo de Parnassus. -

Hay que supesar los acontecimientos. Suceden cosas devastadoras pero luego pueden suceder cosas grandiosas. Eran viajes sencillos, por lo que ni mis ayudantes ni el propio Zelgadiss sospechaban nada y cuando comenzó a hacerlo, ya se vió muy metido en ello.

lunes, julio 11, 2011

FanFic CCS - xxxHOLIC

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Jo he encontrado unos cuantos FanFics buenísimos relacionados con personajes de CLAMP que me han encantado y que, al igual que pasan con los de Slayers, me han inspirado y animado a escribir los míos propios ^^ Pero nada de copias o plagios eh, que cada persona puede tener una concepción bien distinta de los mismos personajes ^^ De Yuuko y Clow no sé mucho pero con lo que sé y he leido, espero que os gusten sus encuentros y desencuentros ^^

Yue, el guardian creado a partir del poder de la luna, no apartaba sus azules y frios ojos de la mujer que tán tranquilamente paseaba junto a su amo. Kerberus, el otro guardian, creado con ayuda del poder solar, se encontraba sentado a su lado. La mirada que dirigía tanto a su amo como a la extraña mujer de negro en cambio no parecía tán distante y desconfiada como la de su compañero, todo lo contrario, le alegraba comprobar que su amo todavía poseía amistades.-¿A qué demonios habrá venido esa mujer esta vez? -Dijó el guardian cuya apariencia recordaba a la de un hermoso angel plateado. En su voz se aprecía fastidio.


-Sea lo que sea, al amo Clow le ha encantado. -Observó el guardian con aspecto de fiero león alado. Su observación fastidió aún más a Yue, que resoplando, optó por alejarse del rincón en el que se encontraban para vigilar a la mujer desde un punto más cercano.


Clow, creador y amo de ambas magnificas criaturas, no podía dejar de sonreir. La inesperada aparición de Yuuko Ichihara había llenado su aburrida mañana de entretenimiento. Clow era un hombre particular, al contrario que a la mayoria, le encantaban los acontecimientos imprevistos. Yuuko no era de esas damas que acudían a él por el mero hecho de pasar un ratito amistoso con él, si se había tomado la molestia de verle no sería por gusto. Las flores de cerezo, tán pequeñas y rosadas de la mayoria de arboles que disponía su amplio jardín caían suavemente sobre ellos al pasar cerca. Creando una agradable atmósfera.


-Qué hermosa. -Diría el mago interrumpiendo a la preocupada Yuuko, la cúal mientras paseaban le explicaba las dificultades que estaba teniendo en la tienda que Clow había preparado para ella. Ella le miraría entre perpleja y enojada.


-¡¿Se puede saber a qué viene eso de repente?! -Le preguntó, voz en grito, clavandole sus furiosos y hermosos ojos almendrados. -¡¿O esque no te importa lo que pueda pasarle a tu tienda?!


-Sin lugar a dudas, la flor del cerezo es la flor más hermosa que existe. -Fue la respuesta de Clow, el cúal parecía seguir inmerso en sus propios pensamientos. Yuuko se pusó de peor humor.


-¿¡Vengo a comunicarte que puedes perder tu tienda y te pones a hablar de flores!? ¡Dios, no sé ni porque me intereso tanto en la dichosa tienda! -Gritaría exigiendo a Clow tomar parte en el problema. Un problema al que no sólo ella debía hacer frente. Su hogar y principal fuente de trabajo hasta el momento estaba a nombre de Clow Reed sin embargo él la dejó al cargo cuando decidió dejarla con tán sólo una breve y enigmatica nota a modo de despedida. El mago, sin apenas alterarse, aún sonriente, le corrigiría con voz amable:


-Pues por un motivo muy sencillo. En realidad, porque es tu tienda. -

Yuuko lo miraría incredula, llevandose ambas manos al pecho, exclamaría, alzando su voz hasta llegar a un tono de agudeza insospechada en una dama de apariencia tán elegante y silenciosa como la que Yuuko poseía a primera vista:


-¡¿Mía?! ¡Qué dices! ¡Pero si en la escritura está a tu nombre! -


Clow se quedó por un momento sin decir nada, como si ya comprendiese el problema que Yuuko le estaba comentando y la futura petición que ésta iba a realizarle trás acabar de explicarselo. Pasandole una mano por el hombro derecho colocando sus ojos azul oscuro sobre la exaltada Yuuko, colocando la otra sobre su pecho, anunció:


-Yuuko, te aseguro que nadie te arrebatará la tienda. Es tuya y será sólo tuya. -


Las palabras y la firme pero protectora mirada de Clow provocaron una reacción insólita en la hermosa y excentrica bruja de cabellos y ropajes negros. Sus claras mejillas fueron tomando un suave color rosado que se intensificó en pocos minutos.


-Si tu lo dices. -Musitó. Su voz había perdido toda la fuerza y furia que momentos antes había mostrado. Pestañeó y sientiendose todavía observada por el mago hizo acopio por disimular y controlar esa inexplicable reacción que por un instante la había hecho perder el rumbo. Alejaría de un manotazo la mano de Clow de su hombro y añadiría retomando su habitual caracter:

-Pues... Entonces no hay más que hablar. Me voy a recuperar mí tienda. -


Alejandose a paso acelerado, Yuuko observó a Clow, que le dedicaría otra enorme y encantadora sonrisa a modo de despedida. Yuuko volvió la cabeza hacía delante mientras pensaba en lo extraño, irritante y atrayente que le era ese mago. Aquel que le había entregado la tienda en la que durante muchos años atendía consultas de todo tipo y compartía predicciones sin equivocos.

Apoyado, en lo más alto, en una rama de uno de los floridos arboles de su amo, Yue no se sintió tranquilo hasta que la temperamental mujer no desapareció de su vista. Las palabras que hubiese podido haber entre ella y su amo con las consecuentes reacciones de ambos le inquietaban. Sus rapidos ojos regresaron a la persona que le era de mayor interés. Su amo había comenzado a caminar hacía el interior de su formidable mansión. Al pasar ante Kerberus, el hombre sencillamente le sonreiría ladeando la cabeza suavemente, el guardian sin decir palabra le seguiría. Al entrar a la mansión, dejando algunas plumas plateadas a lo largo del breve vuelo, Yue encontraría a su compañero y a su amo en el despacho. Clow se encontraba hojeando unos papeles mientras Kerberus le observaba con gran atención desde su rincón, la zona que se adjudicaba como suya dentro de la gran habitación, cerca del alto sillón de cuero oscuro en el que Clow se sentaba apoyando sus brazos sobre la larga y sencilla mesa hecha de madera noble.


-Amo Clow, la mujer de negro... -Trataría de saber Yue pero Clow consciente de la dependencia de ese guardian en especial, le cortaría diciendo:


-No hay de que preocuparse Yue. -


-Pero, amo Clow, ella y Ud... -Insistiría Yue con voz temerosa.


-No hay de que preocuparse Yue. -Repitió Clow sin dejar de revisar los papeles que iba dejando en la mesa. -Tán sólo nos unen algunos asuntos. Nada más. -


Yue parecía querer saber más al respecto pero temía desagradar al mago, por lo que no volvió a insistir. Se sentaría a un lado en el suelo cerca de Kerberus en silencio.


-¿Lo ves? -Le susurraría Kerberus. -Tán sólo habran realizado algunos trabajos juntos. -


Yue no parecía del todo convencido y el guardian del sol lo sabía. A veces Kerberus no necesitaba preguntar para saber lo que su compañero sentía. Clow de vez en cuando les echaba un ojo. Eran como niños.




miércoles, julio 06, 2011

FanFic Slayers I GUESS YOU´RE RIGHT

Como ya sabreís o podeis adivinar, me gusta contar historias desde puntos de vista diferente pues cada personaje al igual que cada persona tiene distintas percepciones de la realidad debido a sus diferentes personalidades o vivencias pero es más común escribir en tercera persona, es decir contar los hechos de un modo imparcial. Probaré a escribir algunas cosillas, FanFics, en ese plan. Leer el FanFic de QP Diana hace que nazca en mi esa necesidad XD Bueno, a ver que me sale... Ah, tranquis que no me voy a copiar ni me voy a poner a plagiar...


Sabía perfectamente que aquel enfrentamiento no era necesario. Mis hombres acatarían mi orden de obeder a Zelgadiss les gustase o no. Me temían tanto que ni siquiera eran capaces de exponerme sus quejas o dudas. Ese enfrentamiento no iba a ser otra cosa que un mero entretenimiento. Estaba claro que el hombre-bestía, Dilgear, detestaba al joven pues lo concebía como un rival, alguien que le arrebataría las dotes de mando. Dilgear era tán orgulloso, le encantaba ser el cabecilla, obligar a los demás a cumplir mis ordenes. No sabría explicar con exactitud el motivo pero cuanto más arrogantes eran mis hombres, más me gustaba humillarles. Zelgadiss y Dilgear poseían una personalidad similar. Muy orgullosos, introvertidos y con gran astucia a la hora de poner en practica una misión, sin duda, muy talentosos con cualquier arma blanca. Comentar que Zelgadiss ocuparía su lugar, lo volvería contra mí asi que trás una leve charla con uno de los "muchachos" tracé esa malevola pero interesante idea en mi mente.

-Nonsa, podría preguntarte algo. -Le pedí mostrandome bastante jovial. -¿Es cierto eso de que Dilgear y Zelgadiss se odian? -

Nonsa, cuyo olor y apariencia solía molestar a los otros bandidos, debió de sorprenderse al recibir atención por mi parte, la de aquel que mandaba sobre Dilgear, su jefe y los demás. Ya que su voz no sonó muy clara que digamos. Mirandome con sus grandes ojos, llevandose una de sus pequeñas y temblorosas manos hacía lo que habría sido un mentón, respondería duditativo:

-Oh Señor Rezo, no creo que deba Ud preocuparse. Es posible que Dilgear todavía no acepte del todo a Zelgadiss pero no se odian... -

-¿Estás seguro? Algunos de tus compañeros comentan que Dilgear y Zelgadiss han mantenido disputas muy violentas recientemente. -Le insistí.

Nonsa se esforzaba por ofrecer una realidad edulcorada. Temía que lo que pudiese decirme le trajese problemas al encontrarse con esos dos.

-¡Se lo aseguro! Nunca han llegado muy lejos en sus peleas. -Me indicó energicamente seguramente agitando sus puños hacía abajo. Esboce una gran sonrisa y concluí la conversación diciendole:

-Gracias Nonsa, me desagrada mucho que mis hombres no sean capaces de convivir. -

-Siempre a su servio, Señor Rezo. -Se despidió él al verme dar los primeros pasos hacía otro lugar. Nonsa podría presumir ante los pocos compañeros que le consideraban un amigo que el mismisímo Monje Rojo se había dirigido a él y que habiamos mantenido unas palabras aquella noche en el gran salón en el cúal comían y eran reunidos para escuchar nuevas ordenes. Zelgadiss no saldría de su habitación, no mientras Dilgear se encontrase por el amplio salón. En la soledad de su habitación, escuchando todo tumbado sobre su sencilla cama el jaleo que formaban sus camaradas al deborar con ansiedad sus platos y llenarse sin cesar sus vasos de cerbeza, Zelgadiss sintiendo un agujero en el estomago debía de estar recriminandose el ser tán cobarde pues ninguno de sus compañeros tendría el detalle de llevarle ni un misero trozo de pan.

-Al fin y al cabo, yo no quiero ser el jefe de estos tipos... -Murmuraba acariciendose la barriga, como si eso bastase para calmar su hambre. -Yo sólo quería que todo el mundo viese que era tán bueno o incluso mejor como esos jovenes que acudian a los torneos en pos de ser elegidos por un caballero. -


Me encontraba frente a Rezo, el llamado con admiración, respeto y gran temor por parte de los bandidos Monje Rojo. Se había enterado de mi mala relación con Dilgear. Dando un paseo por los alrededores de la hacienda en la que vivía junto con los otros bandidos, Rezo insistía en que escuchase la gran idea que había tenido para solucionar nuestras diferencias.

-Él te ve como una amanaza. Sabe que tarde o temprano tendrá que ponerse a tus ordenes, lo cúal le convertiría en un bandido más. Es una cuestión de poder, ¿comprendes? -Me explicaba demostrandome una vez más lo engañosa que era su apariencia. Él si que realmente poseía talento para ser el jefe de una banda de maleantes. De cualquier banda que se le antojase. Yo asentía diciendo:

-Justo lo que yo pensaba pero yo no quiero arrebatarle ese privilegio. En realidad yo ni siquiera quiero esto. -Añadiría sincerandome, quizás, en exceso.

Rezo arqueó una ceja mientras giraba su rostro hacía mí. Me sentí inseguro, temeroso de que mis palabras pudiesen herirle. El era lo más parecido a un padre y lo más parecido a una madre que había tenido. Me acogió en su hogar, se ocupó de darme ropa, alimento y saber. Muy pocos bandidos sabían leer y escribir. Pocos bandidos dominaban la espada como se debía utilizar, es decir, tál y como se aprendía en Esgrima. Incluso en mi nueva vida y con mi nueva apariencia debía sentirme afortunado y agradecido. Bajando la cabeza, rectifiqué mis palabras:

-Pero si asi es como he de vivir ahora, así viviré. -

-Puesto que Dilgear cuenta con el apoyo de todos los bandidos, se me ocurrió hace poco mostrarles que tú también posees excelentes talentos. Con fortuna, al ver todo lo que eres capaz, comiencen a valorarte. Tanto o más que a Dilgear. -Diría al cabo de un rato, para mi consuelo, ignorando mis sinceras palabras. Como aquello captó mi curiosidad y la esperanza de ser totalmente aceptado había vuelto a mí mente, pregunté:

-¿Cómo? -

-En un duelo contra Dilgear. -Me aclaró sin tardanza.

Me quedé sin aliento. Si desde la última discusión que mantuve con él no me atrevía a estar cerca de las zonas que él frecuentaba, ¿cómo iba a atreverme a enfrentarme a él? Me negué pero Rezo en pocas palabras me convenció.

-¿Acaso no quieres demostrar ante tus compañeros que eres mejor que ellos y el propio Dilgear? -

Acabe lanzandome al precipio sin pensar. Cosa que siempre me trae graves consecuencias. Una sonrisa misteriosa se dibujó en el rostro de Rezo.