miércoles, abril 18, 2012

FanFic CLAMP One-Shot



NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de CLAMP son creación exclusiva de CLAMP (Clow Reed, Sakura Hime y Fei Wang Reed, en el cúal me base para crear la apariencia del medio hermano de Clow en otro FanFic larguisimo que estoy escribiendo en honor a éste peazo mago de Clow)
Historia narrada en tercera persona, pa variar un poco ONESHOT
Espero que os guste, la idea llegó a mí después de tanto leer TRC y lo mucho que me recuerda Clow y Fei Wang a Fay y Kurogane en carácter XDD
Ejem la historia personal, si es que Fei Wang Reed puede albergar alguna, que le he ido preparando surgió a partir de una pequeña pero interesante conversación con Choco-Chan sobre éste tipo... Toda ella surgida por el primer dibujo que hice del malo maloso de TRC XD Es que mi FanFic sobre la vida de Clow Reed o como se la imagino yo no sólo abarcaría lo relacionado con CardCaptor Sakura como la creación de los guardianes o las cartas sino también el encuentro HITSUZEN con Yuuko y preparativos para los posteriores lios en TRC...

FanFic CLAMP
Nacido de un deseo imposible

Aunque en el País de Clow todo el mundo era muy amable y cercano el mago se sentía solo. Con los ojos puestos a lo lejos, más allá de la lejana visión de las antiguas y misteriosas ruinas meramente iluminadas gracias a las lamparas de aceite que el equipo de arqueologos llevaban consigo, Clow suspiraba y arrugando su frente sútilmente se repetía que aquello era lo correcto, ese era el alto coste del deseo realizado, consciente o inconscientemente.

Fei Wang Reed le observaba con una ceja alzada mientras se deleitaba con un calido sake en un pequeño vasito de clara ceramica. El cristal de su monocúlo brillaba alumbrado por la luz que ofrecían algunos candelabros repartidos al rededor del amplío salón en el cúal se encontraba sentado frente a un gran espejo ovalado con dorado borde. Todo lo que había en su mente hacía el mago era condescendencia pues él no iba a tirar la toalla, haría realidad ese deseo fallido.

-Padre, ¿os encontrais bien? -Preguntaría una preocupada vocecita sacando al mago de sus enrevesados pensamientos.

Al abrir sus ojos girar su cabeza hacía el lugar del cúal creía provenir la vocecita, en la entrada de su dormitorio vería a una preciosa niña de cortos y laceos cabellos de suave color castaño envestida en un largo camisón blanco con bordes rosados en sus mangas y cuello. Su sonrisa pareció ganar algo de animo pero su frente continuaba arrugada. Pronto se aprimaría a la pequeña princesa y parado frente a ella inclinandose un poco respondería:
-Claro que sí, tesoro, vuelve a la cama. -

-¿Estais seguro? Se os ve tán triste últimamente. -Insistió la niña arrugando también su frente, cubierta por algunos mechones dispares.

-Estoy completamente seguro. -Le garantizó Clow a la perspicaz princesa Sakura. -Además lo que embarga mi ser no es tristeza, digamos que soy un sensiblero y verte crecer me emociona tanto. -Añadió consiguiendo una mirada de extrañeza por parte de la niña. Acariciando su cabecita la acompañó hasta su dormitorio. Ella no podía ni imaginar cúan importante era y no sólo para el mago o sus conocidos.

Fei Wang Reed fingiría enternecerse ante la conmovedora escena pero él tenía claro que la razón por la cúal era importante para él era porque gracias a ella conseguiría hacer ese sueño tán perseguido realidad. Xing Huo miraría ligeramente abrumada al hombre que avanzaba tomando la mano de la princesa Sakura antes de dirigir sus ojos hacía su señor y creador.

-Puedo imaginar lo que está pasando por tu cabeza y te puedo asegurar que eso no es de importancia. -Le diría el rey oscuro cerrando los ojos mientras daba un pequeño sorbo al vasito que sostenía en su mano izquierda. -Me figuro que temía ir en contra de un deseo cuya apariencia fuese similar a la suya. -Dedujo hablando de sí mismo apatíco.

La asistente se llevó una mano a la boca para ocultar su sonrisa. Nada de lo que intentase su señor podría mantener el sueño en pie. Todos los sueños, tarde o temprano, han de concluir como hubiese dejado dicho el mago.

De retorno en su espacioso y elegante dormitorio, Clow continuaría sumergiendose en sus recuerdos pues ya tán lejos de las personas queridas conocidas en otros tiempos, probablemente ya difuntas, todo lo que le quedaba era eso de ellas...

-Clow, ¿serías tán amable de dejar de silbar? -Le solía pedir su medio hermano claramente molesto lanzandole una mirada reprochante.

-Sí claro, Fei. -Le solía responder él risueño. -Aunque lamento decirte que podría retomarlo en cualquier momento. -Añadía para prevenir a su medio hermano de su incontrolable silbido. Cuando estaba feliz, silbaba sin darse cuenta.

-En ese caso, sal a silbar a la entrada y no entres hasta que las ganas de silbar se hayan extinguido. -Le indicaría con los ojos entrecerrados el hombre de duros pero atractivos rasgos y ojos fieros que era Fei Wang Li. El patriarca del clan Li cuando Clow llegó a China por primera vez.

Clow lo consideraba severo pero buen consejero y un guerrero excelente. Él para Fei Wang siempre fue un extranjero lunatico o eso le hacía pensar a menudo pero para Fei Wang Li Clow era ciertamente un individuo especial, al que había que conocer y apreciar. Si era un grandullón mandón era precisamente por eso, porque lo valoraba con toda su dura alma de guerrero chino. El mago a veces dudaba que su medio hermano también fuese capaz de usar magía. Después de ser golpeado por semejante pensamiento, su medio hermano le solía reprender de este particular modo:
-Bien cierto es que no soy ni la mitad de poderoso que tú pero créeme, he sido entrenado tanto en las artes magicas como en las artes militares. -

Entonces el mago se percató de algo, algo que casi le aterró. Pestañeando un poco con la vista puesta en las ruinas en mitad de aquella oscura noche, que en contraste con las arenas de tonos azul marino que se divisaban parecía ser infinito, al empezar a pensar en sí mismo y en áquel otro Fei Wang llegó a la conclusión de la posibilidad de que ese deseo encarnado lucía como su medio hermano pero su corazón, si eso podía albergar corazón, no estaba lleno de amor y bondad. Sólo poseía egoísmo. En las pocas conversaciones mantenidas con ese Fei Wang no atisbo la grandeza que poseía su medio hermano. ¿Significaba eso que muy en el fondo él era tán egoísta como fue tachado por La bruja de las Dimensiones? Negando con la cabeza como queriendo apartar esos desagradables pensamientos prefirió creer que sencillamente era un insensato como solía decirle su medio hermano pues eso era menos doloroso de sobrellevar.

-Piensa lo que quieras Clow, pero tú estas tán metido en esto como yo. -Le diría alzando su vasito semivacio de sake el rey oscuro complacido ante la desesperación que le podría el remordimiento. -La diferencia es que yo si lograré devolverla a la vida y nada me dará mayor gozo. -Agregaría dedicandole una arrogante y gran sonrisa al que se había convertido en uno de sus oponentes.


viernes, abril 13, 2012

FanFic CLAMP Un encuentro inolvidable



NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de CLAMP son obviamente creación de CLAMP
Historia contada en tercera persona
Pues ¿qué puedo decir de esta historia? Pretendo que sea corta y bonita. Sobre como la princesa Sakura conoce a Syaoran. (siendo éstos dos los clones LOL) Me encantan esos pequeños recuerdos y como creo que en parte se debió al Rey Clow que se conociesen porque este hombre lo mueve todo... Pues poco más que decir, espero que os guste ^^
Dedicada especialmente a Lori777, quien me parece una gran escrita y fan, además de pedirme permiso para leerla ^^

FanFic CLAMP
Un encuentro inolvidable

Contemplando las lejanas ruinas que parecían haber estado infinidad de tiempo en el País de Clow como si esperasen a que alguien resvelase su secreto, el mago sonrió ladeando sútilmente su cabeza a pocos centimetros de la vantana de su excelente y amplío dormitorio. Ese, sin lugar a dudas, iba a ser un día especial.

Mientras tanto, no muy lejos de su magnifico palacio, un hombre diambulaba por las calles de la ciudad acompañado de su hijo y principal ayudante en cualquiera que fuese la expedición que el apasionado pero formal hombre de amable sonrisa diese comienzo. Al no poseer mapa alguno del lugar, el hombre se veía obligado a preguntar a las gentes continuamente a fin de coroborar que sus pasos hacía el Palacio Real eran correctos. La gente tán amable y risueña del lugar con gusto atendían su petición. ¡El País de Clow verdaderamente era un país de ensueño! Al chiquillo no parecía importarle, su único deseo era ayudar a su buen padre hasta que conoció a la princesa del País de Clow. Puesto que la ciudad se hallaba a unos metros alejada del Palacio, padre e hijo se vieron obligados a recorrer un buen tramo hasta llegar a la ancha e imponente entrada del palacio. Los guardias que custodiaban esa zona hablarían entre ellos antes de permitirles el acceso al interior. El chiquillo quedó tán asombrado como su padre al observar cúan bella era la construcción del palacio.

-Sed bienvenidos a mi humilde hogar. -Les anunciaría el propio rey acompañado un joven, que a juzgar sus ropajes, debía de ser un sacerdote o un consejero de gran relevancia. Con cabellos claros y brillantes como la plata y gafas cuyos cristales estaban incrustados en montura de similar material. La mirada de desconcierto haría reir al rey pues el rey también era consciente de la impresión que causa un mago tán excéntrico como él en semejante lugar. Descruzando sus manos, con una de ellas les indicó que le siguiesen, probablemente a una sala más adecuada. -Hablemos en un lugar más apropiado. -

La princesa continuaba sumergida en un agradable sueño mientras el extranjero, de nombre Fujitaka, y su hijo Syaoran exponían al rey, su padre, sus deseos de iniciar una investigación en las antiguas ruinas del pais. Clow escucharía encantado la propuesta, aún siendo conocedor del secreto que entrañaban, le pareció que podría ser una vivencia entretenida para todos sus subditos, los cúales nunca habían visto todo el despliegue que abarcaba una excavación.

-Más os he de exigir recibir noticia de los avances en persona. -Añadiría el mago antes de hacer llamar a sus hijos para que éstos conociesen a los recien llegados, siendo su hijo mayor Touya el único en aparecer en esa sala.

El pequeño Syaoran tuvo la inexplicable sensación nada más verlo acercarse de que no se iría a llevar muy bien con el principe. Sus ropas eran de un elegante terciopelo negro con bordes dorados como imitando el diseño de los ropajes del rey. Su cabello era de un negro no tán brillante como el de su padre y unos cuantos mechones se deslizaban por su frente. Parandose ante ellos, obligandoles a girarse para no darle la espalda. Saludó ceremoniosamente a su padre, presentandose con un deje de fastidio en su voz. El joven sacerdote sonreiría meneando la cabeza. La pregunta del rey fue concisa al no encontrar a su hija menor a su lado.

-Ya ha vuelto a quedarse dormida tu hermana. ¿verdad? -Fue lo que le diría a su hijo, éste asintiría cruzandose de brazos y replicó:
-En efecto, padre. Es un monstruo dormilón. -

Syaoran que nunca había visto a un rey enojarse supusó que el Rey Clow estallaría ante la insolencia de ambos hijos como lo hubiese hecho uno de los reyes descritos en los cuentos que su padre le narraba cada noche finalizado un duro día de trabajo más Clow meramente se levantó del trono y llevandose una mano a la frente con una avergonzada sonrisa pidió a su hijo no decir esas cosas de su linda hermana e ir a buscarla.

-Su alteza, no es necesario. -Le indicó haciendo una reverencia forzosa Fujitaka. -Si nos lo permite, me gustaría comenzar cuanto antes a organizar la excavación. -

Clow arrugaría la frente pero sin dejar de sonreir, suspirante se lo concedió. Forzar los eventos tampoco era positivo. Reverenciandolo por última vez ese día Fujitaka y Syaoran comenzaron a andar hacía la amplía entrada y justamente en ese momento fue que una chiquilla, más o menos, de su edad saldría de entre las columnas pidiendoles detenerse.

-¡Por favor, esperen! -Les rogabaría la princesa ligeramente rosadas sus mejillas. -¿No se quedarán en el palacio? ¡Estoy segura de que a padre no le importará acogerles! -Les informó risueña con una decisión en sus ojos color esmeralda que dejó por un breve momento paralizado al pequeño Syaoran.

El arqueologo sonrió y cerrando los ojos, habiendo deducido a partir del dorado de algunos de los detalles de la ropa rosada y blanca de la niña que esa debía de ser la princesa Sakura, dijo posando una mano sobre uno de los hombros de su hijo:
-No, princesa pero tanto Syaoran como yo agradecemos vuestra amabilidad. -

Sakura, cuyos cabellos eran de similar tonalidad a los del timido niño, de un castaño con destellos color miel, pestañeó adquiriendo sus mejillas algo más de color. Le daba tanto corte que se referiesen a ella como princesa, ella era y siempre sería Sakura.

-Mi nombre es Sakura. Procurad llamarme simplemente Sakura. -Les pidió dedicandoles una sonrisa que traspasaría y calentaría el frio y endurecido corazón de Syaoran, hasta el momento templado gracias al afecto y cuidados que le había proporcionado el arqueologo.

-Q-Qué bonito, Pr-Sakura. -Diría torpemente el pequeño Syaoran empezando a ruborizarse.

-¡Gracias! El tuyo también es muy bonito. -Le respondería ella moviendo su cuerpecito suavemente de un lado a otro sonriente. -Jamás lo olvidaré. -Le prometió.

Viendolos alejarse trás despedirse de la princesa Sakura desde un rincón muy lejano, la sonrisa del mago se amplió. A pesar de conocer los sufrimientos que debería atravesar el chico y cúan especial y llena de poderes era la princesa, Clow sonreía porque creía en ellos con toda su alma. Ya estaba hecho, sus destinos ya estaban unidos como había previstó. Aún sin lograr atisbarlo en esos recuerdos que se desplegarían en diversos y muy diferentes mundos, ese amor que había nacido no se desvanecería y eso también hacía muy feliz al mago pues ese primer encuentro, esas primeras emociones, sería un suceso inolvidable.

viernes, marzo 16, 2012

Jacinto

En el Jardín de lo Salvaje te sigo.
Sigo los aromas de la primavera pasada,
recipiente divino de misterios, bondades.
Mis ojos se posan en tí, colores,
como en objetivo prohibido,
y soy arco, soy flecha, y te sigo.
Entonces, engaño al Viento
y convierto cuerpo en aliento,
bendición ser negado en tu boca
volar hacia tí, pretender besar tu cuerpo.
Al final, arremetiendo, al pretender ser Viento,
la fuerza de mis alas, inclemencias de Invierno,
rompe aquellos ojos, dulce boca, frágil cuerpo,
y dormido pues ya sobre los jacintos de aquel cuento
yo quedo alejado, castigo del Tiempo.

sábado, marzo 10, 2012

Eros I


Sin querer le hacia cosquillas en el alma
Mientras, ella reía muda
Como una estrella en llamas que había caído al mar

jueves, marzo 08, 2012

Ayer

Cuando pasó un día no me preocupé; tampoco me acordé de ti. Tal vez solo un poco, y entonces sonreí. Entre  sonrisas incógnitas y leves movimientos de mi cabeza, cerré mis ojos y pensé que todo fue comparable a un juego de niños. "No te extrañaré, todo se olvidará, nada pasó"; pensé.

Otro día murió y la noche cubrió el vestigio de mi ser, como siempre, anocheció y me desdibujé en un fantasma. Comencé a extrañar tu mano sobre mi pecho, tu pierna sobre las mías, tu respiración agitada, tu sutil tacto. Estabas tan asustado y yo tan deleitada.  Entonces sonreí... aún no lloré.

Al tercer día amanecí extrañándote; dándome excusas sobre lo que hiciste crecer en mi. No es amor obviamente, entonces qué es; me pregunté. Me escondí entre las sábanas y te imaginé. Te reviví. No, no es amor, tristemente. Ojalá estuvieras aquí.

Entonces, al cuarto día me hablaste de tonterías. Yo sabía que me querías decir algo más; pero esas palabras no llegaron. Y tu te fuiste, miedoso. Yo no quise ponerte en evidencia, ni molestarte, ni alejarte, ni incomodarte porque te quiero. Tu te debes respuestas, y aunque mi conciencia está descaradamente limpia, te extrañé.

El quinto día me hice una taza de café, muy fuerte y dulce. De repente te recordé... Lloré. Me puse nerviosa, ansiosa. Apagué las luces, subí el volumen de la música y bailé hasta desfallecer. No pude ver mis lágrimas, ni siquiera sentirlas. "Por qué estoy tan triste", grité. No dormí... te imaginé. A ti y a otros verdaderos y falsos. entonces comprendí.

Al sexto día me di cuenta que escribí estas líneas como si viviera en el futuro solo para no colocarme en el presente y darme cuenta que vivo en el pasado. Por qué te extrañé si no te amé. Nunca te amé. No te amo. Pero quisiera saber si llegaría a amarte. Ahora entiendo.

Temblé de temor.

jueves, febrero 23, 2012

FanFic CLAMP ¿Sueño o realidad?

NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Ni Yue ni Clow son personajes surgidos de mi mente, ellos junto con todos los demás de CardCaptor Sakura pertenecen a CLAMP ^^

Contada en primera persona, mi manera narrativa favorita LOL

Esta historia transcurre en Austria porque Symond trás La guerra de los siete años decide quedarse ahí, pasando algo de tiempo con sus hijos (tenidos con la hija de un socio austriaco de su padre mucho tiempo atrás) y sus respectivas familias además de formar parte de un grupo muy particular llamado Los Iluminati con su antiguo amigo y protegido, Ian Hagen :3 pero centrandonos en Clow, éste, no sólo ha viajado de Inglaterra a Austria para ver a su amigo sino porque siente grandes deseos de encontrarse con el mago Joseph Pinetti. Esto lo digo sólo para situaros un poco ^^


FanFic CLAMP

El mago más poderoso del mundo - ¿Sueño o realidad?


-¿En qué piensas, Clow? -Me preguntaría Symond arrugando la frente ligeramente preocupado.


Apartando mis ojos de las cartas, cuyo único dueño en ese momento era yo, dispuestas entre mis manos cúan abanico de naipes, suspirante, respondí:


-Nada que pudieses comprender. -


Y cerrando el dorado y rojizo abanico compuesto por las cartas magicas, las colocaría apiladas sobre el libro que les servía de principal hogar lejos de mis manos o los bolsillos de mis ropas. Acentúando las arrugas de su frente, Symond replicaría con los ojos entrecerrados:


-Pero si me lo cuentas, podría intentarlo. -


-Me gustaría hacer algo especial para Marion pero temo usar las nuevas cartas, todavía no me obedecen de igual modo que las otras. -Le conté pues sabía que aún sin entender la naturaleza de las nuevas cartas, se esmeraría en brindarme una solución al problema como siempre había hecho. Pasandose los dedos por su anaranjada y fina barba diría sonriente:


-¿Eso es todo lo que te anda preocupando últimamente? Pues pídele que te eche una mano a Canción o a Flor. Ellas son muy majas. -


-No porque sé que están de parte de Yue y no me apetece tener que obligarlas a hacer algo que no querrán hacer. -Le hice saber rememorando que las cartas poseían su propio caracter además de poder o atributos magicos. -Bueno, quizás podría hacer algo interesante con Flote. -Reconsideré pensando en voz alta, olvidando por completo a Symond, que encogiendose de hombros con los ojos cerrados abandonaría el que se me había asignado como dormitorio.


Aceptando la repentina idea, quisé comprobar si la criatura sería capaz de soportar nuestro peso. Hasta ese momento Flote tán sólo había elevado objetos, de muy diverso tamaño y material pero objetos inanimados durante el tiempo que fuese necesario mantenerlos suspendidos pero nunca había antes lo había hecho con un peso extra y claro, temía que la pobre no tuviese la misma fortaleza pero al parecer al ir transcurriendo el tiempo, las cartas al igual que mi propia magia, se fortalecía y sí era capaz.


-Pero procura no ser muy traviesa, algo tranquilo, ¿entendido? -Le advertí conociendome su caracter bromista y en ocasiones, abusón. Haciendo que retomase su apariencia anuladora de carta dandole un toque con mi resplandeciente bacúlo, el gran globo que cuyas finas cuerdas sostenían la silla en la que me había sentado perdería su material cuerpo provocando que la silla cayese al suelo ruidosamente. Al instante siguiente, las ágiles y rapidas patas de Kerberus resonarían apróximandose a la habitación acompañadas de un grito que se asemejaba a un fiero rugido:


-¡¿AMO CLOW?! -


Parado en el marco de la puerta, agitando su cabeza de izquierda a derecha, con los ojos desorbitados examinaría el interior del dormitorio. Reprimiendo las ganas de reir, adoptando una pose más elegante, le pediría saber a qué se debía esa actitud con mirada burlona. El felino naranja meramente vestido por el dorado y grueso collar que cubría su peludo y blanco pecho una redondeada gema de tonos carmesí a juego con la otra gema que poseía el casco de similar material dorado en torno a su rostro replicaría contestaría inquieto:


-¡Oí un fuerte ruido desde abajo y vine a asegurarme que nadie le había atacado! -


-¿Y quién crees que querría atacarme? -Le pregunté divertido. Mi gallardo guardían no sabría que responder, para tranquilizarle, añadí. -Como ves estoy perfectamente. Continua jugando con Yue abajo. -


Kerberus, suspiraría pasandose por la frente el dorso de una de sus manos de fiera pero antes de girarse para alejarse, bajando la cabeza musitaría:


-Está bien pero lamento decirle que Yue no está abajo. -


La expresión de mi rostro cambió súbitamente. Levantandome, no tardé ni un instante en lanzar la pregunta que delataba mi inminente desasosiego. Kerberus ni alzaría la vista al contestarme.


-Entonces, ¿dónde ha estado durante toda esta tarde? -Las palabras saldrían abruptamente.


-No lo sé. -Dijo Kerberus. -Últimamente apenas comparte conmigo lo que le pasa. -


Clavando mis ojos en la baraja, cúal padre disgustado, exclamé:


-¡Si alguna de vosotras tiene algo que ver con la desaparición de Yue, ya puede ir dando la cara o me veré obligado a castigarlas a todas! -


Desaparecer, dandose por aludida, sería la única en adquirir su verdadera apariencia para indicarme que ni ella y ni sus compañeras habían tenido nada que ver pero me fué difícil creerla ya que sentía mi magía emanar desde algún punto de la mansión o no muy lejos de ella. La menuda muchacha que se tapaba parte de su bello y blanquecido rostro con un largo pañuelo blanco negaba con la cabeza a cada acusación que yo exponía en su contra. ¡Pobre criatura! Hasta que Espejo no apareció en defensa de las cartas, Desaparecer no se atrevía a decir palabra, sólo se concentraba en ocultar su congoja tras su pañuelo blanco.


-Amo Clow, Desaparecer no ha hecho nada malo esta vez, ella sabe que Yue es su maestro tál y cómo nos explicó pero tiene razón en asegurar que se trata de una carta. -Me explicaría con las manos colocadas sobre la cadera. Era una copia perfecta mia pero su caracter no había logrado ser captado por ella con la misma maestría. Suavizando mis modales, habiendo disculpado previamente con Desaparecer, charlaría un poco más con su defensora.


-Perdonadme si me he dejado llevar un poco por la inquietud pero si Desaparecer no ha hecho nada como la valiente Espejo me ha informado, ¿cúal de vosotras podría hacer algo así? -


-No lo sabemos, todavía estamos conociendonos entre nosotras. -Me confesaría Espejo, desviando la mirada timidamente. -Pero estamos seguras de que tú que nos has dado vida y parte de tu poder a cada una la conseguirás encontrar. -


-Bueno, eso espero y con ella a Yue. -Admití ruborizandome ante tanta seguridad en mí. Supongo que para ellas era una especie de dios ya que les había dotado de vida y magia, a partir de mi propia magia muy parecidamente a lo que se decía en el Genesis que había hecho Dios con todo lo existente. Dando un hondo suspiro, agregué. -En ese caso, me convendría usar la brujúla magica que creé basandome en la que poseía Fei Wang Li. -Anunciaría y a continuación me pondría a rebuscar entre todos los cajones de la comoda, la mesita e incluso del armario hasta que la evidente ausencia del objeto magico me haría rememorar que debía de haber olvidado traerla a Austria. Extrañados Espejo y yo nos devolveríamos una mirada de aturdimiento antes de que ésta retomase su apariencia de carta. No me quedó más remedio que buscarla guiandome en percibir su presencia, Kerberus no dudó ni un instante en ayudarme en esa labor. Al salir del dormitorio todo cobraría un aspecto ligeramente distinto, como si la información que llegaba desde mis ojos a mi cerebro no estuviese bien o faltasen detalles que facilitarían el reconocimiento del lugar por él cúal nos desplazabamos. Los pasillos se me antojaban más largos e interminables de lo que en realidad debían ser, los colores de las paredes parecían ennegrecerse produciendo que los limites entre pared y techo hubiesen sido absorbidos.


-Amo Clow, ¿qué demonios está pasando? -Querría saber el atónito guardían con figura animal. -No comprendo el motivo por el que las paredes y el techo se han unido. -


-Yo tampoco, Kerberus pero tenemos que lograr llegar hasta el piso de abajo. -Le respondí procurando convencerme a mí mismo que eso no podía ser real, palpando las parades pero mis dedos no chocarían contra nada solido. Kerberus no pararía de mirarme como un chiquillo que ha depositado toda su confianza en un adulto creyendolo más apto para encontrar la solución al problema. Yo le miraba con la frente arrugada, intentando mantener la calma pero me sentía igual o más desorientado que él.


-¿Qué se supone que haceis ahí parados? -Me sobresaltaría la voz de Symond.


-Pues... ¿Es qué no ves lo que pasa? ¡No hay paredes! -Le respondí aferrandome a él cerrando los ojos angustiado, sin poder mantener las apariencias más tiempo. Soltando una sonora carcajada mientras me separaba, soltaría:


-¡Claro que las hay! Oye, ¿no habrás vuelto a beber de más? -


-¡¿QUÉ?! -Gritaría elevando mi voz a causa de la sorpresa y el desagrado al oir como el borracho más borracho de toda Gran Bretaña insinúaba que yo había bebido más allá de lo inimaginable. -¡Cómo te atreves! Yo tengo mejor beber que tú y bueno, lo de esa vez fue... ¡Sólo fue esa vez y perdí el conocimiento! -Agregarían sintiendo mi ira crecer y crecer aprimiendome el pecho y elevando mi voz hasta tonos muy agudos.


-¡Es verdad! -Replicaría él echandose a reir con mayor contundencia. -En ese caso, te dejo disfrutar de este sueño. -Añadiría con una mirada más pícara que de costumbre, moviendo sus orejas cúal duende travieso pero sujetandole por la manga, logré retenerlo unos pocos momentos más para pedirle una explicación.


-¡Espera! Symond, ¿qué es de que estoy en un sueño? -


Pero golpeandome para liberar su brazo con brusquedad yendo a dar su codo contra mi cara, se iría sin darme una respuesta satisfactoria. Trás un largo resoplo, me ví obligado a continuar la extrambotica busqueda sólo y para aumentar la desgracia, más confundido. Kerberus trató de animarme pasando su larga y humeda lengua sobre una de mis mejillas.


-Gracias, Kerberus, al parecer sólo puedo contar contigo. -Le dije con voz nasal mientras esperaba a que la sangre dejase de fluir bajo el pañuelo que había tenido que posicionar sobre mi nariz.


Avanzando otro poco más, con una continua sensación de desequilibrio en nuestra percepción de la realidad, nos topamos con las escaleras. Rodar como un rombo no tuvó gracia alguna pero levantandome me forcé a reir al ver descender a mí lado a mi guardían de doradas y amplías alas. Los oscuros tonos que nos habían rodeado como pinceladas sobre cada parte del pasillo parecían haber ganado saturación, lo que imposibilitaba la visión.


-¡Resplandor! ¡Por favor! ¡Líberate! -Pediría a la carta que consideré más adecuada para alumbrarnos. Mi tono de voz ciertamente sonó más suplicante que autoritario pero dadas las circunstancias y que esa era una de las creadas en una época tán turbulenta, no conseguía sacar la misma confianza que sacaba con las otras. Como si de una pequeña luciernaga se tratase, la pequeña criatura planeaba veloz a nuestro alrededor iluminando nuestra pequeña porción de la entrada. Sólo al alzar la vista podría ver en el techo lo que se asemejaba a una gran bola plateada cuya luz hubiese sido apagada hacía años y años. Para nuestro asombro, se iluminaría justo con el leve roce del cuerpecito de Resplandor al pasar por su lado.


-¿Y bien? -Me cuestionaría alguien, cuya voz me resultaría vagamente familiar. -Si te encuentras aquí, es porque ya te has aclarado ¿no? -


-¿Aclararme? ¿¡En qué!? -Exigiría saber frunciendo el ceño, sintiendome observado desde un punto lejano a la esfera luminosa de gran tamaño. Kerberus se prepararía para atacar encogiendo su cabeza mientras separaba sus patas al mismo tiempo que erguía sus magnificas alas.


-En ese asunto que atormenta tu ser tanto. -Anunciaría la voz y una figura se dejaría ver al dar un paso al frente. Esa figura correspondería a un hombre joven ataviado por bellas ropas de terciopelo blanco y algunos bordados plateados pero nada acordes con las diseñadas en este momento, es decir, largar chaquetas con algún que otro exagerado detalle, camisas de lino bajo un chaleco y ajustados pantalones hasta la pantorrilla. Sin olvidar que su sombrero no era picudo y realizado con cuero sino aterciopelado y acompañado por una fina pluma. Si se trataba de quién comence a sospechar, no podía ser. ¡No podía ser mi padre! Con una ansiedad que se desbordaba, llenandome de valor, grité:


-¡Por un casual, ¿no serás John Reed Jones?! -


-Sólo si la persona que tengo ante mis ojos se tratase de Clow Reed Li. -Bromearía alzando su rostro mientras saludaba con cortesía apartando el sombrero plateado de su cabeza revelandome así su apuesto rostro, rostro de un fantasma, sin lugar a dudas.


-E...Esto no puede ser real... -Susurraría, Kerberus voltearía su cabeza pues sólo él pudó oirme.


-Deseas saber dónde está tu ángel guardían ¿no? -Hablaría pasado un instante de tenso silencio. Tán tranquilo y alegre como yo me esmeraba en imitar. -Siempre quisiste tener una relación más profunda con él ¿lo recuerdas? Y sin embargo, ahora que podrías tenerla, te asusta ¿verdad? Pero si te has lanzando en su busca, nada más oir que no estaba dónde tú pensabas, lo has dejado todo para encontrarlo. -Continuaría hablando, estaba tán en lo correcto con respecto a mi relación con Yue que no me atreví a protestar. -Le prefieres a él y siempre le preferirás y él os siempre os corresponderá. -


-Pero eso es gracias a la magia que nos une. -Lograría replicar bajando la cabeza, sonrojado.


-¿Y tán sólo por ese motivo te apartas de la única criatura que te amará pase lo que pase? Amar sin amar realmente es aún peor, más corazones serán rotos al cabo del tiempo. -Me advertiría sin dejar de sonreir y encogiendose de hombros agregaría. -O dandose el caso de que en verdad las ames, tarde o temprano, moriran y serás tú quién acabé desgarrado. -


-Aún siendo así, estaría mal. -Diría yo apretando un puño sobre mi pecho, observando como el suelo se llenaba de formas brillantes que me recordaban a la luna en sus variadas fases.


-¿Por qué? Antiguamente ya existía el amor entre varones y ¿sabes lo que se creía acerca del movimiento de los astros? Los antiguos adjudicaban ese acercamiento al deseo que tenía cada astro de estar junto a otros astros. -Me expondría, dejando bien claro sus conocimientos en contraposición a la imagen de chiflado que siempre ofreció. -Yo sé dónde encontrar a tu ángel guardían pero si de verdad lo quieres recuperar, tendrás que abandonar a Marion y amarlo a él. -Me propondría finalmente mi padre o el ser que había adoptado su imagen.


-¡Pero eso destrozaría a Marion! -Bramaría yo que probablemente si no la amaba tán profundamente, la amaba de otra manera y no deseaba hacerla sufrir y recordando las palabras de Espejo añadiría, poniendome en mi lugar como creador y consecuente amo suyo. -¡Además, si eres una carta que goza del uso de mi poder porque tendría que ser yo quién te obedeciese! -


Encogiendose de hombros, respondería:

-Porque en el fondo sabes que tengo razón pero como tú digas, Amo Clow. -


En su voz pudé apreciar un deje de malicia pero no me importó, no iba a permitir que esa criatura continuase jugando conmigo o con mis sentimientos. Yo a mis cartas les dejaba hacer muchas cosas e incluso para afianzar nuestra unión compartía recelos con ellas pero eso ya había pasado de castaño oscuro, había traspasado la linea. Concentrandome y sosteniendo el bacúlo que brillaría intensamente entre mis dedos, procedería a obligar a esa carta a tomar su forma menos peligrosa.


"Criatura nacida de la magia,

como tú único amo, te ordeno

que regreses a tu forma habitual"


No fue fácil imponerle mi voluntad pero al volver a abrir los ojos, en mi mano se encontraría una de mis cartas recien creadas. Sueño. Me quedé sin habla. Kerberus, que no se había apartado de mí en todo el tiempo que la carta había estado activa, frotaba su cabeza contra mi. Sin decir palabra, guardaría la carta que cayó sobre la carta Resplandor y me desplazaría hacía el salón. Llevandome una mano al pecho, suspiraría aliviado al ver a Yue sentado en el suelo con las manos apoyadas sobre su hermoso rostro de finos rasgos y claros ojos que no parecía mirar hacía ningún punto en especial. En el largo y cómodo sófa, Symond reposaba con una enigmatica sonrisa en su rostro. El sueño había sido anulado pero mordiendome el labio inferior con el superior, la sensación de inseguridad se quedaría unos momentos más conmigo.





viernes, octubre 28, 2011

ROJO RELATIVO Historia 16




Así aparece Rezo en el Anime X3 Más que un sacerdote o un monje parece un cardenal pero molan mucho sus ropas, son muy distinguidas ^^ A lapiz y coloreado, espero que os guste ^^


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Christine y Erik son personajes originales de WaterLillySquiggles y Miss Whoa Back Off
Ferrissian DiCaillum es personaje original de QP/Diana
Themis Ulcies es personaje original de RagnaBlast
Los demás personajes que pueden surgir en el FanFic son cosa mía y si no lo son, os lo hare saber ^^
La historia se cuenta en primera persona. Según Rezo, según Zelgadiss, según ambos o según otro personaje, de los relevantes
Esta historia surge de algo que AmberPalette comentaba en uno de sus alucinantes dibujos. En uno de los último capitulos del anime Evo-R de Slayers, Xelloss y Rezo tienen un encuentro y pa mí, por el modo en que se dirige el uno al otro y viceversa, esos dos se conocían de antes... Pero a lo mejor no tanto, bueno, yo he querido escribir un posible encuentro anterior. A Sylvestrix también se le ocurrió pero mi historia no tiene nada que ver LoL (No me copio ><)

FanFic Slayers
Rojo Relativo - El monjecillo travieso

-¡Vaya! ¿Se puede saber que hace un erudito vestido de rojo entre tantos bandidos? -Exclamó una voz frente a mí. -¡Parece uno de esos chistes faciles que tanto le gusta contar a los guardias! -Añadió con voz encantadora pero maliciosa.
Como aún seguía algo aturdido por los golpes que me habían arreado antes de ir a parar aquí, a lo que pude figurarme sería una oscura y sucia mazmorra o celda, no le ofrecí palabra alguna.
-Es que hacía tiempo que no veía por aquí a alguien tán interesante. -Continuaría hablandome como si quisiese ser mi amigo pero cargado de malicia hasta que alguien, uno de los sinverguenzas con los que tendría que pasar, sepa Ceipheid, varias noches, le soltó:
-¡Le dijo el monje al otro monje! -
Y todos excepto nosotros dos se echaron a reir a carcajadas. Aquello me dejaría perplejo, no creía encontrar a alguien así en un lugar como ese. Incorporandome con esfuerzo, todavía un poco magullado y la cabeza dandome la lata, con un dolor palpitante, intenté saber de quién se trataba.
-¿Es cierto que sois un erudito? -Le pregunte como si tratase con un igual, claro que debido a mi ceguera nunca lo seriamos completamente. El sonido de sus ropas al arrugarse me señaló que se había encogido de hombros y el suave sonido que produjeron sus cabellos al moverse al son de su cabeza, me indicó que habría ladeado la cabeza sin decir palabra, como lo haría un mimo. Insistí:
-¿Sois o no sois un erudito, un estudioso, un monje? -
-¿Acaso no podeís verlo? -Respondió muy consciente de que era ciego, seguramente, para ofenderme, como habrían hecho tantos otros.
-¡Es ciego idiota! -Le hizo saber otro de los bandidos a gritos -¡O sea, todavía más inútil que tú! -
Todos volvieron a reir sonoramente pero pude percibir o eso pensaría en aquel instante que a aquel monje no le agradó que le consideraran un inútil. Sus musculos se tensaron y destensaron emitiendo una especie de click como si una cerradura hubiese sido abierta o cerrada pero sin perder esa voz encantadora y animada, le dijo, poniendose a su lado de un modo que no logré adivinar:
-Brutus es tán ingenioso ¿verdad, Rezo? Qué pena que su papaito no piense igual que nosotros. -
Mientras lo decía un desagradable sonido acalló las carcajadas, me recordaba al quebrar de huesos, un apretar de dientes le acompañaba. Aunque eran tipos muy duros, que habría aguantado toda clase de abusos por parte de sus padres, sin sentir respeto por nadie o por nada excepto el oro, aquel monje sabía tenerlos a raya. Con voz suave, como la que pondría una madre trás haber castigado a su pequeño, le dijo:
-Brutus, ¿a qué no hará falta recordarte después de esto que no hay que interrumpir a los hombres con más cerebro que tú? -
-¡No! -Gritó a punto de echarse a llorar como llevado por un gran miedo y dolor.
-Me alegro. -Le respondería el monje golpeando su cabeza contra la pared de frias y desiguales ladrillos de piedra antes de regresar a mi lado.
-¿Por dónde ibamos? -Preguntó hacíendose el desorientado. -¡Ah ya! Pues respondiendo a tu pregunta, sí, soy un monje pero no fue algo que yo eligiera. ¿Te gustaría saber algo más? -
-¿Cómo sabes quién soy si jamás nos hemos encontrado antes? -
-Buena pregunta... Es más sencillo de lo que parece, vuestras obras son tán conocidas como el nombre que os ha dado la gente, Monje rojo. -Me respondería pero en voz muy baja, tán baja que apenas parecía un susurro. -Es que Rezo es un nombre como que muy de monje ¿no? -Diría a continuación en voz alta.
Hablar con él era como hablar con un bufón, nunca sabias cuando iba en serio y cuando se estaba riendo en tu propia cara pero lo que me inquietaba era el modo en que se desplazaba, se movía sin que sus pies hiciesen ninguna clase de sonido sobre el suelo. Los demás le temían, no era un monje normal y corriente. Sin embargo, lo que yo sentía al tenerlo cerca no era ese miedo tán silencioso y predominante sino curiosidad, una curiosidad que crecía y crecía pues cada vez que trataba de saber su nombre o algo menos ambiguo sobre él, él con una voz burlona o traviesa exclamaba:
-¡Eso, mi querido Rezo, es un secreto! -
Y me dejaba sin saber que pensar, con una cara de incomprensión y fastidio notable porque o bien se volvía a burlar de mí o no quería compartir nada conmigo. Lo único que me hacía sonreir un poco, mal por mi parte, era que se comportase así no sólo conmigo, el monje ciego, también había mucha malicia o perversión para los bandidos o criminales que esperaban su veredicto en aquella celda. Yo lo consideré como un amigo, un amigo algo excentrico y gamberro hasta que un día ¿me traicionaría? Bueno bien pensado, proveniendo de un ser como él, no era de extrañar pero nadie me lo advirtió y caí en sus juegos como todos los demás.
-¡Cura a mis hombres! -Ordenaría con tono amenazante y malhumorado uno de los bandidos colocandose frente a mí.
-¿A qué os referis? -Pregunté fingiendo no saber que era capaz de curar, a lo que él respondería con tono más autoritario:
-¡El otro monje dice que puedes curar a la gente! ¡Cura a mis hombres de una jodida vez! -
-No, no lo haré a menos que empeceis a tratarme un poco mejor. -Me opusé tratando de ponerme en pie frente a él con el ceño fruncido pero el bandido insistiría por la fuerza y agarrandome me llevaría hasta aquellos que necesitaban de mi magía curativa.
La verdad es que estaban bastante heridos, por un momento, incluso me dieron bastante pena. Algunos de ellos eran realmente jovenes, me figuré que esas contusiones se las habría causado el otro monje, al que yo consideraba como un amigo. Nunca me había infligido tales golpes, por lo que por muy cruel que fuesen a veces sus palabras, era con el único con quien hablaba allí dentro. Me dejó frente a ellos como a un trapo viejo y les dijo:
-¡Veamos si es verdad lo que dice el otro monje! -
Suspire y me arremangandome las mangas de la tunica les pedí que se fuesen colocando de uno en uno frente a mí. Ellos obedecieron, algunos un poco asustados, otros, sencillamente, incredulos. Los incredulos me amenazaban soltando cosas como esta:
-¡Más te vale que sea verdad! O si no... -
Yo les decía sonriendo sin muchas ganas de hacerlo, por cortesía:
-Por favor, dejeme hacer lo que me ha exigido su jefe, cuanto antes lo haga, antes volveré a mí rincón. -
Aunque podría haberme puesto gallito. Bien pensado, con ese fornido jefe que tenían tán cerca de mí, no habría sido buena idea. Ellos se iban quitando las camisas o las botas para luego arremangarse los pantalones según la zona afectada. Ellos ni me pagarían ni me lo agradecerían pero al menos no me pegarían o se dirigirían a mí del mismo modo que lo hacían antes. Colocaba mis manos sobre ellos, recitaba el conjuro que consideraba adecuado y como un curandero cansado o cargado de tedio, les pedía que me confirmaran si su mal se había ido o no. Lo que hacía con sumo gusto para niños, hombres y mujeres o ancianos que aún podían ofrecer mucho a la sociedad con los bandidos o meleantes se convertía en un trabajo forzoso. No vería en ellos pizca de bondad o agradecimiento por ello sólo me requerían cuando el otro monje se las hacía pasar canutas. Y daba gracias a Ceiphied pues ya no era un monje inútil, sólo un monje.
-¿Quieres qué te de un consejo, Rezo? -Me soltó un día el monje cuyo nombre nunca me decía pero que uno de los bandidos solía creer que era Xelloss o algo parecido.
-No, no quiero nada que provenga de tí. -Le contesté sintiendo una profunda amargura.
-Qué dulces palabras. -Comentaría él como si quedase embriagado de algo que sólo el podía percibir. -Te lo daré de todos modos. ¿Nunca has pensado en aprender y ejercitar magía negra además de la blanca? A veces si uno quiere conseguir algo, debe valerse de otros metodos, aunque no sean del todo correctos. -
Y se marchó sin hacer ni un leve ruido, me dejo muy pensativo. Mil pensamientos cruzaron mi mente, algunos buenos, otros malos, pero si algunos otros hechiceros que había conocido usaban sus conocimientos de modo no tán correcto, perdiendo sus puestos en asociaciones de hechiceros, sin importarles, y habían conseguido cuando todo el mundo se lo negaba sus objetivos, ¿tán malo sería que yo hiciese algo parecido? Uno de ellos me dijo si quieres alcanzar el cielo antes tendrás que atravesar el infierno. Cúan acertadas me parecieron esas palabras. ¿Acaso no es verdad eso de que el fin justifica los medios?
-Rezo, Rezo, eres demasiado bueno para vivir en un mundo como este. -Se limitaba a decir el monje, Xelloss, meneando la cabeza más de una vez. -Todo el mundo te detesta, de un modo u otro, porque eres diferente, no encajas en las bases que han ido construyendo al formar esta sociedad. Y es por eso que deseas curar tus ojos. Un deseo egoista pero todos tenemos deseos egoistas. Te deseo suerte si lo consigues -
El sí veía la cara oculta del que sería considerado santo y sólo por eso, llegué a sentir algo de simpatía hacía él pero nunca me pondría de su parte porque él no se pondría de la mia. Tratar con demonios a la larga acaba mal.


Generalmente usare, como distintivo, el rojo cuando la historia sea contada por Rezo y el blanco si es contada por Zelgadiss u otro personaje. Para que no os lieis, Relativo rojo va en primera persona LoL

martes, septiembre 13, 2011

Slayers ROJO RELATIVO




Este es el dibujo más reciente que he hecho ^^ Espero que os guste porque me esforce muchísimo y lo hice todo con rotulador negro ^^ Rezo, el Monje Rojo, tal y como aparece en el manga X3


NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Erik y Christine son personajes originales de Waterlillysquiggles y Miss Whoa Back Off.
Ferrissian DiCallium es personaje original de QP/Diana.
Los demás que puedan ir surgiendo son mios ^^
Esta historia es narrada en primera persona. A veces según Zelgadiss, otras según Rezo y otras según otro personaje, de los importantes. A veces hay dos perspectivas que se entrelazan.
Yo me voy basando, principalmente, en el anime y el manga pero algunos hechos son deducciones propias o me han ido viniendo inspirada por otros FanFics, de autores y fans de enorme talento.
A veces, puede que cuele alguna historecilla en plan fabula... Pero no siempre. Lo notareis porque esas si iran en tercera persona.

FanFic Slayers
Rojo Relativo - Los pecados del padre para el hijo

-¡Es hora de despertarse! -
Me informaría una aguda voz cerca, demasiado cerca de mis oidos, tán sorprendido como molesto, lo único que podría hacer sería ponerme boca arriba llevandome las manos a las orejas. De ese modo, mi chillona informadora caería dando un sonoro golpe contra el suelo. ¡Maldición! mascullaría dolorida tratando de ponerse en pie. Incorporandome, consciente de su presencia pero sin ser capaz de encontrarla entre la inmensa oscuridad que me rodeaba, a pesar de que el sol ya brillaba con fuerza a esas alturas de la mañana, preguntaría inseguro:
-¿Isabella? -
¿A quién más conocía que pudiese mostrar el atrevimiento de entrar en mi habitación para despertarme de ese modo? Por el momento y muy a mi pesar, ella era la única persona que se había empeñado en acompañarme. Antes de chocar con ella, iba solo, como bien podía. La voz con la que me contestó me confirmaba que se había enojado.
-¡Si, maestro Rezo, soy yo! ¿Quién demonios esperaba que fuese? -
-¿Y puedo saber a qué has venido? -Le pregunté, sin comprender sus buenos motivos. -Estaba durmiendo. -
-¿¡No es obvio!? -Contestó todavía disgustada. -Cumplía con mi deber como ayudante. -Añadió tratando de adoptar una imagen más apropiada.
Me dejó aún más confuso. Rascandome la cabeza dije:
-Pues esto parece más propio de una sirvienta. -
Mis palabras debieron de ofenderle mucho pues antes de salir de mi habitación, gritó:
-¡Y Yo que me había tomado la molestia de levantarme antes! ¡Pues Ud mismo! -
Sus pasos se alejaron y todo lo último que escuché fue un brusco y furioso portazo. Con las manos reposadas sobre el regazo, me dije a mí mismo que ya que estaba despierto debería salir de la cama, vestirme y marchar a la busqueda de algún medico o sabio que me examinase y me pudiese liberar de la oscuridad en la que llevaba moviendome desde que tenía uso de razón. Encontraría a Isabella sentada en el amplio comedor del hostal, si me vió entrar, sé que fingió no verme pues ninguna vocecilla femenina me indicó que tomase un asiento a su lado. Estaría esperando su desayuno con los morros torcidos. Me quedé sentado en una de las primeras mesas que pude identificar con mis dedos y esperé a que abriese la boca. Habíamos llegado juntos y juntos saldriamos del hostal.
-Veo que has optado por salir de la cama. ¡Me alegro! -Diría poniendo voz de indiferencia hacía mí mientras me sentaba a su lado.
-Oye... Sé que esta mañana he podido ofenderte pero ¿podrías perdonarme y dejar lo sucedido a un lado? -Le pedí tomando sus manos entre las mias. -A lo mejor es cierto que estabas cumpliendo correctamente con tu deber y yo ni lo sabía. -
Ella, que acababa de echarse a la boca un trozo de pan requemado a la boca, no debió de saber como actuar ante mi caballeroso modo de disculparme, apartando las manos, tragandose ese trozo reseco a toda prisa, trataría de exclamar:
-¡¿Pero qué dices?! -
Pero casi se me ahoga. Tuve que ayudarla a expulsarlo lo antes posible. Con su cabeza alzada sobre mi pecho, recobrando un poco de normalidad, trás una tos más serenada, murmuraría:
-En realidad, no debí despertarle tán a lo bruto, la que debería pedir disculpas debería ser yo... -
-Bueno, eso ahora da igual... -Le haría saber pasandole una mano cariñosamente por su frente, retirando algunos largos cabellos de sus ojos. -Hagamos como si no hubiese sucedido. -
Y eso hicimos. Tomamos una espesa leche en toscos tazones de ceramica y abandonamos el hostal. Nuestro equipaje no solía ser problema pues apenas llevabamos cosas más allá de las necesarias. Claro que Isabella cambió con mucho gusto sus sucias y descosidas ropas por otras un poco más limpias y de mejor calidad. Ningún ayudante o aprendiz mio irá a mí lado llevando arrapos le dije a Isabella. Isabella aceptó mi mandato con sumo gusto. No sé de que color pueden ser pero Isabella al verlas e ir poniendoselas me comentaría que eran unas tonalidades de uno de sus colores favoritos. Isabella, dueña y ama del único mapa que poseiamos, por el sencillo motivo de que podía verlo y leer las diversas direcciones, me indicaba euforica lo mucho o poco que nos quedaba para llegar hasta las ciudades de mayor importancia por los diferentes reinos que atravesabamos. Los pueblos o villas según ella no tenían que presentar gran importancia para mí pero yo le reprendia porque ella no era la única alma candida que podía necesitar ayuda.
-Además de vez en cuando conviene descansar un poco. -Le recomendaba pues yo a veces no lograba seguir sus vitales y ligeros pasos juveniles. Había momentos que parecía ser incapaz de detener sus pasos para, por lo menos, contemplar los bellos paísajes que seguro iríamos recorriendo. Por fortuna y porque se suponía que era yo el jefe, la energica Isabella se veía obligada a enlentecer el ritmo.
En uno de esos pueblecitos según Isabella "de paso" tendría un desagradable encuentro. Dando una vuelta por la plaza en la cúal se solían reunir como en todas las demás poblaciones los comerciantes para exponer sus más jugosas mercancias a esos pueblerinos mientras Isabella no sabía donde posar sus embelesados ojos ante tantas maravillas, traidas de todos los lugares, yo me concentraba más en mis cosas o en lo costoso que podía ser viajar con una jovencita hasta que una voz captó toda mi atención.
-¿Qué pasa? -Preguntaría Isabella al intentar dar un nuevo paso sin exito porque la persona a la que iba agarrada, yo, se había parado.
-Ssst. -Fue todo lo que obtuvo como respuesta por mí parte.
Mi misteriosa actitud no le agradaría pero al observar mi rostro y verme tán concentrado, no insistiría en recibir una respuesta más adecuada a su pregunta. Necesita su silencio para conseguir distinguir aquella voz que me había sobrecogido entre todas las demás voces que nos rodeaban, unas más cercanas que otras pero todas en continuo movimiento. Pasado un rato sin haber conseguido nada, decepcionado, estaba a punto de anunciar a Isabella que prosiguieramos con el paseo porque aquella preocupante voz se había desvanecido, la voz volvió a sonar entre todas las demás. Afiné el oido al maximo y caí en la cuenta de por qué me extremecía aquella voz. Aquella voz, a pesar de los años, habiendo ganado bronquera, seguía siendo la voz de aquel que siendo yo un chiquillo se deshiciese de mí, la una vez amada y ahora temida voz de mí padre.
Es verdad eso de que la vida te somete a duras pruebas, claro que eso no sería nada en comparación con las muchas otras que irían viniendo. Respirando hondo, daría el primero de los muchos pasos que daría de nuevo. Era la voz de mi padre pero no por ello iba a quedarme ahí como un chiquillo asustadizo que espera su castigo tembloroso. Si la fortuna no me daba la espalda él ni siquiera repararía en mí. Así fue, saliendo de la plaza, un robusto hombre portador de una gastada armadura chocaría con nosotros, mascullando un vago abran paso. Yo no quise decir nada, no quería confirmar que mi identificación fuese cierta pero Isabella, con esa valentía insconciente propia de su edad, girando la cabeza hacía la dirección por la que iba, exigiría una disculpa.
-¡Qué tipo más desagradable! ¡Disculpese como es debido! -
Los gritos de Isabella le harían pararse y retomar sus pasos para ponerse frente a nosotros.
-¡Por favor, Isabella, ya basta! -Le suplicaría parar imaginando a mi arrogante padre frente a nosotros colocando sus manos cerradas sobre sus caderas.
-¡Pero es que es verdad! -Seguiría ella, erre que erre.
Lo que me diría a continuación, con la chulería propia de un guardia fuerte, sano y seguro de sí mismo, me haría hervir la sangre. No sé cómo pude contener la rabia que me entró.
-Eres un sacerdote o algo así, ¿me equivoco? Lleva a la cria al primer hospicio que veas y dejad de armar escandalo. -
Sin embargo, me hizo sentir gran alivio el hecho de que no me reconociese. Qué cumulo de emociones me abordaron. Manteniendo la rigurosa calma que un buen sacerdote ha de poseer, le prometí que no volvería a pasar, cogiendo la mano de la enfadadísima Isabella, que se había soltado de mi brazo llevada por el enfado. Durante la comida, le explicaría no sólo por qué debía ser más prudente sino que aquel fortote y maduro guardia era mi padre.
-¡¿QUÉ?! -Vociferaría sin poder dar credito a lo que escuchaba. Muchos comensales giraron sus cabezas hacía nuestra mesa. Unos molestos por su chillido y otros, sencillamente, curiosos.
-No hace falta que grites, controlate un poco, Isabella. -Le solicité avergonzado.
-Esque no me entra en la cabeza que ese tipo sea tu padre. -Dijo moderando el tono de su voz. -¿No sabe nada de todo el bien que haces? -
-Lo dudo. Ya has visto como me ha tratado... Pero mejor así. -Contesté apesadumbrado. Como aquella situación me había hecho perder el apetito, le cedí los restos de mi plato a Isabella, que los engulló sin tardanza. Abandonamos aquel pueblo al poco de reposar la comida. Isabella lo señalaría en el mapa para tener en cuenta que si volviamos, podriamos encontrarnos con gente horrible. Para no tener ni idea de lo que un ayudante ha de hacer, se esforzaba muchísimo. Al llegar a la ciudad de Telmoord, nuestra primera preocupación fue encontrar un hostal decente para dormir pues llegamos cansados y anochecido. Isabella me describía cúan hermosa era la ciudad iluminada por las lamparas de aceite que varios locales habían acoplado al lado de los letreros de grandes y cuidadas letras o representativos dibujos. Yo, la escuchaba sin prestar sUficiente atención. Lo que más quería en ese momento era tumbarme y olvidar que había tenido aquel furtuito y doloros encuentro con mi padre, guardia o soldado que hacía tiempo había sido trasladado a Telmoord desde el último lugar en el que sirvió. Isabella, viendo que aún sufría por lo sucedido, me ofrecería un interesante regalo. Entrelazando sus dedos con sus dos manos unidas, como si fuese a orar, cerrando los ojos, recitaría cuidadosemente un hechizo. Uno de los pocos que logró aprender de memoria al escuchar a su hermano mayor, el hechicero, leerlo de uno de sus libros de magía. Acostado sin poder calmar mis sentimientos encontrados, sin darme cuenta caería preso de un dulce sueño. Un sueño artificial pero que me vino bastante bien. Qué gracioso descubrirlo de ese modo... Isabella se tomaba muchas libertades conmigo, a lo mejor porque me valoraba más como padre que como maestro. Algo que debía corregir.


PD Esta historia es contada por Rezo así que la he puesto en color rojo. Las historias o partes de la historia que sean contadas por parte de Zelgadiss u otro personaje van en blanco ^^