martes, febrero 17, 2009
domingo, febrero 15, 2009
Dead post
Ha muerto la república.
lunes, febrero 02, 2009
Miro al espejo
como todas las mañanas; pero...
No puedo verme como solía hacerlo.
Veo una sombra, una mancha negra que me persigue perenne
recordándome que he perdido parte de mi espíritu.
Una parte de mi perdida yace entre sábanas sucias,
olor a cigarrillo y luz contaminada.
Cada respiro me recuerdan los gemidos de la noche,
ahora cada caricia la siento como un latigazo en la carne.
En mi piel desnuda
los frágiles besos ahora son como mordidas
que me arrancan los recuerdos.
No me siento limpia, seré sucia por el resto de mi vida,
bastarda de la inocente infancia.
Un olor a culpa, característico de humedad y lujuria,
se ha convertido en un veneno que me intoxica lentamente.
Algo se fue esa noche, algo se escapó,
arranqué y mutilé ingenuamente,
prematuramente...
Miro ahora el infierno inaudito de tus labios,
el recuerdo de mi felicidad incompleta;
veo en tu cuerpo un deseo apagado que no volveré a ver jamás;
no quiero ni deseo verlo jamás.
Nunca besaré igual,
ni miraré con los mismo ojos,
he violado lo que realmente soy.
Una parte de mi cuerpo vive;
pero dentro de mi todo esta muerto...
imposible de recuperar.
Y con cada caricia lloraré,
con cada beso de melancolía
lamentaré haberme perdido crudamente.
Arrancar mi ser sin pensar...
tal vez no era mi tiempo...
Me siento perdida entre mis pensamientos.
jueves, enero 22, 2009
Ciudad en llamas (sinopsis)
Por otro lado, Joseph Pollidori es un profesor de literatura de la universidad. Obsesionado con la mitología oscura y la bibliografía de terror, se encuentra a punto de perder su trabajo por enseñar sus extravagantes gustos a sus estudiantes. Joseph cree fervientemente que los incendios de la ciudad son causados por vampiros que no pudieron refugiarse antes del amanecer y fueron consumidos en llamas por la luz del sol.
En una tarde lluviosa Joseph se dirige hacia ala biblioteca a devolver algunos tomos cuando observa en un rincón oscuro unos ojos brillantes entre la oscuridad. Muy extrañado se pregunta cómo alguien puede leer en las sombras, sorpresivamente Karmina surge de ese negro rincón atraída por la peculiaridad del profesor y ambos mantienen una conversación intensa de literatura y misticismo. Karmina se da cuenta de que pronto oscurecerá y que debe encontrarse con su clan de vampiros. Antes de irse, Joseph nota que del cuello de Karmina cuelga un símbolo que le es familiar.
Inquieto, el profesor se dirige hacia unos colegas para tratar de descifrar el símbolo. Descubren que se trata del escudo de un clan de vampiros. Investigando entre sus estudiantes, Joseph se entera de un club nocturno llamado The Pit que, según los rumores, es un lugar de encuentro para los no-muertos. Pero resulta más que eso: un lugar de alimentación de los inmortales gerenciado por Richard, el padre del clan. Joseph se disfraza de gótico y se dirige al club con la esperanza de encontrarse con Karmina quien se encuentra bailando con mortales al ritmo de una música estridente. Joseph se da cuenta que se ha enamorado de un vampiro. Karmina, al ver a Joseph presente en ese peligroso lugar, lo saca inmediatamente de ahí y recorren la ciudad bajo un cielo estrellado.
Joseph pierde la oportunidad de averiguar si Karmina es un vampiro real ya que ella huye rápidamente de su lado antes de que amanezca. Al llegar a su guarida, Karmina es sorprendida por su padre quien la saca violentamente de su ataúd para advertirle la peligrosidad de los humanos y para prohibirle ver a Joseph de nuevo. Ella se resiste y Richard la encierra en un féretro encadenado como castigo.
Joseph, recorre la ciudad todas las noches y frecuenta The Pit con la ilusión de volver a ver a Karmina. Al no encontrarla contrata a un grupo de estudiantes para que encuentren la guarida de vampiros. Pero una de las hermanas de Karmina, Emilie, le dice a Joseph que le han prohibido a su hermana verlo y que esos estudiantes son cazadores de vampiros, quienes no buscan los nidos de vampiros para ayudar al profesor, sino paraexterminarlos.
Emilie lleva a Joseph a su guarida para que se lleve a Karmina, pero son descubiertos por Richard quien impide que se lleven a su hija. Repentinamente llegan los cazadores a la casa abandonada con la intención de eliminar a todos los vampiros escondidos en ella. Librando una batalla con los mortales Richard es atrapado y sacado a la luz del día; mientras arde en llamas le permite y suplica a Joseph que se lleve a Karmina para salvarla. Mientras los demás vampiros tratan de deshacerse de los cazadores Joseph saca a Karmina de su prisión y le ofrece escaparse con él; pero ella decide ayudar a su familia.
Los infames cazadores parecen estar a punto de acabar con los vampiros cuando, sin advertirlo, comienza a caer la noche- El clan inmortal gana más fuerza mientras se empapan de oscuridad, ápidamente logran acabar con los cazadores entre las sombras nocturnas. Durante la lucha, Joseph resulta mortalmente herido, mientras se desangra bajo la luz de la luna se despide de Karmina, quien, sumergida en lágrimas, decide morder su cuello y trasformarlo en vampiro.
Tras la muerte de Richard la familia se ha separado, Karmina decide unir el clan y tomar su liderazgo junto a Joseph.
viernes, enero 09, 2009
Texto arreglado
Desde la lejanía de una galaxia, en un planeta con una atmósfera casi habitable, dos especimenes del tipo Ophistolé megalomorfe, practican un ritual de comunicación extrasensorial mientras consumen Ruidcud -brebaje de color pardo que disipa vapor.
La criatura de menor talla, designada como Extrick, estudia gotas de Grolucks -un curioso líquido transparente- adheridas a una superficie traslúcida y sólida que los cobija del incierto clima. Mientras tanto, Hirboreón, la segunda criatura más grande en contextura, parece vigilar el entorno.
La peculiaridad del ecosistema en el que habitan rompe con la armonía de la desolación del ambiente que los rodea. La extraña construcción que utilizan como hospedaje posee el destello de una advertencia en su planta superior que deletrea “Cafetería”.
Una traducción preliminar del extraño lenguaje ha concluido en la siguiente transcripción:
- ¿De dónde viene las estrellas, Mariano? –Modula Extrick.
- Las de Hollywood, de la cirugía plástica; y las del cielo, no sé… no me gusta especular hasta donde no llega mi imaginación. –Gruñe Hirboreón.
- ¿Por qué no? ¿Se te hace muy complicado?
- No, es muy lejos.
- ¿Y si se llegara a caer una? Estaría lo suficientemente cerca como para especular.
- Tómate el café que se te va a enfriar. Y no hay nada peor que un café helado.
- ¿Por qué?
- Porque son como las oportunidades que no aprovechaste. Te lo tienes que tomar caliente… recalentado, ya no es lo mismo.
- Mariano, yo soy una estrella caída. Como soy del espacio y no de esta tierra a mí me gusta el café frío. –Entona Extrick en diferente pronunciación.
- Está lloviendo a cántaros, “Estrellita”, tómatelo rápido o te puedes enfermar.
- Cómo me gusta cuando me cuidas. Te quiero.
- Cállate ya.-Susurra Hirboreón mientras hunde su mirada penosa en su regazo.
Mientras las partículas de Grolucks siguen arrojándose desde la bruma grisácea en la atmósfera, ambos especimenes parecen guardar silencio en cuanto practican un duelo de miradas. Aún no se ha descifrado el significado de este rito.
Sin aviso, Extrick estira horizontalmente los bordes de su cavidad para la alimentación dejando mostrar sus dientes al exterior, a la vez, Hirboreón consume un sorbo de Ruidcud como manera de esconder su rostro que se ha tornado algo rojizo.
Posteriormente Hirboreón hace enredar uno de sus apéndices superiores entre los Cansags -largas extensiones de células anímicas nacientes del cuero cabelludo- de Extrick; el cual, después de unos instantes, se aproxima a su par y lo rodea con ambas extremidades principales. Hirboreón responde apoyando su encéfalo sobre el cráneo de su compañero.
Extraño comportamiento.
jueves, enero 08, 2009
La metamorfosis de Luna
Mi metamorfosis
Sentía que no estaba sola, de hecho, me
encontraba entre una inmensa multitud de cientos o miles de seres semejantes a
mí; en realidad éramos una gran familia que comenzaba a formarse. Nos hallábamos
sobre una fuerte superficie, tan fuerte que era capaz de proporcionarnos todo lo
que necesitamos para poder vivir.
Esta fuerte superficie marrón nos
permitía posar sobre ella el tiempo que fuese necesario para luego salir y
exhibirnos en el mundo y no sólo eso, como si fuera poco, esta planta huésped
nos proporciona sus tallos y hojas tiernas; a cambio de nada y justo ahora ya
somos orugas que crecemos velozmente ceñidas a un inmenso árbol.
Sé
que el mundo exterior es a veces muy cruel y que hay que buscar la manera para
sobrevivir en él; por eso ahora me encuentro dentro de un capullo. En este
acogedor pimpollo mis hermanas y yo estamos tan bien que no saldremos ni a comer
hasta que seamos unas hermosas crisálidas.
Ya ha pasado el tiempo y
mi apariencia es la deseada, soy una crisálida que se encuentra en la corteza
del mismo árbol donde comencé a desarrollarme, han trascurrido los días y junto
a ellos he vivido mi metamorfosis.
Ya faltan poco tiempo, siento
que puedo moverme y comienzo a romper la envoltura que por tanto tiempo me ha
separado del exterior. Cinco minutos… y nada; diez minutos y aún falta. ¡Qué
desespero!, ya ansío conocer el mundo y fue justo en ese momento que la
envoltura se abrió.
Comencé a salir de la oscura crisálida que por
tanto tiempo me acogió; con desconfío primero saqué mi cuerpo y poco a poco
fueron saliendo mis alas y patas, hasta que al final pude conseguir la victoria.
Abrí los ojos al mundo y volé con pasión; ahora soy una hermosa mariposa que
dejó de ser oruga.
viernes, diciembre 05, 2008
Una entrevista imaginaria a Eugenio Montejo
“Podemos construir un país completo escribiendo con piedras”
Eugenio Montejo expresa, difícilmente lo que parecerían ser en sus últimas líneas, la preocupación de los poetas y jóvenes escritores venezolanos
Dado el separatismo político en Venezuela, otros aspectos de la sociedad y cultura se ven afectados por esta división ideológica. El campo de la literatura y las artes no se escapa de esta escisión.
El poeta y ensayista venezolano, fundador de la revista Azar Rey y co-fundador de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo, investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos "Romulo Gallegos", Eugenio Montejo, expresó que en Venezuela se vive una “censura velada” a los medios de comunicación y una “situación poco favorable para los intelectuales”. Denunció que el presidente Chávez impulsa la “literatura propagandística” y que “ha retirado su apoyo a todas las editoriales que no comulgan” con sus ideas.
Tras una búsqueda exhaustiva, este poeta caraqueño expresa su visión presente y a futuro de la poesía y literatura venezolana, así como su perspectiva extrínseca del país. A través de una llamada telefónica el poeta expresa pensamientos que aún no han muerto. Mediante el auricular se podía escuchar su voz aclarándose y el crujido de sus bigotes siendo peinados por sus dedos.
—¿Le sorprende que lo llame a su nueva residencia?
—Como podrás imaginar no mucha gente me llama acá. Ellos saben que me fui, pero no saben para dónde. Sin embargo recibo muchas cartas, las leo con mucha atención y cuidado; pero no sé cómo contestarlas. Cuando supe que querías hablar conmigo tuve que notificar con mucha anticipación y hacer una larga fila de espera para aguardar a que me llamaran.
Todos los que esperaban conmigo se emocionaban cuando escuchaban la campanilla del teléfono; pero yo no, en realidad no tenía prisa. Cuando llegó tu llamada sí fue una sorpresa para mí porque no la esperaba.
—¿Recuerda como llegó allá?
—No. Sólo recuerdo la sensación de haber despertado de un largo sueño del cual no recuerdas nada. Cuando desperté, vi a lo lejos a un montón de gente que me miraba con caras extrañadas. Pensé que me rodeaban, pero en realidad era yo quien los había interrumpido.
—¿Está informado de la situación de Venezuela?
—Es una pregunta amplia. Pero desde que me fui he tratado de estar lo más informado posible. No ha cambiado mucho desde mi partida, aunque ha pasado poco tiempo, esperaba que hubiesen cambios más radicales. Aunque se han vivido meses de paz, aún falta mucho camino por recorrer. Yo ya no puedo hacer nada; pero espero que lo que hice haya servido del algo.
—¿Qué podemos hacer para cambiar?
—Yo te puedo hablar como poeta, porque nunca ejercí mi carrera. Para que la literatura deje de existir en función del clientelismo del Estado que ha retirado su apoyo a todas las editoriales que no comulgan con una ideología vacía, hay que escribir desde el alma. No hay otra forma de escribir poesía mas que con el corazón.
A pesar de las dificultades que enfrentan actualmente los poetas y su constante lucha para ser publicados, en especial con esta contracorriente política, hay que seguir escribiendo por la pasión de escribir. Hay que enamorarse de los versos y engendrar más versos.
Esta situación es difícil para los intelectuales, porque nosotros no respondemos a intereses políticos, sólo respondemos al arte.
—¿Hay suficientes piedras para escribir donde se encuentra?
—No sé lo que signifique “suficientes”; a veces después de caminar mucho te consigues un par de guijarros pequeños que caben en el bolsillo. Siempre me encuentro con piedrecillas negras de igual tamaño e igual forma que a veces me pregunto si no serán las mismas. Pero es inútil escribir con ellas, no las puedes guardar porque se escapan; en el momento en que formas alguna palabra no puedes dejarlas desatendidas, en el momento en que les quitas la vista de encima ya se han movido. Necesito piedras grandes, tan pesadas que no se puedan mover.
En Venezuela se puede escribir con piedras, sólo que los poetas no lo saben. Se pueden construir palabras tan pesadas que un gobierno no las pueda mover, tan magnificas que no se puedan destruir, tan metidas en la tierra que no se puedan arrancar.
—¿Ahora con qué escribe?
—Lamentablemente estoy cansado de las palabras y los lápices. A pesar de esto traté de escribir algunos versos, pero aquí nada permanece, todo se escapa hacia el cielo blanco, al menos creo que eso es el cielo. Y traté de construir puentes, muros, pero todo se esfumaba. Ya no puedo escribir más.
Pero quiero recordarte que en Venezuela es posible construir un país completo escribiendo con palabras de roca que lleven tatuada la música secreta de los sentimientos. Como decía Agustín Basave, “la filosofía y la poesía cumplen una función humana igualmente liberadora: la sospecha de que el universo no se limita a ser lo que es”, siempre hay que evitar las imposiciones.
A veces pienso que estoy siendo obligado a escribir sobre lo que nunca escribí. Siempre me acusaron de nunca escribir sobre el amor; pero sí lo hice, sólo que no lo publiqué. Después de muchos años al encontrar mis manuscritos y releerlos, tuve que destruirlos, no respondían a la época a la que pertenecía.
—¿Qué piensa ahora de la terredad?
—Ahora la veo con nostalgia; pero viví lo que viví y no creo arrepentirme de nada, al menos nada grave. Siempre temí no haber vivido lo suficiente, estar en contra de mi reloj biológico, creía que no me iba a dar tiempo de nada. Ahora que puedo ver mi vida completa, me doy cuenta de que hice lo mejor con mi terredad, que fue escribir.
Creo que la terredad de los jóvenes escritores se encuentra en luchar. Ahora la poesía y la literatura se ha convertido en una gran lucha, un arma para hacer cambios.
—¿Se considera un poeta a larga distancia?
—No, lo que escribí se quedará así para siempre, no puedo construir nuevas palabras para ustedes. Siempre seré fiel a la noche de los versos y al fuego de todas sus estrellas. Pero cuando las miro desde aquí comprendo que no podría irme, no sé habitar otro paisaje; olvidé vivir cuando pisé esta tierra. Ni con la muerte dejaría que mis cenizas salgan de sus campos; ni yo profanara tus aposentos con mi espectro.
Yo pasé indirectamente mi legado hacia los jóvenes de corazón que tengan el tiempo que yo no dispongo para seguir escribiendo poesía.
Por otro lado, si lees mis ensayos y poemas, me estás leyendo a mí. Desde ese punto de vista creo ser un poeta a larga distancia. Estoy en esas palabras pero me encuentro muy lejos. Además, ese término tiene implícito la posibilidad de un viaje y un encuentro. Todos nos conoceremos tarde o temprano.
—¿Regresará?
—No lo sé, pero no tengo muchas esperanzas. Desde que entré aquí no he podido ir a otro lugar; no me lo permiten. En esta planicie sólo puedo caminar, pensar y tener conversaciones inútiles con los otros poetas y filósofos que me acompañan. Aunque siempre preferiré donde vives ya que la tierra es el único planeta que prefiere los hombres a los ángeles.
Más que el silencio de la tumbatemo la hora de resurrección:demasiado terriblees despertar mañana en otra parte.
martes, diciembre 02, 2008
Sueño Nº1
Una luz gris asoma los vestigios de la historia de estas calles muertas. Escuchaba truenos a lo lejos, al escuchar el estruendo hueco me di cuenta repentinamente que estaba perdida. Me sentía como una Dorothy menos favorecida, por un momento pensé en hacer sonar mis tacones como palmadas mágicas; pero estaba descalza.
Caminé en busca de alguna señal de compañía; pero los cines estaban vacíosmientras mostraban la misma película en blanco y negro para una audiencia inexistente; no pude reconocer las imágenes que se mostraban en las pantallas; las tiendas estaban surtidas para una población que nunca vestiría sus ropas ni comería la comida de esos estantes.
Y, de repente, la brisa fría se detuvo, se escucharon cujidos secos a lo lejos. El aíre estaba húmedo, miré hacia arriba esperando una llovizna. Un soplo caliente calló como un manto otoñal desde arriba... lentamente fueron callendo hojas secas. De todos tamaños y formas, hojas naranjas, amarillas, marrones y grises caían en una calmada espiral hacia el pavimento negro. Parecía que, en una extraña perturbación de la naturaleza, hubiesen crecido árboles sobre las nubes y ya era tiempo de cambiar de estación con una mudanza de follaje.
Inmutables permanecían las hojas sobre su lecho oscuro, brillaban vividamente a pesar de la luz lúgubre. Tomé una de las hojas del piso y vi que en su superficie se encontraban escritas letras... palabras... oraciones. Parecía que las hojas hubiesen sido usadas como suplemento de escritores celestiales quienes las usaron en sus máquinas de escribir flotantes...
"Pero por qué caen estos manuscritos llenos de tinta. Por qué no llegaron a pertenecer al tomo de algún libro", me preguntaba con infantil calma... temerosa calma.
No podía entender lo que se encontraba escrito en las hojas, recogí un par de más y todas parecían estar escritas en algún idioma extraño, uno que nunca había visto antes. Traté de unirlas en algún orden pero no les veía sentido.
Tan inexplicable fue su llegada como su pronta partida. La brisa gélida llegó de nuevo sorpresivamente y barrió hacia la oscuridad todas esas hojas caídas. Su crujido seco fue su despedida.
Finalmente, de la nada pude ver unas escaleras al otro lado de la calle. Era la entrada a un subterráneo. Podía ver el inicio de las escaleras que se precipitaban hacia una oscuridad absoluta. De repente, vi una luz inestable alejándose hacia las sombras.
Con un rostro calmado y de curiosidad ridícula, bajé las escaleras.





